Inicio > Blogs > Ruritania > Ceuta, encrucijada de mares e historia

Ceuta, encrucijada de mares e historia

Ceuta, encrucijada de mares e historia

En tiempos de debate apresurado, observo que Ceuta suele aparecer únicamente como un problema contemporáneo, asociado casi siempre a la inmigración. Sin embargo, basta con abrir el mapa y leer la Historia para comprender que su condición española no nace de una coyuntura reciente, sino de una trayectoria que atraviesa siglos. Antes de discutir el presente, conviene mirar el pasado que lo sostiene. No se puede olvidar que siempre fue un enclave codiciado por los pueblos del Mediterráneo.

Ceuta no apareció en el mapa hace unas décadas; lleva más de tres mil años mirando al Estrecho.

Y quizá convenga recordarlo precisamente ahora, cuando algunos pretenden explicar el presente ignorando el pasado.

Ceuta no necesita argumentos políticos para justificar su actual condición española. Tiene algo mucho más poderoso: la Historia.

Las Columnas de Hércules

Comencemos por el principio, aunque el origen de Ceuta se pierda en la noche de los tiempos.

"Basta con mirar un mapa. Europa a un lado. África al otro. El Mare Nostrum detrás. El Atlántico delante. Y en medio, Ceuta"

Para los antiguos, el estrecho de Gibraltar era el confín occidental del mundo conocido. Allí estaban las Columnas de Hércules, asociadas al Peñón de Gibraltar y al monte Hacho de Ceuta. La identificación concreta de ambos accidentes ha sido objeto de distintas interpretaciones, pero la tradición clásica convirtió aquel lugar en una frontera simbólica; más allá comenzaba el océano desconocido.

La mitología griega relacionó las Columnas con el décimo trabajo de Heracles, Hércules para los romanos, a quien la tradición atribuyó la apertura del paso entre el Mediterráneo y el Océano.

No hace falta creer en el héroe y semidiós para comprender la importancia de aquel lugar.

Basta con mirar un mapa. Europa a un lado. África al otro. El Mare Nostrum detrás. El Atlántico delante. Y en medio, Ceuta.

La historia de la ciudad es, en buena medida, la crónica de esa llave estratégica y comercial del Estrecho.

De Abyla a Septem Frates

Los restos arqueológicos documentan una presencia humana antiquísima y permiten situar la llegada de los fenicios durante el primer milenio a.C. Aquellos navegantes incorporaron el enclave a las grandes rutas comerciales mediterráneas. Después llegaron los cartagineses y, finalmente, Roma.

Es entonces cuando aparece uno de los nombres fundamentales de la ciudad: Septem Fratres, los Siete Hermanos, denominación relacionada tradicionalmente con las siete colinas del territorio.

Roma incorporó Ceuta a la Mauretania Tingitana y, más tarde, en el periodo imperial, la vinculó de una manera provisional a la Bética Hispánica.

"El Estrecho no constituía entonces una barrera entre dos mundos aislados. Septem formaba parte de un espacio romano en el que las relaciones entre ambas orillas eran constantes"

Es preciso ser rigurosos: no podemos llamar “española” a la Ceuta romana porque España como Estado todavía no existía. Lo que sí estaba establecido por los romanos era Hispania como provincia de Roma. Pero sí podemos señalar una circunstancia histórica de enorme trascendencia.

Bajo el emperador Diocleciano, a finales del siglo III la Mauretania Tingitana, a la que pertenecía Septem, quedó incorporada administrativamente a la Dioecesis Hispaniarum, junto con las provincias de la Península y Baleares. La vinculación entre ambas orillas del Estrecho adquiría así también una expresión institucional dentro del Imperio romano.

No trato de convertir retrospectivamente a la Ceuta romana en una ciudad española, algo históricamente incorrecto. Se trata de comprender que el Estrecho no constituía entonces una barrera entre dos mundos aislados. Septem formaba parte de un espacio romano en el que las relaciones entre ambas orillas eran constantes.

Roma dejó además una huella que sobrevivió a la desaparición del Imperio de Occidente. Sus habitantes continuaron con la actividad pesquera y la elaboración del garum, la apreciada salsa de pescado romana. Cambiaron los gobernantes, pero la ciudad permaneció.

Cuando Roma cayó, Ceuta siguió mirando hacia Hispania

Los vándalos, uno de los pueblos protagonistas de las llamadas “invasiones bárbaras” que contribuyeron al final del dominio romano occidental, ocuparon Ceuta y el norte de África en el siglo V. Después llegarían los bizantinos.

El emperador Justiniano quiso recuperar territorios que habían pertenecido al Imperio romano de Occidente, y sus tropas ocuparon, durante varias décadas del siglo VI, Ceuta, el norte de África, el Levante y el sur de Spania. La ciudad del monte Hacho adquirió de nuevo una extraordinaria importancia estratégica. Desde ella se controlaba el Estrecho y se mantenían conexiones comerciales con las posesiones bizantinas.

"Conoció periodos de dependencia y otros de autonomía, y mantuvo una intensa actividad comercial y política con ambas orillas del Estrecho"

En esos tiempos, los visigodos, señores de parte de Spania, comprendieron su valor. El rey visigodo Teudis intentó conquistarla a mediados del siglo VI, aunque la expedición fracasó y Ceuta permaneció bajo dominio bizantino hasta la conquista de la ciudad, vinculada tradicionalmente a la controvertida figura del conde don Julián.

No hace falta convertir aquellos episodios en una epopeya nacional. Basta con entender lo que revelaba todo aquello: desde la Antigüedad tardía, Ceuta estuvo integrada en un tablero político, uno de cuyos referentes permanentes era la Península Ibérica.

Sabta y el mundo islámico

A comienzos del siglo VIII el islam alcanzó Ceuta. La ciudad pasó a denominarse Sabta y quedó incorporada al mundo musulmán.

Durante siglos fue gobernada por diferentes poderes norteafricanos y andalusíes. Conoció periodos de dependencia y otros de autonomía, y mantuvo una intensa actividad comercial y política con ambas orillas del Estrecho.

Hay que decirlo claramente, porque la historia no gana nada ocultando aquello que no encaja en una determinada tesis.

Ceuta fue musulmana durante siete siglos

Como en el caso de España, tampoco es correcto convertir esa realidad en una prueba retrospectiva de su pertenencia al actual Marruecos. El mundo medieval no conocía los Estados nacionales del estilo de los contemporáneos, ni las fronteras que hoy dibujamos sobre los mapas. Diferentes dinastías y poderes —omeyas, bereberes, almorávides, almohades, benimerines y otros— ejercieron sucesivamente su dominio sobre la ciudad.

Ceuta estuvo vinculada también al califato de Córdoba y, durante un breve periodo del siglo XIV, al reino nazarí de Granada, hasta regresar al dominio benimerín con la inestimable ayuda de la Corona de Aragón. Esa situación duraría, con distintas vicisitudes, hasta 1415.

1415: Portugal cruza el Estrecho

El 21 de agosto de 1415, una expedición portuguesa dirigida por el infante Enrique el Navegante, hijo del rey Juan I de Portugal, conquistó Ceuta. Comenzaba una etapa que duraría más de doscientos años. Portugal comprendió que aquella ciudad era mucho más que una posesión africana: constituía un reducto estratégico frente al Estrecho y una puerta hacia las rutas comerciales mediterráneas y atlánticas.

En 1580 se produjo la crisis sucesoria portuguesa y Felipe II incorporó la Corona de Portugal a la Monarquía Hispánica. Durante seis décadas, ambas coronas permanecieron unidas bajo un mismo soberano. Ceuta continuó jurídicamente vinculada a Portugal, aunque integrada en aquella monarquía compuesta.

De esa etapa surgiría uno de los acontecimientos fundamentales para comprender su actual condición española.

Los ceutíes decidieron no seguir vinculados a Portugal.

En diciembre de 1640, Portugal se rebeló contra Felipe IV y proclamó rey al duque de Braganza, Juan IV. Comenzó así el proceso que conduciría a la recuperación de la independencia portuguesa.

"El Tratado de Lisboa de 1668 puso fin a la guerra entre España y Portugal, reconoció la independencia portuguesa y dejó definitivamente Ceuta bajo soberanía de la Monarquía española"

Los ceutíes, sin embargo, permanecían fieles a Felipe IV. No estamos ante una interpretación moderna ni ante una simple leyenda patriótica: la documentación histórica recoge que la ciudad no secundó la revolución portuguesa y que posteriormente solicitó, libre y voluntariamente, su incorporación a la Corona de España.

En 1656 Felipe IV confirmó los fueros, privilegios y exenciones de Ceuta dentro de sus reinos. El proceso culminó, bajo el reinado de Carlos II, con el Tratado de Lisboa de 1668, que puso fin a la guerra entre España y Portugal, reconoció la independencia portuguesa y dejó definitivamente Ceuta bajo soberanía de la Monarquía española.

Tres siglos y medio de razones jurídicas dan forma a un poderoso argumento histórico

Desde 1668 han transcurrido más de tres siglos y medio de persistencia de la soberanía española, que puede seguirse a través de las ratificaciones recogidas en las sucesivas constituciones, tratados internacionales y leyes redactadas a lo largo de los años.

1812: Ceuta en la España Constitucional

Más de un siglo después del Tratado de Lisboa, la Constitución de Cádiz de 1812 proporcionó un nuevo testimonio. Su artículo 10, dedicado a definir el territorio español, incluía la Península, sus territorios e islas adyacentes y «las demás posesiones de África». Ceuta no aparecía citada nominalmente en la redacción definitiva, pero quedaba comprendida entre estas últimas.

"El dato resulta significativo: en 1812 no se discutía si Ceuta pertenecía a España, sino cómo integrar políticamente a sus habitantes en el nuevo sistema constitucional"

La cuestión aparece de forma todavía más explícita en los trabajos preparatorios de las propias Cortes. Cuando se discutió la enumeración de los territorios integrantes de España se hizo referencia expresa, en la costa africana, a «la Plaza de Ceuta», junto con Melilla, el Peñón de Vélez y Alhucemas.

No nos encontramos, por tanto, ante una interpretación realizada dos siglos después. Las Cortes que estaban construyendo constitucionalmente la nación española consideraban a Ceuta territorio español.

También se planteó la representación política de sus habitantes. Su reducida población dificultaba que dispusiera de un diputado propio conforme a los criterios electorales establecidos, por lo que sus intereses quedaron vinculados a la representación gaditana.

El dato resulta significativo: en 1812 no se discutía si Ceuta pertenecía a España, sino cómo integrar políticamente a sus habitantes en el nuevo sistema constitucional.

1860: el sultán de Marruecos Mohammed IV reconoce la soberanía española

Tras la Guerra de África de 1859-1860, España y el sultanato de Marruecos firmaron el Tratado de Paz y Amistad de Wad-Ras, suscrito en Tetuán el 26 de abril de 1860. No cabe hablar de una norma interna española, sino de un tratado internacional que obliga a sus firmantes.

El acuerdo amplió los límites territoriales de Ceuta y ratificó los acuerdos relativos a Melilla, el Peñón de Vélez de la Gomera y Alhucemas. Su articulado se refiere a territorios sometidos a la soberanía de la reina de las Españas y obliga al sultán marroquí a hacer respetar por sus súbditos los territorios situados bajo esa soberanía.

Este dato posee una considerable fuerza jurídica e histórica: casi un siglo antes de la creación del moderno reino independiente de Marruecos, el poder soberano situado al otro lado de la frontera suscribía un tratado con España reconociendo y delimitando territorios sometidos a soberanía española.

1873: la Primera República Española defiende la soberanía

La continuidad vuelve a aparecer durante la I República Española.

El proyecto de Constitución Federal presentado a las Cortes Constituyentes en 1873 establecía en su artículo 2: «Las islas Filipinas, de Fernando Poo, Annobón, Corisco, y los establecimientos de África, componen territorios que, a medida de sus progresos, se elevarán a Estados por los poderes públicos».

Ceuta y Melilla se encontraban comprendidas entre aquellos establecimientos españoles del norte de África.

"Durante la dictadura franquista de 1939-1975, Ceuta mantuvo el estatus de municipio español vinculado administrativamente a la provincia de Cádiz"

El dato no permite vincular la soberanía sobre Ceuta exclusivamente a una determinada concepción monárquica del Estado español. También el proyecto constitucional de una república federal contemplaba los establecimientos africanos como territorios sometidos a soberanía española.

La Constitución federal de 1873 nunca llegó a promulgarse y carece, por tanto, del valor jurídico de una constitución vigente, pero conserva valor como testimonio histórico de la concepción territorial de quienes intentaban construir una nueva organización federal de España.

Un antecedente jurídico posterior, ya con pleno valor, lo aporta la Constitución de la República Española de 1931, que dice en su artículo 8º: “El Estado español, dentro de los límites irreductibles de su territorio actual, estará integrado por Municipios mancomunados en provincias y por las regiones que se constituyan en régimen de autonomía. Los territorios de la soberanía del Norte de África se organizarán en régimen autónomo en relación directa con el Poder Central”.

Durante la dictadura franquista de 1939-1975, Ceuta mantuvo el estatus de municipio español vinculado administrativamente a la provincia de Cádiz.

El actual Congreso de los Diputados, al estudiar los antecedentes constitucionales de Ceuta y Melilla, cita el artículo 2 del proyecto de 1873 como precedente de su tratamiento constitucional.

Se podía discrepar de la forma del Estado, no importaba que fuera monarquía o república, pero no se discutía la soberanía española de Ceuta.

Marruecos y una frontera mucho más reciente

Aquí cabe establecer una distinción que suele perderse en el debate.

Marruecos posee una historia muy anterior a su actual Estado independiente. Hubo reinos, sultanatos, tribus y distintas dinastías norteafricanas mucho antes de 1956. Pero una cosa es la historia secular de esos territorios y otra el nacimiento del Estado de un Marruecos independiente y contemporáneo.

"Durante generaciones sus habitantes han vivido bajo las leyes españolas, participando en sus instituciones y formando parte de la vida política de la nación"

En 1956, en pleno proceso de descolonización africana, Marruecos recuperó su independencia.

Ceuta llevaba entonces 288 años bajo soberanía española, sin contar los vínculos políticos, administrativos, militares y religiosos anteriores a esa fecha.

Por eso resulta históricamente problemático presentar a Ceuta como una colonia europea surgida del reparto de África y pendiente de descolonización. Su trayectoria histórica y jurídica fue distinta de la de los territorios africanos administrados por las potencias europeas que accedieron a la independencia después de la II Guerra Mundial.

La soberanía española, además, no descansa únicamente sobre un documento antiguo. Durante generaciones sus habitantes han vivido bajo las leyes españolas, participando en sus instituciones y formando parte de la vida política de la nación.

Ceuta y la descolonización de Naciones Unidas

En 1960, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Resolución 1514 (XV), «Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales», uno de los grandes marcos internacionales del proceso de descolonización.

Hay, sin embargo, un dato fundamental: Ceuta, Melilla y las islas Canarias no figuran en esa lista de Territorios No Autónomos de Naciones Unidas sometidos al proceso de descolonización.

Formulémoslo con precisión. La Resolución 1514 no se pronunció específicamente sobre la españolidad de Ceuta y Melilla ni sentenció expresamente su situación. Pero su ausencia de la lista constituye un elemento relevante para diferenciar su situación de los territorios formalmente sometidos al proceso de descolonización de Naciones Unidas, como, entre otros, son El Sáhara Occidental, Gibraltar o las islas Malvinas, que sí figuran en la mencionada relación objeto de descolonización.

La Constitución de 1978 y la representación propia

La Constitución Española de 1978 mantuvo esa permanencia y abrió además la posibilidad de que Ceuta y Melilla se constituyeran en entidades autónomas, proceso que culminaría en 1995 con la aprobación de sus respectivos Estatutos de Autonomía como Ciudades Autónomas.

La Ley Orgánica 5/1985 del Régimen Electoral General establece que, para las elecciones al Congreso, cada provincia constituye una circunscripción electoral y contempla expresamente a Ceuta y Melilla como circunscripciones propias.

La diferencia con 1812 resulta significativa. Entonces Ceuta encontraba dificultades para disponer de representación propia debido a su población y al sistema electoral de las Cortes gaditanas. Hoy constituye su propia circunscripción para las elecciones generales.

Dos siglos separan ambas situaciones, pero existe un hilo conductor: los ceutíes forman parte de la representación política de España.

Ceuta, frontera exterior de Europa

Existe todavía un último elemento que traslada esta continuidad histórica, política y geográfica al ámbito europeo.

Cuando España ingresó en las Comunidades Europeas el 1 de enero de 1986, Ceuta quedó integrada en el marco comunitario con las particularidades derivadas de su régimen específico.

"Su situación actual se incorpora así a una trayectoria histórica en la que se suceden tratados internacionales, antecedentes constitucionales, representación parlamentaria e integración europea"

Posteriormente, la incorporación española al espacio Schengen estableció un régimen especial para Ceuta y Melilla debido a su situación geográfica y a las características de sus comunicaciones con Marruecos y la Península. La frontera terrestre y marítima entre Ceuta y Marruecos constituye, de este modo, una frontera exterior de la Unión Europea.

Ceuta es hoy, por tanto, una ciudad española y europea situada geográficamente en África. Una circunstancia que no resulta excepcional en el orden internacional, donde son numerosos los Estados que ejercen su soberanía sobre territorios fuera de su espacio continental principal.

Su situación actual se incorpora así a una trayectoria histórica en la que se suceden tratados internacionales, antecedentes constitucionales, representación parlamentaria e integración europea. Elementos distintos, pertenecientes a épocas también distintas, pero que permiten seguir la evolución política y jurídica de la ciudad hasta nuestros días.

Consideraciones finales al margen del relato histórico

Como señalé en el preámbulo metodológico, que abre estas páginas, este artículo pretende ser únicamente un somero esquema de la historia de Ceuta y de los hechos y documentos que, a lo largo de los siglos, acreditan la pervivencia de la soberanía española sobre la ciudad. Para culminar este ensayo y dar la información más completa debo enumerar las tres razones fundamentales que argumenta el Reino de Marruecos sobre su derecho a la soberanía sobre Ceuta y Melilla.

El reino alauita fundamenta sus reivindicaciones sobre las Ciudades Autónomas en tres argumentos. Primero en razones históricas; segundo en razones geográficas y tercero en la consideración de ambas ciudades como vestigios coloniales cuya descolonización habría quedado pendiente tras la independencia marroquí de 1956, añadiendo el paralelismo con Gibraltar.

"Mi propósito sigue siendo más limitado: exponer los antecedentes históricos que permiten comprender cómo Ceuta ha llegado hasta nuestros días"

Respecto al primer argumento: está sobradamente fundamentado con anterioridad a quien pertenece la soberanía por razones históricas y jurídicas. Respecto al segundo, la continuidad o pertenencia geográfica no constituye, por sí misma, un título de soberanía. Numerosos Estados ejercen legítimamente la suya sobre territorios que se encuentran en distintos continentes, como Francia, Estados Unidos o Dinamarca, etc. La geografía, por tanto, no determina la soberanía ni puede prevalecer por sí sola sobre los fundamentos jurídicos que la sustentan. Respecto al tercero: me remito a lo ya dicho respecto a la resolución de Naciones Unidas.

Hecha esta precisión, tampoco pretendo trasladar al pasado controversias propias del presente. Mi propósito sigue siendo más limitado: exponer los antecedentes históricos que permiten comprender cómo Ceuta ha llegado hasta nuestros días.

Las Columnas siguen allí

Hay algo profundamente simbólico en todo esto. En el escudo de España aparecen las Columnas de Hércules desde el siglo XVI, cuando Carlos I las incorporó a su heráldica. Una tradición secular las identifica con las dos orillas del Estrecho: Gibraltar y Ceuta, frente a frente, en aquel lugar que durante siglos fue considerado el límite del mundo conocido. Y siguen allí.

Ceuta permanece. Hoy, como hace mucho más de tres mil años, sigue asentada en el norte del continente y mirando a la Península de la fue desgajada por Hércules. Tras la frontera no existe únicamente un conflicto contemporáneo: hay treinta siglos de Historia. Y cuanto mejor se conoce esa Historia, más difícil resulta reducir Ceuta a una disputa del presente.

Abyla, Septem, Sabta, Ceuta —o como la queramos llamar— no necesita que nadie le fabrique una identidad. La tiene. Es africana, mediterránea, atlántica, española y europea.

——

Nota del autor:

Este artículo no pretende construir ninguna tesis política ni reinterpretar la Historia, sino ordenar hechos, documentos y continuidades que atraviesan tres milenios. Algunas ideas reaparecen de forma deliberada para no perder el hilo de un relato. Las cuestiones políticas, migratorias o sociales exigen otros enfoques y otras páginas. Aquí, simplemente, dejo hablar a la Historia.

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios