La poesía de Bohdán-Íhor Antónych, profundamente marcada por el asombro ante la vida y la naturaleza, fusiona elementos paganos, símbolos cristianos y un vitalismo casi místico que convierte al mundo natural en un territorio sagrado. El autor celebra los ciclos de la tierra, la energía creativa y la armonía entre lo humano y lo cósmico, construyendo un universo poético donde lo cotidiano se vuelve luminoso y trascendente.
En Zenda ofrecemos cinco poemas de Cántico sobre la indestructibilidad de la materia: Obras selectas (La Tortuga Búlgara), de Bohdán-Íhor Antónych.
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Autobiografía
En los montes, donde el sol está más cerca,
me detuve por primera vez mirando el cielo,
entonces algo extraño e ignoto despertó en mí,
y alcé la cabeza, y, verdes, las palabras llenaron mi boca.
Ahora, esté donde esté y sea cuando sea,
sigo siendo un niño ebrio con el sol en el bolsillo.
Al bajar del monte hacia el bullicio de las ciudades,
en la pobreza y el infortunio no imprequé ni maldije al destino,
contemplé en calma los huracanes de las olas adversas.
Mis canciones son un puente de viburno sobre el río del tiempo;
yo, un pagano enamorado de la vida.
*
Los cerezos
Antónych era un escarabajo y vivió antaño en los cerezos,
los mismos que poetizó Shevchenko.
¡Mi país de las estrellas, país bíblico, hermoso,
la patria florida de los guindos y el ruiseñor!
Donde las tardes son del evangelio y los amaneceres,
donde el cielo aplasta con el sol los pueblos blancos,
florecen rizados los cerezos y emborrachan,
como en los tiempos de Shevchenko, los cantares.
*
En el camino
La mañana entretejida de vientos
saltó como un niño gitano del agua,
y, bronceada, joven, gritó sobre la arena,
en su delirio.
El río —la sierpe— tiene un fondo que canta;
los vientos azotan, se ondulan,
y el día esconde la luna, una moneda vieja
en el bolsillo de la sima.
Resuena la guadaña entre el avellano,
el amplio camino retumba cual cobre.
Avanza, risueño y descalzo,
un muchacho con el sol en los hombros.
*
Copas
El fresno verde, la hoz, los caballos.
Un muchacho se pegó a la ventana.
La primavera se derrama en las copas
rojas y las copas de plata.
Y el muchacho ansía la llave
que abre las puertas de la primavera.
De pronto, un potro saltó asustado
o fue el sol que brincó en la hierba.
*
Atardecer
Las nubes se rizan sobre el prado,
ovejas que apacienta la luna.
Entre las hierbas brotan las muchachas
para el deleite de los jóvenes traviesos.
Los bueyes clavan sus cuernos
en el sol que sangra.
Los campos se enrojecen y la tarde
supura como una herida.
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Bohdán-Íhor Antónych (Nowica, 1909-1937) es un poeta y literato ucraniano que, en tan solo seis años de creación, logró consolidarse como una de las voces más singulares y enigmáticas del panorama nacional. Su vida estuvo marcada por la guerra, la migración y el anhelo de una Ucrania libre: un horizonte que en su obra trasciende lo político para convertirse en un canto de amor a la vida y a la naturaleza.
Antónych habita la frontera entre la Europa del Este y la Occidental, tanto territorial como literariamente: se formó leyendo a los grandes nombres de literatura europea, cuyas influencias se entrelazan con su sensibilidad ucraniana, creando un universo único. Se lo ha comparado con Whitman, Thomas, Rimbaud y Lorca. Lo llaman «poeta-místico» y «tejedor de mitos». Él mismo, lejos de buscar reconocimiento, se definió como «un pagano enamorado de la vida».
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Autor: Bohdán-Íhor Antónych. Título: Cántico sobre la indestructividad de la materia: obras selectas. Traducción: Salomea Slobodian. Editorial: La Tortuga Búlgara.


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