Cuando perdió el maillot amarillo en Alpe d’Huez, Andrea Carrea pesaba 30 kilos más que unos años antes. No, no estaba gordo: es que había pasado un año en el campo nazi de Buchenwald, trabajando con pico y pala, alimentado a base de agua sucia con trozos de patatas. “Todos los santos días pensaba en lo mismo: meterme algo en la tripa para sobrevivir hasta la noche. Y todas las santas noches, lo mismo: sobrevivir hasta la mañana. Dormíamos 360 presos, apretados unos contra otros por el frío, y al amanecer siempre quedaba algún cadáver”. Los nazis lo pillaron una vez robando patatas y lo tiraron, como castigo, a un foso. Creyó que moriría allí. Pero justo entonces acabó la guerra. Primero a pie, luego con un carro y un caballo robado que acabaron devorando entre cinco compañeros, Carrea tardó tres meses en volver a su pueblo del Piamonte. Su padre no lo reconoció: pesaba 40 kilos.
Al día siguiente los ciclistas disputaron la primera subida de la historia al Alpe d’Huez, adonde llegará el Tour de 2026 en dos etapas consecutivas, tanto el próximo viernes como el sábado. Carrea cedió el maillot a Coppi por cinco segundos y sintió alivio: “Yo ya era feliz. Esa noche soñé que iba vestido de amarillo y que me zampaba un banquete de pescado”.


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