Los habitantes del planeta Lagash, que gira alrededor de seis soles y siempre está iluminado, incendian su civilización y la reducen a cenizas cada dos milenios. Nadie sabe por qué. Sus astrónomos deducen la existencia de una luna que cada 2.049 años eclipsa el único sol visible en ese momento: entonces debe de ocurrir algo tan terrorífico como para que la gente trate de remediarlo encendiendo fuegos. Es Anochecer, un relato de Asimov que leí de chaval, en el que brota la pulsión autodestructiva: en vísperas de otro eclipse, los astrónomos intentan registrarlo para que en el futuro entiendan lo que va a ocurrir, no caigan en el pánico y no lo destruyan todo hasta los cimientos, pero la muchedumbre sospecha de ellos, los considera herejes, inductores del cataclismo, y pega fuego al observatorio con todos sus datos y sus mentes dentro.
Después de Asimov, amplié mis conocimientos de la ciencia cósmica con Monty Python: “Y por eso sabemos que la Tierra tiene forma de plátano”, explica un sabio medieval. “Estos nuevos conocimientos me maravillan”, responde el rey Arturo, “explicadme cómo evitáis los terremotos con vejigas de oveja”. En Móstoles escuché las canciones de animación del Flat Earth Fútbol Club: con la música del “que viiiva España” cantaban “la Tieeerra es plana”, insultaban a la NASA y llamaban actornauta a Pedro Duque; y el dueño del club, uno de esos futbolistas que últimamente se hacen tan populares con sus revelaciones sobre el cosmos, veía con disgusto cómo sus jugadores debían patear los balones impuestos por la ideología esférica en lugar de patear pizzas.
Este miércoles asistiremos a un eclipse total de sol en plena temporada de incendios voraces (¿casualidad?). La revista Nature cuenta que unos tristes científicos copian contrarreloj las bases de datos de enfermedades, clima y agricultura que Trump va borrando. Y un meteorito vuela con un 1,2% de posibilidades de chocar con la Tierra en 2032: besaremos patas de conejo, invocaremos a Tutatis y degollaremos toros propiciatorios de buena ganadería para que caiga en Pamplona, contra el Planetario convenientemente incendiado en 2025 que ahora están reconstruyendo sin ningún respeto.


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