Fernando Marías, el origen
La noche del 30 de mayo de 2017 escuché a Fernando Marías narrar una increíble historia en un sótano de La Latina, un local abovedado y tenebroso con paredes de ladrillo visto, una antigua carbonera del siglo XVII. Ante un público expectante, éramos pocos y resultaba clandestino, pormenorizó las vicisitudes que había sufrido la publicación de su novela breve Esta noche moriré [1], las escasas ventas y su extraña desaparición de las librerías en poco tiempo. Un libro maldito, inencontrable. Él lo achacaba, sin duda, a que denunciaba la manera de actuar de la Corporación.
Su relato nos sobrecogió y, al terminar, me acerqué, casi no nos conocíamos en esa época. Lo vi inquieto; entre sombras, miraba constantemente a la entrada, se sentía observado. No os puedo revelar lo que hablamos esa madrugada, yo también correría peligro, pero a partir de entonces compartimos en secreto noticias de prensa sobre obras de arte desconocidas que aparecían en trasteros, viejas librerías, desvanes o monasterios abandonados. Le animé a publicar la historia completa, pero se negó, ya había hecho suficiente, así que le pedí permiso para ser yo el que la transmitiera. Me lo dio, no sin antes advertirme del lugar en el que me metía. Otros autores lo habían intentado antes, pero solo habían descubierto retazos de la verdad [2].
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Este es un fragmento de mi novela No te fíes de ellos, que acabo de publicar en HarperCollins.
A él le había sorprendido Círculos porque no respetaba las leyes de la novela negra tradicional, y yo le expliqué que por aquel entonces no era lector de ese género y no conocía bien los códigos. Desde el primer encuentro nos entendimos y se ofreció para presentarla en el festival Celsius de ese año. Conocí también a Rosa Masip, con la que Fernando organizaba diversas actividades culturales y con la que después también he colaborado.

En el festival Celsius. Foto de Rosa Masip.
A partir de ahí hablamos a menudo, pergeñamos diversas colaboraciones, algunas ideas para series de televisión y un viaje temático por Atapuerca basado en mi segunda novela, La huella del mal, que frustró la pandemia.
Pero volvamos a esa noche en la que le vi subido al escenario, recitando el monólogo basado en su novela corta Esta noche moriré. Yo ya la había leído, y me había descolocado esa historia en torno a una venganza sofisticada y casi imposible. Sobre las tablas, el relato todavía cobraba más fuerza: la mezcla entre realidad y ficción, que tan bien manejaba Fernando, resultaba fascinante, y esa organización clandestina que lo tenía amenazado por difundir sus secretos y que podía acabar con su vida en cualquier instante.
Como narro al final de No te fíes de ellos, le insistí en que desarrollara más la idea sobre la orden oculta que trafica durante siglos con obras de arte, aunque ya se hubiera publicado en un libro de relatos firmado por varios autores. Pero Fernando estaba centrado en otros proyectos. Fue entonces cuando le planteé la posibilidad de escribirlo yo, en ese momento, como serie de televisión. Le entusiasmó la propuesta y acordamos una cesión de derechos. A partir de ese día intercambiábamos las noticias de prensa sobre la aparición de obras de distinto género en antiguas librerías, desvanes o trasteros.
Llegué a trabajar en un primer boceto del proyecto junto a la guionista Mónica Martín-Grande. Se lo presentamos y le gustó mucho. Pero se me cruzó la escritura de otra novela, alguna serie de televisión, y el concepto se quedó perdido en un cajón. Seguía quedando con Fernando de vez en cuando, alguna charla conjunta en la Universidad, cafés por mi barrio y el suyo, y montones de proyectos para colaborar que nunca vieron la luz, porque murió en febrero del año 2022.
Como a todos los amigos y familiares, nos impactó su inesperada desaparición, sobre todo tras publicar Arde este libro, una reflexión íntima sobre su relación de pareja marcada por el alcoholismo en los años 80 y 90.
Pasó un cierto tiempo, otra novela, El olor del miedo, y la adaptación a largometraje de La huella del mal, que me retrasó mi actividad literaria más de un año. Y al plantearme mi siguiente libro, saqué del cajón aquellos apuntes basados en la Corporación.
Lo primero que hice fue llamar a Laure Merle, la agente literaria de Fernando de entonces, que me explicó que estaba retirada, y me remitió a Roberto Domínguez Moro. Le llamé, hablamos, y me puso en contacto con los hermanos: Luis, guionista y compañero de profesión, y Ana Cristina. Fueron encantadores conmigo, conocían mi planteamiento y les emocionó que lo desarrollara en homenaje a Fernando. Actualizamos el contrato, me dieron todo tipo de facilidades, y me puse manos a la obra.
La idea original era increíble, y sentí gran responsabilidad al acometerla; había que construir una historia compleja y milimetrada para sustentarla. Durante el proceso cambié mi intención original y varié la trama: debía considerar que el lector, probablemente, no conociera a la Corporación, ni su modus operandi.
Por eso decidí que el lector se adentrase en el misterio según leía las páginas.
De qué va No te fíes de ellos
(Sinopsis editorial)
En los icónicos talleres de restauración del Museo del Prado, Irene Llamas, la joven y brillante directora, se enfrenta al mayor reto de su carrera: autentificar un lienzo inédito de la serie del 2 y el 3 de mayo de Goya. Lo que no imagina es que está a punto de descubrir un inquietante secreto que puede sacudir el mundo del arte internacional… si decide sacarlo a la luz.
Apenas unas horas después, la estrella del pop mundial Emcy es asesinada en el backstage de su esperado macroconcierto. Lola Baltanás, la inspectora de humor corrosivo e instinto infalible a cargo del caso, sospecha que, tras lo que parece un crimen pasional, se ocultan motivos mucho más oscuros y peligrosos.
Dos casos sin aparente conexión. Dos mujeres dispuestas a arriesgar su vida para descubrir una red de conspiraciones, manipulación y luchas de poder. Una única salida: no confíes en nadie.
Antes de ponerme con el desarrollo, me tomé un café con Espido Freire para contarle mi intención e intercambiar puntos de vista sobre la obra de Fernando. Desde ese encuentro, somos nosotros los que nos enviamos mutuamente artículos de las obras de arte que afloran sin una explicación clara.
Para la trama de la aparición del Goya en el Museo del Prado necesitaba una amplia y precisa documentación. Tengo la fortuna de que mi mujer, Susana Pérez, es la directora de restauración del Museo Thyssen-Bornemisza, lo que me facilitó detallar los procesos técnicos necesarios para autentificar una obra (análisis químico, luz ultravioleta y rasante, rayos X, etc.).
Pero necesitaba adaptarlos al caso concreto de Goya y a la serie de lienzos del 2 y el 3 de mayo. Para ello conté con la colaboración de la restauradora Almudena Sánchez y, sobre todo, de Laura Alba, la experta en rayos X del Museo del Prado. Gracias a ella pude conocer los análisis que se habían realizado sobre las obras existentes y así adecuar mi historia a la fabulación de que se analizase en la pinacoteca una supuesta tercera pintura perteneciente a la serie. Descubrir secretos gracias las radiografías, conocer los pigmentos utilizados por el maestro, su manera de preparar las telas y de aplicar la pincelada fue un proceso apasionante. Pero quizá lo que más me sorprendió fue Aracne, un programa informático desarrollado por Laura junto al ingeniero Juan José Murillo que analiza el patrón vertical de los hilos de los tejidos y nos da informaciones tan relevantes como que dos obras hayan pertenecido inequívocamente a un mismo lienzo cortado por la mitad, algo que utilicé en la trama.

En el taller de restauración del museo Thyssen-Bornemisza @danielrios
También fueron imprescindibles mis conversaciones con la experta en Goya Gudrun Maurer sobre la personalidad del artista, alejada de la idea que se tiene de un loco que pintaba poseído.
La documentación no solo se centraba en estos procesos técnicos, sino en la multitud de obras de todo tipo que han aparecido de manera inquietante o han sido robadas durante la historia, y no solo pinturas: el Salvator mundi de Leonardo Da Vinci, el cuadro más caro jamás vendido; el Retrato de un hombre joven, de Rafael Sanzio, robado por los nazis en la ocupación de Polonia y que todavía no ha reaparecido; el Ecce Homo de Caravaggio, que actualmente cuelga de las paredes del Prado y del que se ha rodado un interesante documental. Pero también una nueva canción de Jim Morrison encontrada más de cincuenta años después de su extraña muerte a los veintisiete (a la misma edad que otros artistas como Jimi Hendrix, Janis Joplin, Kurt Cobain, Amy Winehouse o Basquiat) o los manuscritos inéditos de Kafka…
La novela fantasea con otras obras que pudieran existir, como el Réquiem de Mozart, que conocemos inconcluso por el fallecimiento del autor, en una versión completa, o La expulsión de los moriscos de Velázquez, quemada en el incendio del Real Alcázar de Madrid en el siglo XVIII.
Para entender la manera de actuar de la Corporación necesitaba sumar un caso actual: lo centré en el asesinato de la estrella pop Emcy, trasunto de Miley Cyrus. Así se demostraba que la organización secreta continuaba viva en el presente.
Todo ello con un fondo conspiranoico, una realidad con presencia constante en redes sociales. Muchos de los ejemplos que encontramos son absurdos, como el terraplanismo y las vacunas que insertan chips; y otros de manipulación política grave, como los videos falsos sobre inmigración que fomentan la xenofobia. Cuando una persona acepta esos datos tergiversados es como si entrara en la madriguera del conejo de Alicia en el País de las Maravillas: a partir de ahí se creerá cualquier noticia que le proponga ese grupo de poder con intereses no siempre tan evidentes.
En ese caldo de cultivo quedan ocultos otros complots que sí son ciertos y de los que poco sabremos, como los papeles de Epstein o las intervenciones de potencias extrajeras en distintos procesos electorales. Pero seguro que hay más que no salen a la luz, enmarañados por tantas fake news.
Uno de mis objetivos con la novela era mantener ese juego de realidad mezclada con la ficción que tanto le gustaba a Fernando y que me ha llevado a hacer un guiño con el personaje del ministro dimitido, Max Utiel, que recuerda sospechosamente a mi querido Máximo Huerta (con su debida autorización).
Solo me queda por proponer a los lectores que sean ellos los que prosigan con la investigación, y que me manden los artículos que encuentren sobre obras aparecidas de manera misteriosa. Pero es mi deber recordarles que tengan cuidado. Nos vigilan.
La única pena que me queda es no ver a Fernando disfrutar de este juego.
Y como él decía: si me pasa algo, si muero esta noche, vosotros, todos vosotros, tendréis la prueba definitiva de que la Corporación existe.
Madrid, ya 2026.
***
[1] Alrevés Editorial (1996).
[2] Historia secreta de la Corporación, relatos de Elia Barceló, Fernando Marías, Juan Bas, Constantino Bértolo, Vicente Luis Mora, Marta Rivera de la Cruz, Lorenzo Silva y José Carlos Somoza, 451 Editores (2008).
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Autor: Manuel Ríos San Martín. Título: No te fíes de ellos. Editorial: HarperCollins. Venta: Todos tus libros.



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