Las aguas de ríos y mares hilvanan las orillas entre tierras, desdibujando las fronteras geográficas, o emocionales, aguas, reflejo de un devenir vital, de una odisea o del viaje a Ítaca de Kavafis… Aguas que desbastan, horadan, excavan y pulen con su caricia de capacidad tan destructiva como regeneradora. También el amor. Aguas del mar báltico que acogieron la escritura de Penumbra de mí en la noche de la poeta argentina residente en Italia, Marisa Martínez Pérsico, gracias a la residencia de escritura creativa en Visby, isla de Gotland (Suecia) en 2024. Esta bellísima y cuidada publicada por Tanta ceniza editora (2025) dirigida por Aixa Rava viene acompañada por unas evocadoras ilustraciones de Romina Berenice Canet.
«En la historia del mundo
los vientos dejan víctimas, naufragios,
ataduras silenciosas al territorio
como una prebenda inmemorial.
Yo he tenido
ocasión de volver a superficie
y ahora soy una isla que se aleja
de tu último espectáculo.
Quien se acerque vería
mi arena sembrada de mástiles quemados,
qué catástrofe envuelve
lo que no se confiesa.»
«Intuición que piensa» se inicia con un laberinto abierto y unos versos cuya rotundidad orientan el sentido, a modo de brújula, del río subterráneo que discurre por este libro. Escribe en el primer poema:
«Recuerda, yo futura:
todo el tiempo de soledad
despierta lo que florece
si no te halló saciada.»
El desdoblamiento del sujeto lírico manifiesta no tanto un presagio sino una voluntad, un mandato ético, desde donde la memoria no reconstruye un pasado, sino el porvenir. Tal vez sería posible interpretar que la poeta rastrea las huellas de una identidad de la diáspora, según leemos en el poema “Apuntes de civilización”, que contiene el verso que intitula el libro:
«Ver espejos quebrados
por las piedras que yo misma
lancé
y reconocerme.»
Pero más bien persiste en Marisa Martínez Pérsico la convicción de que un amor inesperado altera los tiempos y la conciencia de sí misma y, con ella, la percepción del mundo que nos rodea. Por esta razón, la poeta indaga en ese desdoblamiento para observar(se) desde su presente, así en ‘Antiguo amor’:
«Barcos hundidos
en la profundidad de mi corazón
mecidos por tu mano
en su reinado arqueológico»
Un pecio naufragado en cuyo vientre aún habitan sus antiguos pasajeros gritando, porque la memoria es un barco que transporta a aquellos que compartieron una parte del viaje, del destino, en una especie de inventario o depósito. No obstante, la llegada sorpresiva del amor altera el rumbo, y leemos en “Nosotros los paracaidistas” o en “Darme a la lluvia”:
«Si todo está partiendo,
yo me enamoré de tu corazón
que pasó saltando entre las ramas del ciprés
de mi jardín dormido
(…)
Cada relámpago de amor
suspende lo imposible».
El encuentro con un amor creador de un mundo fantástico de ciervos alados y ninfas rescatadas, un amor fulgurante que ofrenda una nueva posibilidad, reescribe los significados: «Y un extraño crujir de río que ha cantado/ en medio del incendio», escribe en el poema que cierra esta parte, “Otros amantes de Sumpa”. La paradoja de intuición que piensa viene a revelar el instinto como una forma de conocimiento que nos acerca al desvelamiento de un secreto, del que el amor es causa y fruto, al igual que un nido abrasado de preguntas:
«Entonces la certeza
rebota en el instante
y no ves salvavidas suficientes
donde apoyar el canto.
Solamente los sueños,
la esperanza de una voz
para tu cuerpo de agua.»
En «Cita cantada» la escritura se desplaza del amor al vínculo sororal y la pertenencia a un linaje, si bien también la amiga perdida, Leontine, es cantada. Aquí aflora desnuda la herida del desarraigo al autoproclamarse ‘extranjera’ en ‘Canto de la extranjera que recuerda su casa’: «Todo daño /se llena de latido / cuando asciende». La figura de la hermana, a la que se apela en varios momentos, y del hogar es ambivalente, por un lado, es infancia y patria y refugio:
«Hermana:
has venido para encontrarnos en la infancia
con su floresta de fábulas eternas
donde fantasmas y caníbales
no podían dañarme.»
Por otro, la hermana es la constatación de exilio y de la fragmentación del lazo por la distancia y el paso del tiempo:
«Crecer es zambullirse
en un destino propio,
marcharse de las aguas compartidas
que se nos dio anidar.
Un día la intimidad es injerencia.
La fiesta, fingimiento.
Desconocerte.
Desconocerme.
(…)
Yo que creí
en la sangre irreversible
no imagine que un árbol
se podía cortar»
De este modo, el territorio compartido, la casa, se transforma en un espacio que alberga la memoria, pero del que hay que aprender a desprenderse: «Pero un día alguien heredará la casa. / Y mirará con ojos de indiferencia / los rincones vacíos». Ese hogar es también un cuerpo, y el cuerpo un hogar —bien lo deja patente en “Oda a mi pantorrilla” parafraseando a Sharon Olds—, al que la memoria somete a mutilaciones, porque ésta es una fábula dudosa de la que la poeta se alimenta. Marisa Martínez Pérsico no rehuye tampoco el compromiso social e histórico en este libro, y en “El viento sopla flojo en dirección variable” nos trae la violencia del régimen iraní con sutileza para defender la esencia de lo humano.
Penumbra de mí en la noche construye una poderosa red simbólica en torno al agua que otorga al libro una notable cohesión y un imaginario de potencia naturalística que excede el ser paisaje y símbolo para convertirse en espejo del mundo interior:
«Quiero sentir el hueso del agua con la lengua.
Seguir la caravana de las hojas.
Rescatar algo vivo
entre lo que extravié
y recuerdo.»
La precisión léxica, el verso breve, la resonancia rítmica, una sintaxis de aparente sencillez marcada por el hipérbaton, una condensación verbal que recuerda por momentos a Hugo Mújica, y una adjetivación puntual e impensada, que transforma los significados de los sustantivos hacia el plano sígnico y emocional para moldear una imagen que piensa, donde la revelación brota de lo cotidiano, nos desafían en este libro. Como el agua, el amor transforma a su paso cuanto roza, por ello, este poemario traza una nueva cárcava en la poética de Marisa Martínez Pérsico y nos asomamos al desarraigo, la migración, la memoria y la identidad derivada de estos afluentes de la vida ya no como una herida viva, sino como una herida en permanente cambio de estado: isla sin raíces que vaga entre los mares.
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Autora: Marisa Martínez Pérsico. Título: Penumbra de mí en la noche. Editorial: Tanta Ceniza. Venta: Todostuslibros.


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