Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Miércoles, 9 de septiembre de 1936: El Comité de No Intervención
Azaña conversaba por teléfono con su cuñado.
—Mal, no te puedo decir lo contrario, Manolo. ¿Te mantiene informado la embajada de lo que ocurre en Londres?
—A diario. Hoy mismo he hablado con nuestro nuevo embajador, Pablo de Azcárate, de la primera reunión de ese vergonzante Comité de No Intervención.
—Aquí la comidilla sigue siendo el paripé lamentable que están haciendo Inglaterra y Francia. Los que vienen de París cuentan que cuando fuimos a pedir aviones este verano a Léon Blum, este, en el jardín del Hotel Matignon, aceptó de inmediato. Pero bastó que pasara por la embajada británica para que los ingleses pusieran el grito en el cielo. Allí le dijeron que de no suscribir el convenio de No Intervención, Londres retiraría su compromiso de defender la frontera con Alemania y se consideraría libre de las obligaciones contraídas en el pacto de Locarno. Ha sido un ultimátum del Foreign Office, Manolo.
—Lo sé, Cipri. ¡Qué cosa más lamentable! Además, en el peor momento. Londres sabía perfectamente que la defensa de Irún era esencial. Y, justo en su fase más crítica, los camiones con armas y municiones para los defensores dejan de pasar por el puente internacional. Los franceses lo clausuraron en el último momento. Lo que Mola no había podido conseguir, lo ha logrado el Pacto de No Intervención. Dicen que en Irún muchos republicanos han quemado sus casas antes de huir con sus pertenencias hacia la frontera.
Azaña se mostró entristecido. Como afrancesado, era un trago amargo verse traicionado por sus aliados naturales. Y, peor, tener que echarse en brazos de ese antipático y soberbio Rosenberg. Ahora lo tenía a diario en palacio, husmeando en cualquier asunto, medrando a ojos vista. Sabía que si Cipriano pudiera ver cómo estaba Madrid, se deprimiría. En la propia puerta de Alcalá habían tenido que poner, en el arco central, un cartelón con el rostro de Stalin, flanqueado en los arcos laterales por retratos de Litvínov y Voroshílov, comisarios rusos de Exteriores y Defensa. Todo para dar gusto a este embajador insoportable que le gestionaba la llegada del armamento soviético.
—¿Y cómo se ha resuelto lo de Londres, Manolo?
—Como se esperaba, Cipri. Han asistido representantes de todos los países europeos a excepción de Portugal, que descarta participar en el pacto hasta que no se prohíba el envío de voluntarios. Por supuesto, ni la República ni los militares rebeldes han sido invitados. Ha sido nombrado presidente del Comité un conservador, Clive, se llama, y uno de sus funcionarios, un tal Francis Hemming, secretario. La reunión se ha celebrado en el Foreign Office. Según mis informes, Ciano, el ministro de asuntos exteriores italiano, tiene instrucciones de Mussolini de dar al Comité un carácter puramente platónico. Eso da el tono. Gran Bretaña dice que no apoyará políticamente ni con armas a los sublevados y obliga a Francia a hacer lo mismo. Vamos, que una de cal y otra de arena.
—Es una farsa, Manolo. Italia, Alemania, y también Portugal, ayudan descaradamente a Franco.
—Lo sé, Cipri, pero ¿qué podemos hacer? Nos niegan la posibilidad de armarnos legalmente. Eso nos ha costado la caída de Irún y, en breve, según dice Largo Caballero, posiblemente la de San Sebastián.
—¿Tan mal van las cosas?
—Peor de lo que nunca imaginamos. El Comité de No Intervención nos ata las manos a la espalda. No nos queda otra que aceptar la ayuda de Rusia. Nunca pensé que Inglaterra y Francia, sobre todo Francia, con el Frente Popular en el Gobierno, nos pudiera hacer esto… Es una infamia, Cipri.


Lo que sería una farsa es que Gran Bretaña, que apoyó a los blancos, moviese un sólo dedo en ayuda de quien se ha echado en manos de los “rojos”.
En cuanto a Francia, en palabras de Churchill seguía mandando en secreto aviones pese al “lamentable” estado de su aviación…
Además de eso advierte de que la opinión pública británica estaría más a favor de Alemania que de la URSS, en caso de tener que decidir en qué lado posicionarse y eso para él, que fue siempre el impulsor de la política de rearme contraria al apaciguamiento le parecía una derrota.
Si las “democracias abandonaron a la república…” fue pq la república había abandonado la democracia hacía tiempo.
Algunos afirman que ya no había más remedio que echarse en manos soviéticas, yo pregunto:
Acaso no lo hicieron desde el principio?