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¡Larga vida al ser humano!

¡Larga vida al ser humano!

No sabría decir cuándo fue la primera vez que me dijeron que al cine le quedaba poco tiempo de vida. Es algo que en los últimos años se repite a menudo. Todas las personas que me lo mencionan como dándome el pésame siempre señalan a la Inteligencia Artificial, concretamente a la IA generativa, como responsable de la futura desaparición de todos los que hacemos cine. La afirmación, o conjunto de afirmaciones y advertencias que tanto se oyen, podríamos resumirlas en una que las recoge todas: «las películas, a partir de ahora, las va a escribir, dirigir, rodar, va a actuar en ellas, les va a poner música, las va a montar y colorear, e incluso las va a promocionar la IA».

Lo asombroso es que cuando me dicen esto lo hacen como contándome algo que, en caso de ocurrir, me afectaría a mí y nunca a ellos. A veces, incluso, me han explicado cómo, lejos de verse negativamente afectados, pasarían a tener a un clic de distancia nuevas películas hechas a su medida. Un sueño. Vamos, vienen a decirme que su vida será mejor en este aspecto y que solo la mía y la de mis compañeros de la industria va a empeorar.

"Toda cultura se rige por un sistema de valores jerarquizado, y la nuestra parece haber puesto la utilidad material en el lugar más alto. La IA es eficaz"

No sé si esto ocurrirá realmente. Tampoco sé si, de ocurrir, ocurrirá pronto o no tanto. Entiéndase que esto no ocurriría solo con las películas; yo hablo de las películas porque es lo que me dicen a mí en particular, por la parte que me toca, pero son todas las áreas de la cultura las que se encuentran avisadas en la actualidad. El terrible «¡que viene, que viene!».

Lo que viene —si es que viene— solo sería consecuencia de nuestra cultura vigente. Tecnocracia pura y dura. Porque en la actualidad, como en el pasado próximo, nuestra sociedad persigue la eficiencia por encima de cualquier otra cosa. Esa misma sobre la que advierte León XIV: «Cuando la eficiencia se vuelve medida de valor, el ser humano es tentado a considerarse como un proyecto que debe optimizarse». Toda cultura se rige por un sistema de valores jerarquizado, y la nuestra parece haber puesto la utilidad material en el lugar más alto. La IA es eficaz. En este sentido, es un buen producto de nuestra cultura tecnócrata. Hemos logrado el objetivo: tenemos una tecnología que avanza a pasos agigantados hacia la eliminación del error humano en todos los procesos de la sociedad. La aparente certeza de que por el camino no solo desaparecerá el error, sino también otras muchas características humanas, mejor será olvidarla.

"La respuesta se esconde en el hecho de que la IA no puede ser productora de cultura porque no es humana. Solo el ser humano tiene capacidad cultural"

La IA puede hacer lo mismo que el ser humano, con más rapidez y menos costes, o al menos eso están dispuestos a hacernos creer. Sin embargo, no es así. Lo máximo a lo que puede aspirar la IA es a aproximarse con imitaciones. Es cierto que estas imperfectas réplicas las realiza con rapidez, pero ya ni siquiera los bajos costes son tan indiscutibles. Existir por imitación es triste, pero ser sustituido por algo que ni en su mejor día llega a imitarte más que en apariencia es peor.

¿Por qué vamos a pagar a cien personas para hacer una película en 18 meses, con mil problemas a cada paso, si podemos pedirle a la IA que a base de copiar las que ya existen genere una en mucho menos tiempo y sin nunca quejarse cuando no se respeta su pausa para el bocadillo? Ante esta pregunta se encuentra todo el panorama cultural, cada uno en su parcela.

Y la respuesta se esconde en el hecho de que la IA no puede ser productora de cultura porque no es humana. Solo el ser humano tiene capacidad cultural y, por lo tanto, cuanto menos participe de los procesos de creación cultural, menos humana será la sociedad. Quizá esa es la pregunta que sobrevuela tanto avance: ¿cómo de convencidos estamos del valor de lo humano? ¿Nos resulta deseable una sociedad humana, o es deseable, por el contrario, reducir en lo posible el factor humano en nuestra sociedad? ¿Cuánto de humana sería demasiado y cuánto demasiado poco?

"Me equivoco, luego existo. El día en que desaparezca el error humano ya será demasiado tarde"

En el posible —probable en el peor de los casos— escenario futuro en que dejamos de participar por completo de todo lo que se hace, quizá cabría preguntarse si lo que tendríamos entre manos podría seguir considerándose una sociedad humana. Antes de llegar a ese extremo quizás habría que repensar la definición de película, o de libro, o de canción, e incluir en todas ellas su condición antropogénica. Habría que repensar muchas definiciones. Porque, en muchos casos, ya no podemos dar por hecho que estas cosas, y otras muchas, las ha hecho un ser humano; y, por lo tanto, deberíamos señalar aquellas que sí para defenderlas como tales, sin importar el hecho de que hayan requerido más tiempo o más recursos. Resulta tan ridícula la posibilidad de ser más eficiente frente a la posibilidad de dejar de ser.

Está bien que la “gente de las películas” nos quejemos si no respetan nuestra pausa para el bocadillo. Reclamo justicia, luego existo. Ejercito mi capacidad cultural, luego existo. Me equivoco, luego existo. El día en que desaparezca el error humano ya será demasiado tarde.

Si después de leer alguno de los recientes artículos entronizando la IA uno se sienta a ver Blade Runner, acaba acostándose convencido de que si la cosa no se regula, y mucho, la frase «larga vida al ser humano» se convertirá en un lema, un brindis clandestino, una suerte de plegaria.

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