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La originalidad es una horterada

La originalidad es una horterada

Se anuncia la clausura de un zoo y se abren las puertas de las jaulas, pero sus moradores no tienen ninguna intención de marcharse. Además, aún no han comido. Así arranca esta divertida y lisérgica fábula contemporánea.

En este making of Ánjel María Fernández explica cómo escribió Rey Elnó (Pepitas).

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Rey Elnó nace inspirado en la lectura de un relato de Rachid Lamarti y de la envidia que sentía al escuchar a un par de amigos que andaban enredados en la escritura de sendas novelas. A cada tanto, Jorge Olivera, Ignacio Miranda, Chús Arellano y yo nos reunimos en el Neila, un bar madrileño, a charlar de nuestras cosas, y hubo un tiempo en que la alegría y las cuitas que se desprendían de las explicaciones que Jorge e Ignacio nos trasladaban a Chús y a mí me movieron a querer esa felicidad.

Rey Elnó viene de mis primeros ejercicios literarios, en los que una serie de animales copaban mi imaginación en algo parecido a un quiero y no puedo que, ojalá esta vez, haya conseguido salvar con las herramientas que el aprendizaje del oficio me ha procurado en las últimas tres décadas: un sí quiero que me tiene matrimoniado con la escritura. Digamos que el novio aquel escribe con las armas del esposo de hoy.

"A mi editor le gusta creer que Rey Elnó está emparentado de algún modo con La Fontaine, Samaniego y Wenceslao Fernández Flórez. No le negaré el gusto"

Rey Elnó le debe todo a mis primeras lecturas de Augusto Monterroso y del Cortázar más lúdico. Le debe mucho a que no entendiera apenas ni me conquistaran —fuera de esa magia de El Aleph— los cuentos de Borges, que hojeé sin provecho alguno, y que me condujeron tiempo más tarde, gracias a Dios, a la poesía de Borges, que leí completa varias veces, y entre cuyos prólogos fui encontrando verdaderas obras maestras.

Le debe algo Rey Elnó a la pasión que despertaron en mí los juegos que proponen las vanguardias históricas. Si uno debe ser vanguardista a los diecisiete años y debe dejar de serlo a los dieciocho, yo he vuelto, por un libro y un rato, a mis diecisiete, de modo que esta novela es un homenaje a aquel deseo juvenil y también una parodia de este deseo y de mí mismo.

Rey Elnó bebe de la fuente de las Historias de Obaba y de las nivolas de Unamuno. No se parece mucho a Abel Sánchez ni a Amor y pedagogía, pero me gusta creer que viene de allí tanto como de Niebla.

"Rey Elnó aspira a lo que no se puede aspirar, a sabiendas de que no hay nada original ni en mis deseos ni en lo que hago, pues de todos es sabido que la originalidad es una horterada"

A mi editor le gusta creer que Rey Elnó está emparentado de algún modo con La Fontaine, Samaniego y Wenceslao Fernández Flórez. No le negaré el gusto. Tampoco desdiré a mi editorial cuando anuncia que Rey Elnó es la cara B de El rey León, una versión psicodélica del clásico que, modestamente, creo no haber visto, escuchado ni leído. Todo lo que hago es siempre desde la ignorancia. No obstante, debo decir —ahora que nadie nos oye— que en algún momento pensé que en vez de una novela estaba escribiendo un musical, pero es solo porque los personajes cantan temas de Antonio Vega, Jarcha y Family, y clásicos de Raffaella Carrà, Mina, Adriano Celentano y Edith Piaf.

También pensé, aunque no se lo dije a nadie, en un juego de palabras según el cual lo que el lector encontrará ante sí cuando abra las páginas de Rey Elnó es una novilette, una novela-motocicleta que uno puede leer desnudo y sin casco, en un desvergonzado verano continuo. Dicho todo lo cual, mi ambición en realidad no aspira ni al magisterio de Monterroso, Cortázar, Unamuno o Bernardo Atxaga ni al de La Fontaine, Samaniego y Wenceslao Fernández Flórez, sino a escribir como torea Diego Urdiales, como jugaban al fútbol Zidane y al básket Magic Jhonson; aspira mi ambición a escribir una novela igual que un disco de Björk o de Perrate, a contar una historia como lo hacen Alauda Ruiz de Azúa o Pilar Palomero, a que el lector baile en mis párrafos como Israel Galván.

Rey Elnó aspira a lo que no se puede aspirar, a sabiendas de que no hay nada original ni en mis deseos ni en lo que hago, pues de todos es sabido que la originalidad es una horterada.

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Autor: Ánjel María Fernández. Título: Rey Elnó. Editorial: Pepitas. Venta: Todos tus libros.

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