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El hacedor de felicidad

Yo conozco un librero de viejo. En realidad conozco muchos, porque me gustan mucho los libros y me gusta curiosear las librerías, de nuevo y de viejo. Pero conozco a un librero en especial, porque éste tiene su librería cerca de mi casa y la frecuento mucho, le compro muchos libros y hablo con él, de libros, de escritores, de Historia, de todo lo que contienen los libros.

Se llama Manuel, y es un hombre que siempre, casi siempre, tiene una sonrisa en el rostro. Siempre es amable y siempre es paciente. Tiene la librería muy bien ordenada, llena de libros en la misma tienda, pero luego tiene muchos más en un almacén. Tiene unos setenta mil libros, según me ha dicho.

Una web los contiene, perfectamente ordenados, con los datos más importantes de todos los libros. En esta web busco yo desde mi casa lo que tiene y lo que no tiene en cada momento, y la verdad es que siempre hay libros que me gustan, que me atraen, que me estimulan.

"En el fondo lo que le ocurre a él, según me dice, es lo que le ocurre a casi todo el mundo, que sólo tiene tiempo para leer en sus ratos libres, o en vacaciones"

Manuel me dice que tiene una dedicación completa a su trabajo, a la librería, y que apenas tiene tiempo libre recién levantado para ver el Telediario y enterarse de lo que pasa por el mundo. Pero también me ha contado que le gusta desayunar en una terraza cerca de su librería, antes de abrirla, y leer allí un rato mientras se toma el desayuno.

Es el único tiempo que tiene para leer en todo el día, él que está siempre rodeado de libros. Pero no le importa, lo lleva bien, porque le gustan libros y en el fondo lo que le ocurre a él, según me dice, es lo que le ocurre a casi todo el mundo, que sólo tiene tiempo para leer en sus ratos libres, o en vacaciones.

Tiene libros de muchos precios, porque el mercado de segunda mano da para el libro de precios muy elevados y también de precios muy asequibles. Éstos últimos son los libros que busco yo, porque para mí un libro es para leerlo, para disfrutarlo, no para especular con él, ni siquiera para atesorarlo, aunque puedo entender a los que hagan esto con los libros.

"Yo casi siempre que voy a El Desván del Libro encuentro algo que me apetece, cuando no voy ya con la idea hecha de que me interesa algo"

Manuel empezó a trabajar en esto en 2004, si no recuerdo mal, con su suegro, que tenía su librería desde los años sesenta del siglo XX. Yo creo que llegué a conocer a este señor; creo que fumaba en pipa y ya lo recuerdo mayor. Me parece que fue Manuel el que introdujo la novedad del ordenador en la librería, una gran ayuda, una gran herramienta.

Me ha dicho que estuvo un año trabajando con su suegro, y que luego montó otra librería de viejo cerca del Retiro, cerca de la librería municipal de la Casa de Fieras. También recuerdo haber estado en esta librería y haber comprado algunos libros. La cerraron hace unos diez años.

Al principio la mantuvo abierta con un empleado, pero luego la cerró y ya se concentró en ésta, en la calle Fernán González de Madrid, El Desván del Libro, que es como se llama su librería.

"Cuando dicen que los libros son caros, yo no lo puedo entender. Hay libros caros, y muy caros, pero también los hay para todos los bolsillos, incluso regalados"

Yo le he comprado muchísimos libros a Manuel. También le he vendido algunos, e incluso le he cambiado otros. Pero sobre todo le he comprado muchos, a buen precio, porque soy un escritor de ningún modo rico que debe de cuidar su economía, aunque debo decir que el mercado del libro de viejo da para comprar maravillas sin gastar mucho dinero, siempre y cuando uno sea un amante de la literatura sin más. Es decir, siempre que uno no busque ediciones raras ni cosas por el estilo. Hay libros muy buenos para leer a precios muy asequibles.

Yo casi siempre que voy a El Desván del Libro encuentro algo que me apetece, cuando no voy ya con la idea hecha de que me interesa algo. Recientemente le compré, por ejemplo, Los héroes, de Thomas Carlyle, que me recomendó hace años mi tío, el abogado Santiago Martínez-Lage, el ensayo Mujeres españolas, de Salvador de Madariaga, y Yo, Vincent van Gogh, de Carlos García-Osuna. Los tres me apetecían mucho por diferentes razones.

"Los libros enseñan, no son un entretenimiento vacuo y ocioso. No son mera teoría. Llevan a la práctica, y ya de por sí leerlos es un tipo de práctica, de ejercicio, de gimnasia"

Cuando dicen que los libros son caros, yo no lo puedo entender. Hay libros caros, y muy caros, pero también los hay para todos los bolsillos, incluso regalados (hasta algunos los dejan en los bancos, en la calle). Y si uno no tiene nada de dinero siempre puede cogerlos de las bibliotecas.

Además, los libros enseñan, no son un entretenimiento vacuo y ocioso. No son mera teoría. Llevan a la práctica, y ya de por sí leerlos es un tipo de práctica, de ejercicio, de gimnasia. Son productivos a su manera, quizá un tanto a la larga, no tanto, pero lo son. Yo lo sé.

Manuel también lo sabe. Para mí es un “hacedor de felicidad”, por lo menos de la mía (y sospecho que de la suya), pues consigue que yo sea feliz, mucho más feliz, con muy poco. Seguro que hay muchos como yo.

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