Cuando atacó en el col de la Turbie, el vizcaíno Federico Ezquerra se lanzó a la escapada de su vida. El primer motivo era obvio: si coronaba con ventaja, los favoritos ya no podrían alcanzarlo en la corta bajada a Niza y ganaría su primera etapa en el Tour. En otras etapas ya había pasado primero por el Galibier y el Ballon de Alsacia, pero los rodadores lo capturaban en las bajadas y los llanos hasta las metas que entonces siempre estaban en las ciudades. El segundo motivo no se lo podía imaginar: era el 19 de julio de 1936, el golpe militar de la víspera en España se acabaría imponiendo y él tardaría un año y medio en volver a casa. Ganó en Niza, pero su triunfo sonó remoto y apagado entre los tambores de guerra.
Ezquerra se retiró ese mismo día, enfermo, febril, vestido por última vez con el maillot tricolor republicano. Al final de la temporada regresó a casa, los franquistas echaron el cerrojo y nunca volvió al Tour.


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