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Romper el vitral

El fluir emocional de una persona con trastorno bipolar se aprecia con el paso de los días. Cada sucesión es como una gota que cae una y otra vez sobre una roca, influyendo lenta pero paulatinamente en el espectro afectivo del individuo. Al principio se observa cierto retardo o lentitud en sus acciones y estados, sin ganas de moverse o comer. Con el tiempo —días o semanas— se aprecia una mejoría en su comportamiento: mayor energía y ganas de hacer cosas. Si la situación no está regulada correctamente mediante medicación, el siguiente paso, aquel que conduce al otro extremo del espectro afectivo, deriva en un individuo expansivo, con demasiada energía y vitalidad; una energía incontrolable, capaz de resultar agresiva no solo para los demás, sino también para sí mismo. Como expresa Héroes del Silencio en “Maldito duende”: «Si las estrellas te iluminan / hoy y te sirven de guía / te sientes tan fuerte que piensas / que nadie te puede tocar».

Y algo similar sucede en Inducción por shock, de Chuck Palahniuk (Random House, 2026). En esta nueva novela, el autor detrás de piezas literarias como El club de la lucha o Nana perfila una estrambótica obra, una montaña rusa de emociones que gira en torno a la influencia social, el control mental y los sucesos que acontecen en un instituto aparentemente ordinario, aquel en el que estudia nuestra joven protagonista, Samantha Deel.

Y es que Sam se nos presenta de una forma desquiciante, inmersa en una vertiginosa sucesión de acontecimientos narrados por Palahniuk. Una joven que decide ensordecer su existencia frente al mundanal ruido: uno agresivo, feroz; un ruido de tráfico, de consumismo, de hipocresía y de mediocridad fugaz. Un ruido que genera ansiedad y depresión. Para Sam, ese gesto supone un despertar: oscurecer su mundo para concebir uno nuevo. Una ruptura que, como muestra el comienzo de la narración, se simboliza en el ascenso —y el sufrimiento— hasta el vitral de una iglesia durante un funeral. Una enseñanza sobre la búsqueda de un camino, de romper con lo antaño vivido y acceder a un nuevo rumbo vital, incluso si ese futuro termina siendo el menos acertado de todos.

Porque lo que Palahniuk nos muestra en esta obra, como ya acostumbra en muchas de las suyas, es una invitación a desconfiar de la realidad establecida. A preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos. A reflexionar sobre nuestro devenir, nuestros actos cotidianos y el sentido de todo aquello que nos rodea. Un mundo cada vez más fugaz e inmediato, con menor tolerancia y mayor agresividad.

Y es que el personaje de Sam termina convirtiéndose en la personificación del espectador. Si en una vida aún joven, marcada por el acoso intrafamiliar, la pobreza y el rechazo social debido a una condición física, alguien te informase de que has sido seleccionado por una institución —Greener Pastures— para formar parte de algo mucho mayor, con la posibilidad de adquirir fortuna y riqueza, aquello que más deseas, ¿rechazarías la oferta? Una propuesta que se ha ido gestando a lo largo de tu crecimiento vital, analizando tu desarrollo infantil —físico y psicológico— mediante escalas como el Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota o el Test de Vocabulario en Imágenes Peabody, entre otras.

Aunque, ¿y si ese futuro no fuese tan brillante como promete? Ya lo advertirá esa voz —¿muerta?— del (ex)novio de Samantha. No es oro todo lo que reluce. Lo que realmente se ofrece es servir a millonarios que pujan por tu cuerpo, tu alma y tu corazón. De esta forma, Palahniuk construye una reflexión sobre el libre albedrío, sobre qué es la felicidad y qué significa la libertad, al tiempo que profundiza en problemas contemporáneos que afloran en el materialismo, el incipiente analfabetismo cultural de los jóvenes o el preocupante aumento de los índices de suicidio. Todo ello acompañado de una sardónica crítica al mercado de los ansiolíticos y los antidepresivos, sin olvidar la mercantilización del talento, donde la popularidad termina confundiéndose con autoridad y el número de seguidores adquiere más prestigio que el verdadero potencial o conocimiento de una persona.

La narración no lineal, el juego de palabras y el recurrente red herring —que va desde el análisis de la intoxicación infantil por aspirina, pasando por diversos métodos de hipnosis, hasta la aplicación histórica de la escopolamina— construyen en Inducción por shock un libro desconcertante para el lector neófito de Chuck Palahniuk, pero una lectura fascinante para quien ya ha nadado las aguas de ese terror sutil, de ese humor negro y de esos estribillos que envuelven sus letras.

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Autor: Chuck Palahniuk. Título: Inducción por shock. Traducción: Luis Murillo Fort. Editorial: Random House. Venta: Todostuslibros.

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