A una edad algo avanzada —el medio siglo cumplido— para lo más común hoy en día, en que abundan los escritores que inician su obra sin llegar a la treintena, se dio a conocer Clara Pastor en 2020 con la compilación de once relatos Los buenos vecinos. Poco después, en 2023, volvió a las formas breves con un conjunto de cuatro narraciones, una de ellas una intensa nouvelle, Voces al amanecer y otros relatos. Y ahora, dos años después, afronta por primera vez, que yo sepa, la novela en Erietta. Anoto este recorrido no por rutina informativa, sino porque en él aprecio el crecimiento literario de la autora hasta desembocar en una obra que anuda los impulsos de las dos anteriores y les saca un renovado jugo. Nada, o muy poco, tienen que ver entre sí estos libros en cuanto a las anécdotas y, sin embargo, en todos ellos late el mismo estímulo seminal, la observación de los sentimientos. Con todos los matices que sean necesarios, Clara Pastor cultiva un psicologismo clásico, una indagación en la intimidad de unos personajes en quienes encarna el problemático sentido de la vida.
Estamos en verano, prevalece una insustancial rutina vacacional y pocos sucesos espectaculares ocurren. Fiona conoce a un galerista o artista vecino con quien ensueña una relación sentimental. Se cruza con un pescador atento con ella, pero que no colma las expectativas de alguna excursión aventurera. Acude al colmado donde hace las compras y trata con sus propietarios. Mantiene algún encuentro con su exmarido, quien también acude unos días a la isla con su nueva pareja y unos amigos. Llega octubre y Fiona regresa a su lugar originario. La comunicación epistolar de Fiona con Erietta y Aggeliki prolonga la amistad con la vista puesta en el regreso al mismo lugar el verano siguiente, algo que no llegará a cumplirse.
Toda la historia, pues, reproduce un simple trozo de vida —como ocurre en los relatos de la autora— colmado de pequeños y sencillos hechos, aunque alguno pueda tener carga dramática y, en conjunto, celebre la forja de una familia libre de los lazos de sangre. Hechos menudos y bastante corrientes que proporcionan al relato un aire un tanto costumbrista. Pero este costumbrismo anecdótico y ambiental lo convierte Clara Pastor en un trampantojo porque el verismo de los nimios sucesos se difumina ante el cultivo persistente de la alusión y la elusión. No sabemos el nombre de la isla, salvo que es un lugar griego. Los personajes llevan una carga de extrañeza, son raros, en especial el hermético y voluble mudo (difícil saber para los propios personajes “qué siente, qué retiene y qué lo atraviesa sin dejar rastro”), y arrastran una estela de misterio. Alguna anécdota no desvela por completo su secreto.
La afición de Clara Pastor a las descripciones con las que complementa la escasa materia anecdótica refuerzan el valor noticioso del relato, pero pronto vamos viendo que ese destacado componente de la novela no busca tal finalidad, sino la de crear una atmósfera en que desarrollar la indagación psicológica. En ella tiene gran peso la evocación —“navegar por el pasado”, dice Fiona—, en contraste con un presente que se presenta incierto. Ese verano cristaliza la encrucijada vital en que se halla la narradora, justo cuando se encuentra en la “edad intermedia”, esa en que “el pasado aún apremia al futuro a no cometer los mismos errores, y el temor a equivocarnos puede hacer que el presente se nos escurra entre las manos”, según el intranquilizador balance de su existencia que la propia Fiona presenta como colofón de su historia. La “edad intermedia” se corresponde con un concreto momento biográfico del personaje, pero alcanza un valor superior: sirve de metáfora de las circunstancias en que alguien debe decidir su porvenir.
Erietta presenta el dilema existencial de una mujer inteligente, libre, moderna y culta. El valor literario de este conflicto, en sí mismo genérico, pero cargado de individualidad, está en la verdad estilística del relato. Al igual que en los libros precedentes, Clara Pastor aplica una escritura sencilla, sin concesiones ni desfallecimientos retóricos. Sencilla, pero también expresada en el estilo diligente, rico en léxico y sintácticamente expresivo, que pide la condición culta de la protagonista. Esa prosa cuidada, y ágil, va recogiendo los pensamientos y reflexiones de Fiona. De este modo, al fin, la novela se convierte en un compendio de meditaciones acerca de las aspiraciones que modulan la vida: las ilusiones, los fracasos y la forja del porvenir a partir de un momento crucial. Todo ello lo dice Clara Pastor por boca de Fiona. De este modo, la biografía nada extraordinaria de la protagonista sirve como recipiente en que la reflexión alcanza tensión casi filosófica, aunque sin el menor engolamiento ni especulativo ni expresivo.
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Autora: Clara Pastor. Título: Erietta. Editorial: Acantilado. Venta: Todos tus libros.

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