Hay una frase especialmente curiosa con la que se abre este volumen: «Lovecraft es un alma muerta». Y creo que es una sentencia más que acertada. Del escritor de Providence se han escrito innumerables estudios, memorias y artículos. Su ficción y su correspondencia han sido objeto de análisis por parte de destacados investigadores, entre ellos S. T. Joshi, que ha dedicado buena parte de su producción académica al estudio de su figura. Y aun así, el entusiasmo y el magnetismo que despierta Lovecraft siguen plenamente vigentes. Su influencia en la evolución cultural de las últimas décadas resulta evidente, especialmente en el ámbito de la literatura y el cine.
Sin embargo, de toda su producción —especialmente de la vinculada a los llamados Mitos de Cthulhu—, siempre me ha fascinado más su vertiente onírica, influenciada por Dunsany. Son aquellos relatos que exploran el paisaje interior del individuo y las maravillas que habitan nuestros sueños —y también nuestras pesadillas—, sin renunciar a la influencia grecorromana, a la prosa poética ni al ensimismamiento literario. Una narración convertida en sueño, como sucede en “Un brazo”, de Kawabata, donde lo cotidiano y lo extraordinario conviven con absoluta naturalidad.
El editor italiano Giuseppe Lippi reunió en este volumen una selección de textos de Lovecraft relacionados, de manera directa o indirecta, con el Al Azif, más conocido por su traducción griega: el Necronomicón. Se trata de un libro ficticio nacido de la imaginación del escritor de Providence, mencionado por primera vez en “El sabueso”, y que aquí sirve como eje vertebrador de esta edición publicada en España por Duomo.
En noviembre de 1927, Lovecraft envió una carta a Clark Ashton Smith en la que explicaba la historia de este grimorio atribuido al poeta yemení Abdul Alhazred —nombre que el propio autor adoptó durante su infancia tras la lectura de Las mil y una noches—, quien habría enloquecido al intentar descifrar los secretos contenidos en el libro antes de encontrar una misteriosa muerte. A partir de esa idea surgiría posteriormente “Historia del Necronomicón”, publicada de forma póstuma en 1938, donde Lovecraft juega deliberadamente con la ambigüedad de la existencia del volumen. Esa indefinición fortalece el propio mito al relacionarlo con obras reales como Cryptomenysis Patefacta (1685), de John Falconer, o De Masticatione Mortuorum in Tumulis (1725), de Michael Ranft. Según esa tradición ficticia, la traducción griega correspondería a Teodoro Filetas y la latina a Olaus Wormius, seguida de: «[…] una en el siglo XV, en letras negras (con toda seguridad en Alemania), y otra en el siglo XVII (probablemente en España)».
En esta edición, el Necronomicón termina configurándose como un auténtico libro de viajes: una puerta de entrada a las maravillas del sueño, a lugares ajenos al espacio y al tiempo, un regreso a la Era Axial, al misticismo griego y a las ensoñaciones pobladas por faunos y dríadas. Aquí apenas encontramos a las criaturas que el imaginario popular identifica inmediatamente con Lovecraft. En su lugar aparecen la tragedia de Calos y Musides (“El árbol”), las maldiciones de quienes sucumben a la obsesión o a la belleza (“Al otro lado de la barrera del sueño”, “La búsqueda de Iranon”) y la constante búsqueda de la identidad (“Él”). El volumen no solo reúne algunos de los relatos más oníricos del autor —sin obviar la necrofilia, la necrolatría y la necrosofía—, sino que incorpora diversos apéndices que enriquecen notablemente la lectura de cualquier aficionado a su obra al profundizar en ese recorrido metaliterario y en ese juego entre ficción y realidad.
No solo se incluye la mencionada “Historia del Necronomicón”, sino también textos del propio Giuseppe Lippi que profundizan en esta aventura literaria. Una aventura que llegó incluso a materializarse en 1962 mediante la publicación de una falsa reseña del libro en The Antiquarian Bookman, una de las revistas de mayor prestigio entre bibliófilos y coleccionistas de libros raros. Aquella broma terminó dando lugar a una ficha bibliográfica de la Universidad de California en la que se sugería la existencia de una posible copia del grimorio oculta en la ciudad de Toledo.
Como puede apreciarse, este juego metaliterario se construye alrededor de un libro ficticio que, paradójicamente, acaba adquiriendo una sólida apariencia de realidad gracias al conjunto de textos que orbitan en torno a la narrativa extraña de H. P. Lovecraft. Giuseppe Lippi compone así un singular libro de viajes que invita a regresar a la obra del escritor de Providence para redescubrir sus misterios, su visión pesimista del ser humano y su concepción del sueño como un territorio insondable. Porque eso es, en el fondo, el Necronomicón: algo que no existe y que, sin embargo, sigue presente en la imaginación de los lectores. Y esta edición consigue precisamente eso: dejarnos suspendidos en ese limbo literario, con el deseo de continuar viajando más allá de las Tierras del Sueño.
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Autor: H. P. Lovecraft. Título: Necronomicón. Traducción: Marcelo E. Mazzanti, Noelia Pousada, Víctor Manuel de Isusi, Consuelo Gallego, Mario Cornejo, Lucía Urbano y Eva Martínez. Editorial: Duomo. Venta: Todos tus libros.


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