Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Viernes, 14 de agosto de 1936: El horror de Badajoz visto desde el presente
Hoy, en el noventa aniversario de la caída de Badajoz, me vais a permitir que hable del controvertido asunto de los fusilamientos de la plaza de toros.
El texto es pura propaganda bélica, con la intención de preparar a los madrileños a la resistencia contra las tropas de Yagüe. Eso no quita que se apoya en las crónicas periodísticas de los tres corresponsales que visitaron la ciudad el día después de su toma.
Los tres estuvieron en Badajoz y fueron escoltados durante su visita. Lógicamente, los tres resaltaron las decenas, incluso centenares de cadáveres en las calles. Jacques Berthet, en Le Temps, cuenta que «los arrestos y ejecuciones en masa continúan en la plaza de toros». Mário Neves, en el Diário de Lisboa, escribió que la plaza había sido bombardeada, que en ella se veía un carro blindado entre multitud de cadáveres. Y cuando volvió al día siguiente, porque en Portugal corría el rumor de fusilamientos masivos, afirmó que aunque allí esperaban docenas de prisioneros a que los ajusticiasen, la plaza de toros no tenía un aspecto diferente del día anterior. Su conclusión fue que el rumor de fusilamientos masivos era infundado. Los cadáveres que vio eran los mismos de la víspera, aunque, eso sí, en su crónica describe, como detalle crudo, el humo blanco y denso en forma de pequeñas columnas que se expandía por el cielo proveniente de la quema de unos, calcula, trescientos cadáveres.
En cuanto a las cifras, en ninguno de los reportajes aparecen los cuatro mil muertos de que habla Jay Allen. Tampoco ninguno tuvo la repercusión internacional del americano. Berthet habla de mil doscientas ejecuciones. El historiador Paul Preston de dos mil. El controvertido Pío Moa cifra las víctimas de Badajoz, basándose en datos del estudioso Sánchez Marroyo, entre quinientas y mil quinientas hasta fin de año, incluyendo muertos en combate y ejecuciones posteriores. Tampoco parecen creíbles los arabescos literarios con los que el fantasioso periodista de La Voz adornó los fusilamientos: banda de música y parafernalia, bajo los acordes de la Marcha Real y el himno de Falange, ante tres mil espectadores.
Lo innegable es que hubo centenares de fusilamientos ese catorce de agosto, y los días siguientes. El propio Yagüe declaró que no podía permitirse avanzar con su tropa dejando vivos a sus espaldas miles de enemigos potenciales.
Pero que fueran ejecutados en un ambiente de fiesta ya me parece un elemento de fantasía goyesca, vinculado a esa crueldad ibérica siempre tan presente en el imaginario norteamericano.


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