Se diría que la poeta, narradora y periodista santanderina Marta San Miguel (1981) ha recurrido en Última escala al cómodo expediente de conjuntar dos tipos de relato de moda: la novela histórica y la autoficción. Por un lado reconstruye la biografía del músico fundamental en el proceso de modernización artística de nuestro país dentro del espíritu innovador del vanguardismo de hace un siglo largo, el catalán Enrique Granados. Por otro cuenta la atracción que ella misma sintió desde joven por el compositor e intérprete, las andanzas por Barcelona tras sus huellas, el eco actual en su tierra y su país, su profunda admiración por el creador de la suite “Goyescas” y, de resultas de todo ello, sale una vindicación de una personalidad artística no tan reconocida, a su atinado entender, como se merece.
Tiene la vida de Granados un intrínseco valor novelesco, el de una persona volcada hasta extremos enfermizos en el cumplimiento de una vocación. San Miguel la recorre con una amplia labor de documentación y análisis que maneja todos los materiales disponibles, desde los legados por el propio compositor y hasta las aportaciones de coetáneos y estudiosos posteriores. Nos presenta con rasgos sintéticos esa andanza cavilosa y siempre atenazada por la precariedad y las angustias económicas, las derivadas de un porvenir incierto de una familia numerosa. Nos habla también de unos horizontes halagüeños después de graves incertidumbres, y enfatiza el papel de su mujer, la maternal Amparo, comprensivo paraguas del músico frente a tantos retos. Parece guiarle a San Miguel la sentencia según la cual detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Y lo hace con una pulcritud narrativa absoluta, sin excesos psicológicos ni idealizaciones, con las pinceladas justas para que los hechos —la novela no se arriesga en peligrosas introspecciones— muestren esa realidad humana en vivo. Al fondo, San Miguel pinta una emotiva novela de amor, sin romanticismos y concesiones al género sentimental, aunque quizás un tanto ejemplarizante.
El dramático final de la pareja, bien conocido, funciona como el vértice de la novela, según lo anuncia el título del libro. Granados había triunfado en Norteamérica, había por fin gozado el éxito, había actuado con mil parabienes en una velada en la Casa Blanca ante el presidente Woodrow Wilson y volvía a España con ganancias satisfactorias que llevaba en piezas de oro en un cinturón. Desde Inglaterra, “última escala” del recorrido de vuelta, viajaba en un carguero hacia Francia y, ya a la vista de la costa, el misil de un submarino nazi alcanzó el barco. Amparo cayó al mar. Granados se lanzó al agua sin saber nadar. Ambos murieron.
En otras manos, este terrible pasaje daría pie a mucho melodrama y a prolijas descripciones. Cabe imaginar qué harían tantos autores de best sellers. O qué habría hecho, dentro de la novela literaria, Sergio del Molino, tan aficionado a la digresión y la amplificatio, cuyo libro, también mezcla de invención y autoficción, sobre la hija de Goya comenté aquí mismo hace poco. Marta San Miguel evita los malos trucos emocionales y concentra el relato en pocas, pero intensas páginas. No baja por ello la tensión y el dramatismo del episodio. Es más, como para relajar la narración, sigue con el sistema constructivo de toda la novela: capítulos encabezados con las fechas históricas correspondientes (desde 1867, estancia canaria del futuro compositor por el cargo de gobernador militar de Santa Cruz de Tenerife de su padre, hasta el fatídico 24 de marzo de 1916) se alternan, y encadenan, con la experiencia personal de la autora.
Retrato humano bien interesante, estampa artística de época, cuadro de la crisis que forzó la modernidad musical (y, por extensión, del “modernismo” artístico, incluido el literario) y conjeturas estéticas que nos asoman al misterio irresoluble de la pasión creadora se trenzan en Última escala. Cada uno de estos asuntos podría haberse abordado con despliegue narrativo, pero otro firme criterio sigue Marta San Miguel: se atiene a una máxima sencillez, que aplica también a los pasajes autorreferenciales, nada narcisistas, pretenciosos ni campanudos, al contrario de lo que vemos a diario en la mayor parte de la escritura del yo. Se desprende de esta drástica decisión un vivaz relato bifronte —Enrique Granados y la propia autora— que trasmite con eficacia aquello que quiere comunicar sin prolijidades. Quizás incluso lleva a un límite peligroso su escuetísima prosa. Aunque tenga encanto, es arriesgado incurrir en el virtuosismo de la sencillez.
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Autora: Marta San Miguel. Título: Última escala. Editorial: Libros del Asteroide. Venta: Todostuslibros.


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