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Lo que nos une a Milena

Lo que nos une a Milena

Que una escritora que compara a Marcel Proust con Dios fundamente su trabajo en la frase corta y certera, la idea —supeditada a la inmediatez— al desnudo y la transparencia sin tapujos ni rodeos, a simple vista, puede significar que apuesta por el sarcasmo, pues nada más opuesto al estilo proustiano que el estilo literario que Milena Busquets maneja en su nuevo libro, Mujeres elegantes (Lumen, 2026), donde Proust aparece en cada recoveco, antes como faro estético o padre espiritual que como mentor literario. Un salto, de la memoria involuntaria del francés a la memoria voluntaria de la catalana, del agua de seltz o el té a la Fanta, de las magdalenas al Kit Kat, del organdí a los pantalones vaqueros… Son tiempos distintos pero vividos con una disposición pareja.

En su libro, Busquets elige un género desinhibido y, por lo tanto, aparentemente acomodaticio y permisivo con la licencia poética. En sus páginas cabe todo —como en la vida misma— dentro de la ortodoxia —ficción, realidad, fantasía, experiencia, autobiografía, confesión, humor…—, pues no se trata de relato ni novela, tampoco artículo ni crónica. Nos encontramos con una literatura que emerge a partir de un formato llamado blog; o sea, pequeños textos —posts— independientes entre sí que desarrollan lo que acontece en la cotidianidad de una persona inteligente, sensible, irónica, sincera y seductoramente refinada bajo las trazas de la naturalidad. La autora confiesa en el prólogo: «No soy una intelectual… Estropeo las cosas cuando las pienso demasiado». A lo mejor es que, precisamente, en eso consiste ser intelectual: en estropear las cosas desde el pensamiento; o sea, el análisis y el consecuente criterio.

"Uno, como lector, sospecha que en estas páginas Milena Busquets alimenta su propio personaje, alguien que duda, se vanagloria, aconseja, ejerce la autocrítica y, al mismo tiempo, se embellece"

Ya puestos, ¿realmente importa el soporte en que esté hecha la literatura, el género que la define, la intención del autor, el idioma utilizado o el modo de ser expandida por el laberíntico cosmos de la palabra? Lo importante es que, ante la lectura de un libro, nos aceche el deseo de leerlo, nos enriquezca su compañía y despierte en nosotros una sonrisa, mil dudas o una constelación de sugerencias… O todo a la vez.

Pues bien, eso mismo lo consigue Mujeres elegantes.

Uno, como lector, sospecha que en estas páginas Milena Busquets alimenta su propio personaje, alguien («un otro yo» rimbaudiano) que duda, se vanagloria, aconseja, ejerce la autocrítica y, al mismo tiempo, se embellece, porque sabe que un personaje literario tiene la obligación de cautivar, de concernir, de acompañar… Son las benditas trampas de la literatura.

En este sentido, la autora llega a confesar: «En parte interpreto a un personaje».

"Alguien ha comparado a nuestra autora con Françoise Sagan, cabe suponer que en atención a su estilo directo, casi coloquial y, digo yo, también a su comedida cercanía a lo que por ahí todavía llaman escándalo"

Se sabe que vivir, lo que se dice vivir en literatura solo está alcance de quienes logran escribir como viven (o viven como escriben), y uno sospecha que eso mismo es lo que le sucede a Milena Busquets: literaturiza la vida o, lo que es lo mismo, vive en literatura. Por lo tanto, que esta autora entregue un texto donde se abre sin ambages a sus íntimas consideraciones no deja de ser digno de regocijo y gratitud, pues le acompaña la inhabitual condición de transmitir franqueza, al margen del cinismo que a menudo asiste al escritor confesional, incluso a los mejores.

Sus temas esenciales (además de ella misma) se reducen al amor, la escritura y la moda. En cuanto a esta última, escribe acerca de complementos tales como zapatos, bolsos, calcetines, perfumes, gafas de sol…, hombres. Los complementos (o el juego de los abalorios, que diría Hermann Hesse).

Y luego aparece Cadaqués.

"Resulta que al desplegar un listado sobre la elegancia es como si la autora cerrara su libro reconociendo, con inteligencia, que ella, erróneamente, no se tiene por una mujer elegante al ofrecernos sus consignas"

Alguien ha comparado a nuestra autora con Françoise Sagan (a vueltas con las referencias proustianas), cabe suponer que en atención a su estilo directo, casi coloquial y, digo yo, también a su comedida cercanía a lo que por ahí todavía llaman «escándalo», sobre todo cuando lo refiere (lo refería) una mujer. Pero sucede que en tiempos de la Sagan (uno prefiere a la Duras), el escándalo era un territorio inexplorado y, por lo tanto, indudablemente eficaz. Hoy en día, el escándalo ha pasado a mejor vida y forma parte de nuestra vulgar cotidianidad. Se ha legitimado, asumido y simplificado, hasta el punto de resultar, en términos literarios, algo rancio. A mi juicio, este hecho infravalora no poca literatura autorreferencial.

Mujeres elegantes se divide en tres grandes bloques: Escribir y enamorarse, Los lujos y los caprichos y Esto a mí nunca me pasará. En este último bloque se incluye el texto que da título al libro. Ahí descubrimos lo que para la autora es la suma de la elegancia: el silencio, como el que se exige en una partida doméstica de póker.

"Ay, Milena Busquets y su afición por las listas. Hace lista de casi todo: lo bueno y lo malo, lo que hay que hacer y lo que no, lo que es y lo que no es…"

Por ejemplo, leemos que «una mujer elegante no da lecciones». Pero resulta que al desplegar un listado sobre la elegancia (o sea, al aleccionarnos acerca del asunto) es como si la autora cerrara su libro reconociendo, con inteligencia, que ella, erróneamente, no se tiene por una mujer elegante al ofrecernos sus consignas. Sin embargo pensamos que sí lo es. Elegante e inteligente al manejar la paradoja y la ironía con indudable seguridad; es verdad que desde una posición privilegiada. Y a continuación despliega una lista (otra más) de mujeres a las que considera elegantes, desde Milena Jesenská hasta Karen Blixen, desde Virginia Woolf hasta Mary Poppins, desde Annie Ernaux hasta Colette…

Ay, Milena Busquets y su afición por las listas. Hace lista de casi todo: lo bueno y lo malo, lo que hay que hacer y lo que no, lo que es y lo que no es… En esas enumeraciones predomina el ingenio pespunteado de humor, porque ya sabemos que el ingenio sin humor es como un banquete sin vino.

Por otra parte, leemos que nuestra escritora sueña con ser Mick Jagger. Y ese tipo de señas unen, caramba.

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Autora: Milena Busquets. Título: Mujeres elegantes. Editorial: Lumen. Venta: Todos tus libros.

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