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Inés Palou, la pionera olvidada

Inés Palou, la pionera olvidada

Imagen de portada: fotograma de la película ‘Carne apaleada’ (Javier Aguirre, 1978)

Inés Palou Ros (Agramunt, 1923 – Gelida, 1975) procedía de familia burguesa, tenía formación académica y trabajaba llevando las cuentas en una fábrica de harinas. Era la encargada de llevar la doble contabilidad de la empresa, una práctica habitual entonces en el sector, y de sobornar a los inspectores. El fraude salió a la luz y fue acusada y condenada por estafa y falsedad documental. Entró en la cárcel. Todavía estaba la dictadura franquista y en este contexto convivió con jipis extranjeras, gitanas, presas comunes, políticas e incluso con militantes de ETA.

En 1975 la editorial Planeta publica su novela Carne apaleada, cuya trama gira alrededor de las vivencias carcelarias del personaje Berta, trasunta de sí misma, en la que da a conocer las interioridades de las prisiones de mujeres del tardofranquismo. Berta conoce a Senta, una mujer mucho más joven que ella, que ingresa en la cárcel por asesinar a su anterior pareja, una mujer de 45 años. Desde el principio las dos se atraen. De tintes autobiográficos, podemos decir que es una novela carcelaria, subgénero que en España es prácticamente inexistente y, por tanto, doblemente meritoria al ser escrita por una mujer. Solo un año antes, la novela no habría pasado la censura, al tratar temas como la homosexualidad o las drogas, lo miso que hizo en sus novelas Chester Himes en EEUU y que, harto de las críticas, terminó por marcharse, primero a París y finalmente a Moraira (Alicante), donde falleció un 12 de noviembre de 1984.

"Pedrolo (sobre todo), Fuster, Montalbán y Palou son los verdaderos padres de la novela negra en Cataluña y, por tanto, en España"

Hay que decir que solo unos pocos habían publicado en España novela negra, como Jaume Fuster, que sacó en 1972 De mica en mica s’omple la pica, impresa en castellano por Bruguera como El procedimiento; o como el inconmensurable, versátil y prolífico Manuel de Pedrolo, que además de crear y dirigir La Cua de Palla, primera colección de novela negra en catalán, escribe obras claves del género negro como Joc brut (Juego sucio / Sangre a bajo precio) en 1965 y Mossegar-se la cua (Morderse la cola) en 1968. No podemos olvidar a Manuel Vázquez Montalbán, que en 1972 publica Yo maté a Kennedy: Impresiones, observaciones y memorias de un guardaespaldas, novela en la que sale por primera vez Pepe Carvalho, pero que no es una novela negra. En 1974 se publica Tatuaje, esta sí ya estructurada como una novela negra y con un Carvalho ya ejerciendo como detective privado. Por tanto, hay que concluir que Pedrolo (sobre todo), Fuster, Montalbán y Palou son los verdaderos padres de la novela negra en Cataluña y, por tanto, en España.

Es verdad que Emilia Pardo Bazán publicó en 1911 La gota de sangre, antes incluso de que publicara Agatha Christie, en la que dio a conocer al detective Selva, personaje que se perpetuaría tiempo después en diversos relatos. Pero era un detective basado en Sherlock Holmes, deductivo, un señorito madrileño dedicado a resolver misterios y encajado, por tanto, dentro de los cánones de la novela enigma. La novela negra todavía no existía.

Es importante dejar constancia de algunos datos de títulos y escritores de los que vinieron después, que escribieron ya sin el yugo de la censura franquista y que adoptaron los cánones de la novela negra americana inventada por Carrol John Daly y Dashiell Hammett, pero adaptados a España, sobre todo a las ciudades de Madrid y Barcelona:

  • Jorge Martínez Reverte publicó Demasiado para Gálvez, primera de la saga del periodista Julio Gálvez, en 1979.
  • Andreu Martín publicó su novela Aprende y calla en 1979.
  • Juan Madrid publicó Un beso de amigo, primera de la serie de Toni Romano en 1980.
  • Julián Ibáñez publicó su novela La triple dama en 1980.
  • Francisco González Ledesma publicó Expediente Barcelona, primera de la saga de Méndez, en 1983.
  • Alicia Giménez Bartlett publica su primera novela, Exit, en 1984.
  • Mariano Sánchez Soler publica su novela Carne fresca en 1987.
  • José Luis Muñoz publica su novela El cadáver bajo el jardín en 1987.
  • Víctor Claudín publica El antro de la Buscontra en 1989.

Carne apaleada fue adaptada al cine por Javier Aguirre, con guion del propio Aguirre y Alberto S. Insúa y con un reparto en el que entre otras destacaron Esperanza Roy, Bárbara Rey y Pilar Bardem.

"Inés salió de la cárcel, pero ya no se adaptó, y terminó haciendo lo que muchos hacen: volver a delinquir. Pasó cheques falsos hasta que la pillaron"

El paso por la cárcel no dejaba indiferente a nadie. Ya no era solo la privación de libertad. Una vez condenado, te podían llevar a la otra punta del país, impidiendo que te visitaran regularmente. Por no hablar del régimen de torturas y castigos, y más en aquellos tiempos. O de la propia idiosincrasia impuesta no solo por los funcionarios, sino por los propios presos. Los débiles no sobrevivían. Y cuando te acostumbrabas, una nueva conducción y a otro penal. Vuelta a empezar.

Inés salió de la cárcel, pero ya no se adaptó, y terminó haciendo lo que muchos hacen: volver a delinquir. Pasó cheques falsos hasta que la pillaron. Su familia, excepto el padre, no quiso saber nada de ella. Además, pasó por el trauma del posterior suicidio de su padre. La crítica del momento no fue generosa con ella, todo lo contrario. Francisco Umbral o Eduardo Tijeras fueron especialmente insidiosos con ella.

Sea como fuera, después de la novela carcelaria escribió otra, que se tituló Operación dulce. Esta ya es una crook story en toda regla. Se divide en tres partes: las veinticuatro horas antes de un atraco a un banco y lo que hacen y piensan los componentes de la banda, el día del atraco, y las consecuencias del atraco sobre cada uno de los asaltantes. A estas consecuencias Inés Palou las denomina «el botín de cada cual», y son efectos tan contundentes como la nostalgia, el miedo, la vergüenza, el odio y la muerte. Cada miembro de la banda los asume en su persona como un peso imposible de librar.

"El 9 de septiembre de 1975, Inés Palou salió de su casa y a las 7.30 horas llegó a las oficinas de la Editorial Planeta. Entregó a uno de los porteros un paquete que contenía un manuscrito"

El 9 de septiembre de 1975, Inés Palou salió de su casa y a las 7.30 horas llegó a las oficinas de la Editorial Planeta. Entregó a uno de los porteros un paquete que contenía un manuscrito y una carta que iba dirigida indistintamente al señor Borrás o al señor Pujol. En la carta la escritora declaraba que tenía una deuda con su casero de cien mil pesetas y que había estado pasando cheques falsos. Unos días después se recibió una segunda carta en la editorial, esta vez dirigida a José Manuel Lara. En ella, entre otras cosas, podía leerse «Piense que con mi muerte le sirvo en bandeja de plata el boom editorial del año. Valórelo con Carne apaleada y Operación dulce. Piense en un Premio Planeta a título póstumo. Sensacional». La carta no solo no aclaraba las circunstancias expuestas en la primera misiva, sino que aumentaba el secreto y las dudas, ya que a esas alturas nadie sabía dónde estaba Inés Palou. Hubo que esperar unos días para acabar con la incertidumbre. En la mañana del 9 de septiembre una mujer que viajaba en el tren con destino a Lérida se apeó en la parada de Gelida. Se alejó unos metros de la estación y cuando se aproximaba un tren se tiró a las vías en un momento en el que el maquinista ya no tuvo tiempo para reaccionar. El cuerpo quedó irreconocible. Hasta el día 15 de septiembre no se pudo dar fe de que el cadáver era el de la escritora Inés Palou.

Inés Palou terminó sus días de una manera trágica, marcada por su experiencia carcelaria y aterrada por tener que volver a ingresar en prisión. No lo soportó. Carne apaleada agotó varias ediciones y ha sido reeditada en 2023 por Colectivo Bruxista. Operación dulce fue finalista del Premio Planeta de 1975, se siguió vendiendo y puede que haya una novela póstuma sin publicar. José Manuel Lara aseguró en una entrevista que existía, que se titulaba Una mujer cualquiera y que le habían pagado a la autora un adelanto de cincuenta mil pesetas. Probablemente estará perdida en un archivador. Esperemos que no esté perdida para siempre. Y esperemos que se publique y que Inés Palou consiga el mérito y el honor que sin duda merece como pionera de la novela negra española.

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