Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Lunes, 14 de septiembre de 1936: El oro de Moscú
Tráeme otro vodka, camarada.
Ahora se lanzaba a interpretar un foxtrot que provocó un remolino desenfrenado cuando, de pronto, de entre los bailarines, apareció un hombre sudoroso.
—Salut —dijo en francés.
Era André Malraux. Nada más estallar el conflicto, el novelista había convencido al presidente Blum para organizar una escuadrilla de aviones —cuatro bombarderos, catorce cazas— que el Gobierno francés puso a disposición de los republicanos españoles. Hacía dos meses que la escuadrilla, cuyos pilotos eran mercenarios, estaba al servicio del Ministerio de la Guerra y realizaba misiones en Extremadura y en el frente del Centro.
Malraux, en mangas de camisa, sudoroso, con ojos brillantes, se parecía poco al intelectual concienzudo y trajeado que había dado su conferencia en el Ateneo meses atrás. La excitación de la guerra resultaba contagiosa. Al principio alguno de sus pilotos pidió venir con su mujer y se le había negado. Hoy casi todos bailaban emparejados con españolas.
Malraux, entre sus compatriotas, mantenía cierta compostura, aunque no tanta como esperaba Koltsov. El ruso, por alguna razón, le despreciaba: le irritaba ese tic del cuello, la falta de control sobre su cuerpo. Pero sobre todo disfrutaba del prestigio de tener la confianza de Stalin. Por su parte, Malraux procuraba seducirle y no perdía ocasión de intentar sonsacarle lo que se pensaba en Moscú. Hoy, además, Koltsov estaba solo (su inseparable Vladímir Gorev no lo acompañaba) y llevaba alguna copa de más.
—¿Por qué estás brindando?
—Brindo por el oro de Moscú —dijo Koltsov. Y sonrió, disfrutando del interés que provocaba—. Me refiero a las quinientas sesenta toneladas que he visto hoy mismo cargar en un tren que salía desde la estación de Atocha.
—Nadie me ha dicho nada al respecto.
—Lo he visto con mis propios ojos, camarada. Hoy mismo se presentó un destacamento de carabineros en el Banco de España. Ya han salido de la estación de Atocha las primeras diez mil cajas camino de Cartagena.
Ese convoy iba fuertemente custodiado, porque había llegado anarquistas de Barcelona pidiendo su traslado a Cataluña. Como el Gobierno se negó, había quien rumoreaba que García Oliver y Durruti planeaban asaltar por las bravas el Banco de España.
—¿Y adónde lo llevan? He oído que París lo reclama como pago por su ayuda militar. Estate quieta, ¿no ves que estoy hablando? —dijo Malraux, volviéndose hacia la miliciana que le reclamaba para otro foxtrot.
—Por el momento se queda en Alicante. París lo reclama, es cierto. Pero también el embajador de mi país trabaja para que llegue a Moscú. Me temo —Koltsov vació la copa de un trago— que os hemos ganado la partida. Anda, baila con tu chica, disfruta de la noche. Bebe lo que quieras, que pago yo. —Y se volvió hacia el camarero. Dejó un puñado de billetes sobre la barra—. Lo que beba el camarada francés va por cuenta mía.
—O por cuenta del oro de Moscú —precisó el francés.
—O por cuenta del oro de Moscú, efectivamente.


Se sentían orgullosos, me imagino, se llevaban el oro porque si no Durruti…
Pero ya sabemos, Franco y sus secuaces…
La pregunta no es ¿Cómo ha quedado el Betis? …
La pregunta es:
¿Por qué esa obsesión con el oro que pervive en el tiempo?
Prieto, Negrín, Zapatero, Solbes…
Esa es la puñetera pregunta.
Por cierto, Largo con esa decisión ya había dejado de serles útil, pronto lo comprobaría.
Nada menos que en 1970 fue retirado de la circulación el libro oficial “El Banco de España. Una historia económica”, porque en él el economista Joan Sardá aseguraba que el oro se había gastado legítimamente para pagar las armas entregadas a la República por la Unión Soviética, desmontando así el mito franquista.
Historiadores como Ángel Viñas o Enrique Moradiellos han considerado que el envío del oro a la URSS fue la única opción viable ante el avance de los sublevados y la No-intervención de las democracias occidentales, lo que permitió la supervivencia de la República.
Pero usted siga con sus historietas a ver si cuelan.
No sé a qué historietas se refiere, porque yo no he contado ninguna, sólo la verdad de los hechos.
Por cierto hay un dicho muy certero que dece así:
“Compra y vende en casa y harás casa”
Stalin debía conocerlo muy bien puesto que él tasó el oro y puso precio a las armas…
Claro que Viñas y Moradiellos son expertos en contar…cuentos lo mismo que Solbes a quien las cuentas se le volvían cuentos…
Lo que no cuela es esa pasión exacerbada por procurar lo ajeno que tienen tantos y tantos “camaradas”
Saludos.
En mi opinión el historiador más exhaustivo en el tema del oro de Moscú es Francisco Olaya Morales, léalo y compare sus investigaciónes con los dos que ud reseña… saludos
Ángel Viñas ni siquiera es historiador. Stalin se hizo pagar en oro, por adelantado y al precio que le convino. Estafó al Frente Popular, le vendió mucho material obsoleto junto a material realmente valioso. De hecho, pese a gastar la mayor parte de la cuarta reserva de oro del mundo, el Frente Popular apenas logró una ligera supremacía material. Franco negociaba plazos, precios y entregas, y compró (casi siempre a crédito) material de primera. Ésa es la diferencia.
La mala gestión que hizo de sus recursos, muy superiores en principio, le llevaron a la derrota. Los milicianos se pusieron un sueldo de 10 pesetas, mientras el soldado nacional cobraba tres. La producción en zona del FP cayó en picado y hubo cartilla de racionamiento desde muy pronto, aunque tenía la mayor parte de la producción de cereal y de ganado. En el invierno de 1938, el Ejército Popular ni siquiera tenía mudas de ropa. No sabían gestionar y empezaron a darle a la impresora de billetes, así que tuvieron una inflación desbocada.
Las 10 pesetas de sueldo diarias se las pusieron solo los anarquistas, no para todos los milicianos.
Muchas armas se podían comprar con todo el oro de un país, como para tres guerras…..una pobre excusa
Uno de los primeros grandes robos de la izquierda en España…y 90 años después continúan en su línea.
PARTE de ese oro se fue a Francia ( 80.000 kilos) , y otra a Mejico para que las elites se mamaran la gran vida sin tener que trabajar.
Que le pregunte a Indalecio prieto porque se nego a inventariar el tesoro del yate Vita, cuando llegó a México y se lo birló a Juan Negrin
Entre ellos se robaban, más o menos como hoy en día entre la banda de Pepino y Zapatero y la de Abalos… pero ya se sabe: el que roba a un ladrón…
Efectivamente, mi abuelo materno fue uno los componentes de ese destacamento de carabineros que se presentó en el Banco de España para vigilar el traslado del mencionado oro. Y desconocía el destino de los fondos.