Hoy me gustaría hacer una reflexión. Es posible que no me lleve a ninguna parte, pero me gustaría intentarla, ensayarla, es decir, realizar con ella una muestra de ese género literario tan sugestivo que es el ensayo literario. Para ciertos lectores al menos el ensayo puede ser tan apasionante como una novela, y tener una calidad tan alta como el mejor poema. Precisamente de esto, de la calidad y de otros temas, de algún modo, quiero escribir hoy.
Es cierto que hay textos que parecen gustarles a todos, o a casi todos. Esto ya indica mucho. No son muchos textos, pero hay algunos. Luego hay otros que son celebrados por unos y no por otros. Incluso hay textos polémicos: para unos son excelentes y para otros son directamente malos.
Recuerdo que en una ocasión formé parte de un jurado literario de un colegio. Teníamos que dictaminar el premio de relato breve y el premio de poesía. Todo ello lo hicimos con la mayor limpieza y sin problemas. Pero algo me llamó la atención: en el relato breve las valoraciones no ofrecían sorpresas, los miembros del jurado nos poníamos de acuerdo en cuáles eran los mejores y cuáles los peores; sin embargo, en el caso de la poesía todo era mucho más complicado, y un poema podía obtener un 10 para un miembro de jurado y un 0 para otro.
Eso fue lo esencial que aprendí aquel día.
Por otro lado, hay textos que sorprenden al propio autor. Él piensa que ha escrito otros mejores, incluso mucho mejores, pero son aquéllos, quizá los menos sospechados, los que gozan de mayor favor del público. Uno puede analizar cada caso, pero no siempre se halla con facilidad la respuesta.
Yo podría poner ejemplos personales, pero no sé si debo hacerlo. Quizá sí.
Creo que es muy importante el género. No es lo mismo una novela, por ejemplo, que un ensayo, o un cuento. Creo que es muy importante, como me decía no hace mucho Carlos García Gual, el tema. Pero un gran tema si no se escribe bien, o muy bien, se queda en nada. Luego todo es importante.
El autor es esencial, aunque parece obvio decirlo. Un gran escritor es capaz de dotar de vida, o encanto, a un texto, y encandilar, digamos, al lector. Por supuesto, no es lo mismo un autor que otro. Al final es lo más importante, en mi opinión. Y el lector.
Ahora está más de moda destacar el papel del lector, pero a mí me parece que éste pone mucho, muchísimo, en la lectura. En un congreso sobre su obra, en Toulon, hace unos años, Arturo Pérez-Reverte llegó a decir que el lector completa la obra, la termina, y no puedo estar más de acuerdo. El lector es otra especie de autor, diferente, pero no menos importante.
Algunas veces he dicho que el nombre del lector debería figurar en la portada, junto con el del autor.
Hay que tener en cuenta quién lee la obra, y quién emite su opinión sobre una obra que se ha escrito. No es lo mismo una obra leída por un lector que por otro.
Alberto Vázquez-Figueroa me dijo en más de una ocasión que el éxito literario, el éxito de ventas, era una lotería, y puedo admitirlo. Él lo sabe muy bien, porque ha tenido bastantes éxitos. Me llegó a decir, concretando más, que triunfa el 10 por ciento de las obras que uno escribe, o al menos, en su caso, de las que él ha escrito. “El resto me las podía haber ahorrado”, me dijo en una ocasión.
Pero lo cierto que tenía que escribirlas para llegar a ese 10 por ciento de las elegidas, por no hablar del placer de escribirlas, y también porque hay libros excelentes que no se venden, o se venden menos. Esto lo añado yo.
Naturalmente no se puede confundir ventas con calidad literaria, aunque en ocasiones coinciden. Pero muchas veces no coinciden.
Porque ¿qué buscan los lectores? Habrá de todo. Supongo que una minoría buscará grandes obras, pero para eso hay que tener más paladar literario, diría yo. Lo normal, me parece, es que el lector busque entretenerse, libros distraídos sin muchas pretensiones, el público mayoritario de la novela, aunque también la novela puede ser un género muy exigente. Todo me parece muy respetable.
Por último me gustaría añadir que también el tiempo es importante a este respecto. ¿Cuándo se leen los libros? Si ha pasado poco o mucho tiempo desde la publicación de la obra, o desde la muerte del autor. Son muy pocos los escritores, incluso los que han tenido más éxito en vida, que siguen disfrutando de ese favor después de muertos. En nuestra época ya se van perfilando bastantes, de los que triunfaron en vida, que se están olvidando, o ésa es la impresión que da. No voy a citar nombres, pero seguro que el lector tiene algunos en mente.
Hay algunos libros que parece que están tocados por los dioses, como el Quijote, por citar el ejemplo más claro. Pero ese éxito no evitó la ruina de su autor, aunque sí que se hizo famoso con su publicación según se nos cuenta. Cervantes era un genio de la literatura, y tuvo una vida apasionante, pero hasta lo que yo sé o comprendo siempre sufrió penurias económicas. Así me lo decía mi profesor de “Cervantes y su tiempo” en la Complutense Manuel Fernández Nieto. “Cervantes era un muerto de hambre”, me dijo en una ocasión.
En la colección de clásicos de aventuras que está ofreciendo Zenda-Edhasa, se habla de “libros que no envejecen”, por ejemplo, El prisionero de Zenda. Ése sería otro apartado de libros, de novelas, de historias, pues trascienden la Literatura y penetran en el cine y en otros ámbitos. Quizá el género de la novela de aventuras, bien hecha, resista mejor el tiempo. O rompa la barrera del tiempo.
Creo que los lectores disfrutamos de la literatura de muchas maneras. Podemos gozar con una historia, pero también con la prosa, o el verso, de un autor. Con lo que se nos dice, o con cómo se nos dice. O con ambas cosas.
Con el tiempo, intuyo, los lectores se hacen más cultos, tal vez más exigentes, saben más, conocen más. En mi caso puedo decir que soy capaz de disfrutar tanto del best-seller como de la poesía más prestigiosa, y que me gusta variar en mis lecturas, de temas, géneros, autores, épocas. Así descanso de unos libros y mientras lo hago disfruto con otros. Cuando escribo procuro hacer algo parecido.
No sé si he arrojado alguna luz al asunto que planteaba, o simplemente he subrayado mis dudas. Me da la impresión de que sí que he aclarado algo al tema, al menos para mí.
A mi juicio la literatura es un fenómeno maravilloso (también misterioso) y debemos respetar todos sus modos y vertientes, respetarlos y a la vez aprovecharnos de ellos, porque un determinado tipo de texto, o libro, nos puede ayudar mucho en un determinado momento, mientras que otro libro o texto nos puede ofrecer en otra época justo lo que necesitamos.
Hay libros que en un momento rechacé y que al cabo de los años leí, y he aprendido (quizá siga aprendiendo) a no despreciar ningún tipo de literatura. Todas las obras nos pueden divertir, entretener, enseñar, como lectores y como escritores. Además, todos sabemos que la literatura es una gran compañía, impagable e inefable.


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