En Comenzar el olvido (Reino de Cordelia, 2026), el madrileño Pepo Paz construye una novela de aprendizaje íntimo y restitución histórica que recorre varias décadas de la España reciente. El volumen se sitúa en ese umbral donde la memoria empieza a ceder, el pasado deja de ser una herida visible y se convierte en una versión administrada de los hechos. Sus personajes viven en los márgenes de la historia oficial, pero también en sus pliegues más incómodos: militantes clandestinos, mujeres asesinadas, policías que ascienden sin rendir cuentas, testigos sin juicio, periodistas que llegan tarde a las pruebas.
La segunda parte se sitúa en 1976. Manu tiene ya dieciséis años y sus abuelos se han mudado a la ciudad. Manu atraviesa una etapa de formación intelectual y moral y no simpatiza con ningún partido político. Ese detalle es importante, porque el relato evita convertirlo en heredero automático de la militancia de sus abuelos. Paz se aleja de una visión complaciente de la Transición. La novela la presenta como un tiempo de entusiasmo quebrado, de violencia, asesinatos de extrema derecha, secuestros del GRAPO y persistencia de los aparatos represivos del franquismo. Tras el asesinato de Arturo Ruiz, una manifestación termina con la muerte de Mariluz Nájera, una joven a la que Manu y su familia habían conocido en una comunión. La operación de los antidisturbios la dirige Íñiguez. El autor presenta al agente que dispara atrapado en una cadena de obediencia, torpeza, miedo y violencia institucional. La culpa que siente después no lo absuelve, pero introduce una zona moral compleja.
La tercera parte, que da título al libro, muestra a Manu con veinticinco años, convertido en periodista. Su abuelo Pedro ha muerto y, al revisar sus cosas, descubre los cuadernos que había guardado desde los tiempos del poblado. Esos papeles resultan ser las memorias de Marisa, antigua enlace del partido. La novela abre una nueva capa temporal. En paralelo, repasa la trayectoria de Íñiguez, cada vez más próximo al ministro del interior, y conecta la propuesta de Paz con las crónicas de Leonardo Sciascia, en las que los servidores del orden terminan mimetizados con los engranajes del poder. La dimensión periodística culmina cuando Manu asiste a una rueda de prensa en la que Íñiguez hace un anuncio relevante.
Desde el punto de vista formal, Comenzar el olvido se inscribe en una tradición literaria que mezcla ficción y realidad. En ese sentido, puede recordar a Ignacio Aldecoa o a Jesús Fernández Santos, incluso al paisaje suburbano mítico y herido de Marsé, aunque Paz trabaja una mirada más inclinada a la reconstrucción documental de la memoria, con una fuerte noción del espacio. Su escritura busca envolver las escenas y evocar una época a través de sonidos, olores, gestos y objetos.
La novela tiene una vocación clásica. Confía en el narrador, en los personajes, en la continuidad argumental y en una estructura tripartita que va abriendo progresivamente el campo de visión. Su prosa posee una clara voluntad de estilo, a veces muy eficaz en la creación de atmósferas y en la construcción de pasajes de tensión, como cuando narra la intervención de los antidisturbios: las órdenes, los movimientos, el disparo, la confusión y la culpa posterior se encadenan con un ritmo que coloca al lector dentro de la escena. El relato encuentra una fuerza notable, porque la violencia histórica se encarna en cuerpos, decisiones y consecuencias. En ocasiones, algunos adjetivos o comparaciones subrayan más de lo necesario. En mi opinión, la escritura de Paz alcanza sus mejores momentos en la sobriedad.
Comenzar el olvido es una novela ambiciosa, sólida, rica en significados y decidida a enfrentarse a un periodo que a menudo ha sido reducido a una versión demasiado cómoda. Pepo Paz ha escrito una obra necesaria, de respiración amplia, que mira la dictadura, la Transición y la democracia desde sus puntos ciegos. El volumen propone una intuición poderosa: el olvido llega por acumulación de pequeñas renuncias, de nombres que dejan de pronunciarse, de rostros que ya no se reconocen, de papeles que quedan guardados en un arcón, de crímenes que se explican tarde y mal, de funcionarios que envejecen dentro del sistema sin que nadie pregunte por su pasado. En esa tensión entre memoria privada e historia colectiva reside lo mejor del libro. La figura de Manu permite vertebrar ese recorrido con gran eficacia. Su trayecto vital, desde la percepción fragmentaria a la comprensión, es una metáfora de la conciencia adulta de un país que nunca ha terminado de mirar de frente todo lo que arrastra consigo.
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Autor: Pepo Paz Saz. Título: Comenzar el olvido. Editorial: Reino de Cordelia. Venta: Todos tus libros.


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