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Crónica del nacimiento de una novela

Crónica del nacimiento de una novela

El hallazgo inesperado de un arcón con material inédito de Federico García Lorca (cartas, fotografías, esbozos de un diario íntimo…) lleva al narrador de esta historia a descubrir nuevos aspectos del devenir poético y amoroso de este hombre libre. Una oda a la ternura.

En este Making Of, Manuel Avís explica cómo escribió Déjame que baile (Cabaret Voltaire).

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Escribir una novela es inundarse. Sentir todas las imágenes, cada idea, palpitando en derredor como abejas centelleantes, extraordinariamente ruidosas; una galaxia en cada recuerdo, y el largo aliento de la imaginación —siempre joven y desnuda (fue Federico quien le dio estos adjetivos)—.

He escrito las escenas de Déjame que baile como quien se deshace de un objeto que quema.

"Lo más justo y coherente, lo más honesto, puesto que siempre he llevado un diario personal en que se transparentan todos mis procesos creativos, era transcribir algunos de los fragmentos de dicho diario"

El proceso de creación y escritura de este libro se distingue abruptamente de todos los que he escrito. A menudo, necesito estar zambullido en la creación de una novela durante años. Terminé un manuscrito en 2024 que me llevo tres años y medio de dedicación, y en su momento no me pareció mucho. Pero Déjame que baile irrumpió en mi vida como un impulso y un instinto irrenunciables. Nunca he sentido atravesar mi cuerpo a una escritura tan exaltada, ágil, urgente, indesmayable.

Aferrarme al amor alcanzable de una novela. Es lo que para mí da verdadero sentido a la vida.

Cuando recibí la propuesta de la revista Zenda de contar cómo había sido el proceso de escritura de este libro, supe desde el primer momento que lo más justo y coherente, lo más honesto, puesto que siempre he llevado un diario personal en que se transparentan todos mis procesos creativos, era transcribir algunos de los fragmentos de dicho diario, el espejo más fiel de los días felices en que viví invadido por la vida de Federico García Lorca.

Me gustaría, antes de dar paso a este diario, condensar aquí cuatro líneas de reflexión, cuatro asertos, cuatro principios que han guiado mi experiencia de escritura:

  1. Escribir siempre a partir de lo que emana afecto. Los sentimientos más profundos, más vitales.
  2. El proceso debe liberar felicidad. No se escribe para sufrir. «La obra es signo de felicidad», escribió Proust.
  3. Toda novela es una carta de amor.
  4. La novela moderna es compasión y comprensión –así lo demostró George Eliot, una de sus voces fundacionales–.

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El diario es un instrumento que revela la propia conciencia sumergida. El diario inaugura el pleno dominio de un tiempo interior. Es un repliegue de la vida para, en esa otra cara, en esa doblez, poder entenderla, esclarecerla, componerla, registrarla, medir sus fuerzas, consignar nuestra dignidad y nuestra esperanza, armarnos de sentido.

Fragmentos del diario íntimo de Manuel Avís

18 de agosto de 2025 

89 años desde su asesinato.

Ojalá verle vivo. Su fantasma tibio y palpitante. Me diera un largo abrazo.

24 de agosto de 2025

Habíamos reservado esta mañana a Federico: la Huerta de San Vicente, la Fundación FGL, con algunos manuscritos expuestos, y el vía crucis Víznar-Alfacar.

31 de agosto de 2025

Una semana desde nuestra visita a Granada. Esa noche, hace siete días, empecé a escribir un libro dedicado a Federico. He pasado toda esta semana trabajando en el proyecto, leyendo libros, viendo documentales…; tengo escritas 11.715 palabras. He leído más de lo que he escrito: me he preparado antes de salir a escena, y ahora siento que ultimo los pocos pasos que me separan de los verdaderos trances de escritura.

Tengo toda la estructura montada, delimitados los temas, principio y final compuestos. Voy a pegar aquí, en este cuaderno, una de las entradas a la Huerta, y pegaré la otra el día que termine este libro.

1 de septiembre de 2025

Cumpleaños de Annie Ernaux.

Le he enviado una orquídea Isler. Me escribió un correo esta mañana, con la llegada de la flor a su casa. Ha cumplido 85 años. Sigue siendo esencial, lo que hablamos en una carta, hace meses, sobre El Público.

Hay una torcedura en el árbol, y allí, donde la madera gime, las grietas revientan de brotes duros, de hojas que brillarán y verán nacer esta novela. La emoción es sentir el abrigo del álamo cada día. En cada mediodía profundo.

Siento, junto a la vida resistente de las hojas, mi compromiso de escritura.

3 de septiembre de 2025

Planes con que orientar el desorden de los próximos días: 1. preparar conferencia Jane Austen. 2. escribir con voracidad Déjame que baile. 3. el pasaje que lleva fraguándose todo agosto, para un nuevo libro, Un puñado de lirios, con la descripción del viaje inventado a Grecia. 4. hacer el artículo sobre Emilia Pardo Bazán.

5 de septiembre de 2025

Vuelvo a menudo a la tarde de ensayos de la obra de Chéjov (¿era Chéjov o Turgueniev?), hace once años, cuando, en una sala vacía, M. y yo nos besamos, tras una puerta, largo rato. Una felicidad demasiado frágil, demasiado breve.

¿Cuál fue el primer beso de Federico? ¿Le dejó una herida, como a mí?

7 de septiembre de 2025

Luna de sangre. Un eclipse lunar total. Lo he sentido. Saturno, muy cerca de la luna llena.

Me he dedicado por completo al libro sobre Lorca. Hoy, dos semanas desde que empecé este libro. 18.087 palabras. Será una semana hermosa, aguardan fragmentos muy esperados, la llegada de la escritura a Víznar. Embebido como estoy de Federico, me siento acompañado por él. Me digo que tengo que ser íntimo y audaz con este texto. Atreverme a recrear su voz.

14 de septiembre de 2025

Las velas de mi embarcación siguen firmes. 22.064 palabras.

19 de septiembre de 2025

Acaso estemos condenados, los escritores, a creer morir de nostalgias.

21 de septiembre de 2025

25.160 palabras en Déjame que baile.

Necesidad de tener siempre una vela encendida (espino blanco, el olor del enamoramiento en los textos de Marcel Proust) mientras escribo este libro.

28 de septiembre de 2025

Todo el día escribiendo.

31.765 palabras.

Escribir la novela ahora es una inundación. Me flechan las escenas, las imágenes. Qué gran alivio estar fuera del mundo, y ampliarlo desde dentro, aumentar sus dimensiones, su reverberación.

30 de septiembre de 2025 

Día extraño, día de duelo, porque ayer terminé la revisión completa del manuscrito. Está todo prácticamente hecho, arranque, medio y final. Quiero terminar de releer todas las cartas, raspar de ellas algunas esquirlas de su realidad, y tengo haciéndose nueve fragmentos que incorporaré, pero la sensación de, en el fondo, haber llegado al final del viaje con este libro me ha dejado en vilo y vacío.

Cumplo la promesa que me hice y pego la entrada, la otra entrada a la Huerta, marcando el fin de una escritura.

Conservo las viejas entradas de cuando fui de niño con mis padres y mi hermano Carlos a la casa de los Lorca. Pondré aquí una de ellas cuando incorpore esos últimos nueve o diez esbozos que respiran ya. Solo me ralentiza la lectura de las cartas, que quiero tener terminadas para dentro de dos o tres días. Recojo también las palabras: 32.523.

Tengo mucha inquietud, que interpreto como parte del duelo por el libro. Voy a leer una vez más Canciones y Suites, y Poema del cante jondo. Tenerlos muy frescos en la voz y en el alma. Es una idea que me consuela.

5 de octubre de 2025

35.779 palabras.

El deseo es el ansia de conocimiento más pura, fiel y vehemente. El primer estadio del deseo es la ternura, la humildad que un rostro despierta. Tenemos el don de poder mirar a una persona como a un dios, alumbrar su valor irrepetible.

12 de octubre de 2025

Ha empezado a llover por primera vez desde hace semanas. Alberto y yo hemos salido a la terraza aliviados, por fin la humedad, el frescor. He terminado definitivamente el libro.

15 de octubre de 2025

Sigo sumido en Federico, todo el día. Cada día. ¿me decidiré a parar de una vez e imprimir mañana el manuscrito en casa? Me encuentro rendido a su voz, ebrio, excitado, volviendo a leer sus entrevistas. A veces, una frase, una sola, me hace albergar el sueño de una novela.

Soñar en medio del mito de su vida no tiene fin.

17 de octubre de 2025

Déjame que baile: 47.344, palabras.

Alberto está imprimiéndome ahora el manuscrito.

La gardenia está preciosa, inmensa. Han brotado cuatro flores. He terminado el libro de Lorca con su olor.

Como no tenemos encuadernadora en casa, Alberto ha punzado con paciencia la margen del manuscrito en al menos cinco sitios, y luego ha cosido y atado hilo, un denso hilo turquesa, para que las páginas queden bien ensambladas. El cuidado y el cariño que ha puesto en esta tarea me hace contemplar mi trabajo a través de sus ojos. Esto me da una profunda energía.

25 de octubre de 2025

He terminado la revisión, que he hecho sobre el papel, con tinta naranja, y acabo de pasar al documento las correcciones. Esta es la ratificación de la etapa final, el libro acabado que ya existe fuera de mí. 48.048 palabras.

Por eso coloco una última fotografía en este cuaderno, la marca definitiva del fin de mi trabajo: Federico y Rafael Rodríguez Rapún. García Lorca le agarra del brazo. Están en el Hotel Reina Cristina de Algeciras en 1934, al regreso de Federico de la Argentina y el Uruguay. He pegado a su vera, como un exvoto, una tira recortada de una de las fotografías que hice a las peonías. Estoy satisfecho de lo logrado con este libro. Me ha traído felicidad, durante estos casi dos meses.

31 de octubre de 2025 

Ayer fuimos a ver Extraño río, de Jaume Claret Muxart. La película alivió algo en mí.

Me observo con 14 años y deseo que llegue la misma barca que en la película, el mismo chico.

1 de noviembre de 2025

Sopor por el antihistamínico. Tengo la obligación de varios libros por hacer, pero sigo anclado a la imagen de Federico, y en el fondo no quiero desprenderme del todo de él. Pero no avanzo, no puedo vehicular todo este anhelo fuerte que permanece estancado. Ahora se queda en mí porque no se prolonga en el cauce de la escritura y su peso es insoportable. Necesito distanciarme, pero en el último momento me aferro a él.

Ganas inmensas de volver a respirar en París.

Es muy tarde. Las cuatro de la madrugada. Trasnochar es una virtud, un don de rebeldía.

14 de noviembre de 2025

Alberto se ha quedado dormido junto a mí mientras escribo. Su respiración marca el ritmo interno de estas líneas. Acojo la alegría punzante de tener a mi lado al hombre más bondadoso, honesto, generoso y protector. Ha sido él quien me ha dado una vida extraordinaria lejos del dolor del mundo.

8 de diciembre de 2025

En el Palais Royale, pese al invierno, hay rosas que enfrentan la agresividad del tiempo y se yerguen firmes, claras. ¿Cómo reaccionaría Federico ante ellas?

9 de diciembre de 2025

Día intenso. El mejor sol de invierno en París. Cruzamos el Pont de la Concorde en nuestro camino a Orsay. Las fuentes de la plaza estaban encendidas.

El erotismo de las figuras masculinas de Sargent es como un vaho que alimenta y vigoriza. Auténtica felicidad en el museo. Fascinación ante el retrato de su amante, Albert de Belleroche, los cuadros de Venecia, el cielo estrellado de las bailaoras de flamenco. Tenían digitalizado todo un álbum de recuerdos y fotografías del pintor; en una página, los signos visibles que habían dejado unas fotografías retiradas, arrancadas, ahora desaparecidas. Me he dicho que lo que yo quiero hacer escribiendo tiene su origen en esta imagen: componer las páginas vaciadas, recrear las fotografías hechas desaparecer. Eso es exactamente lo que he querido hacer con el libro sobre Lorca. Romper esa niebla. Son inconfundibles los anillos que Sargent coloca en los dedos de su retratados. Esmeraldas y rubíes. Grandes diamantes. Me quedo prendado de los labios del doctor Pozzi. Nada te prepara para un cuadro como el suyo. Una punzante nostalgia de otro tiempo, sin memoria. Nostalgia y deseo.

Emoción ante una carta que John Singer Sargent envía a Albert de Belleroche en 1883. Me aproximo mucho al cristal; observo los pliegues del papel, la caligrafía del pintor, delicada, largos cierres en la letra final de algunas palabras. Estudio las arrugas sobre la superficie verjurada como las líneas de un mapa que lograse recomponer los vacíos del tiempo, de las voces extintas.

Al final del día, el cansancio mezcla en mi cabeza los recuerdos de la carta de Sargent y las fotografías de los manuscritos de Poeta Nueva York, que he pasado horas viendo antes de nuestro viaje a París gracias al libro de Mario Hernández de 1990 de los manuscritos neoyorquinos de Federico.

Alivio del aire fresco en la rue de Lille, al salir del Orsay. Tomamos un taxi hasta el museo Rodin. Tenemos la suerte de llegar con el sol más intenso del día, un sol sin límites que baña las esculturas. De todas, permanezco fiel a la que se llama La edad de bronce o El hombre que se despierta. Observo las grandes dimensiones del cuerpo, su desnudo. Fotografío su sexo lleno de luz. Su abdomen. Ojalá algún día mi escritura provoque esto, lo que provocan en este instante, en esta sala, la luz y la escultura del hombre desnudo. Su belleza.

Luego paseamos entre las esculturas del jardín, tan vivas como los árboles desnudos que las escoltan. Al caer la tarde, un poco más de frío y una suave tristeza producto del cansancio y la concentración de impresiones. Mantenemos sin embargo el plan de visitar la tumba de Marcel, un gesto de amor, un acto de respeto.

Alberto encuentra la pequeña capilla de la familia Hahn, muy cerca, pero casi escondida. Abro sin dudarlo la puerta. Hay una losa a la izquierda con el nombre de Reynaldo. Me gusta que desde la tumba de Marcel se vea la del hombre que encarnó el gran amor de su vida. Hay algo de justicia en el hecho de que estén tan próximos.

Pienso que Federico García Lorca debería estar enterrado junto a los hombres a los que amó. Que debería estar enterrado junto a Rafael y Juan.

10 de diciembre de 2025

Faltan siete días para que me reúna con Miguel Lázaro en la sede de Cabaret Voltaire.

Tengo muchas ganas de conocerle.

El sauce del parque Monceau estalla de amarillo. Paseamos por el Allée de la Comtesse de Ségur.

11 de diciembre de 2025 

El estanque de las Tullerías está lleno de gaviotas.

En el Palais Royale, una bruma rojiza se pegaba a los árboles desnudos, las ramas oscuras. Ese color bermejo salía irradiado de ellos. «Son las yemas de los botones florales, que existen ya para la primavera», me ha explicado Alberto, y ha sujetado una rama, bajándola con cuidado, para que viera ese botón diminuto, color magenta, que era lo que daba a la avenida la tonalidad inflamada de los extremos. Me ha dado esperanza que, pese al frío del invierno, la primavera estuviera ya pactada, asegurada, contenida, en esas lágrimas violáceas tan oscuras.

«Van a pasar cosas muy buenas, la próxima primavera», me ha asegurado. 

24 de diciembre de 2025

A Coruña. Extrañeza y pena de ver vacío el pedestal de la fuente de los deseos en la plaza de Azcárraga, la diosa desaparecida. Un chico se subió a lo alto y la arrojó al suelo. La están restaurando. Encuentro esta imagen representativa. Como si todos guardásemos el deber de mirar atrás a la historia y rehacer pedestales para las figuras desaparecidas. Pienso en Pura Ucelay, la gran amiga de Lorca.

Ayer, 23, el más hermoso mediodía de sol frente al mar, en Orzán.

25 de diciembre de 2025

Todos los días de Navidad aquí, cada año, hemos seguido la costumbre de llegar hasta la Torre de Hércules, siempre la mañana del 25. El mar estaba lleno de una espuma que al diluirse dejaba sobre el agua la trama de un papel marmolado. Me he quedado quieto siguiendo la respiración de las olas. He pedido un deseo: que Cabaret Voltaire quiera publicarme.

Una pareja de dos chicos que llegaba al faro delante de nosotros, que se abrazaba y se besó, volvió a aparecer cuando estábamos sentados en uno de los bancos de más arriba, en la colina. Vivo en el mejor tiempo posible, me digo. La fuerza del sol casi escocía en la nariz y la frente. Pienso, y se manifiestan en mí como heridas, en las dificultades que Federico encontró para poder amar libremente en medio de una sociedad cruel, la sombra alargada de la mafia santa, que es como llamaba Maruja Mayo a la Iglesia católica.

28 de enero de 2026

Nieva esta mañana, muy temprano, en Madrid; cuaja, el parque blanco, pero la luz, tan fuerte, empieza a deshacer la nieve. Son las 12:05.

Nostalgia de los cormoranes y las gaviotas de Oleiros.

22:07. Cabaret Voltaire va a publicar en septiembre mi libro sobre Lorca. Esta tarde Miguel Lázaro me llamó por teléfono (hemos estado hablando más de una hora) y me dio la noticia que aún asimilo y que me transforma, que ilumina una parte de mi realidad. «La nieve trae cosas buenas», me ha dicho Alberto, feliz. Miguel ha elogiado mucho el libro. Quiere poner todas las energías en él. «Hacer un libro hermoso», me ha dicho.

Siete meses. Faltan solo siete meses para que el libro exista.

Da muy buena suerte tener capullos de orquídeas abriendo, y hoy, junto a mí, al menos siete orquídeas han desprendido los sépalos, los labelos fucsias. Me esfuerzo en encontrar todo lo que ha participado en la gran noticia de hoy. No puedo dormir. Está lloviendo. Es la 01:49. Necesito tiempo para aceptar esto, para creerlo realmente.

Se lo he contado rápido a mis padres, que estaban felices, a mi amiga Leonor, a mi hermano

Carlos, a Alba, a Mercedes y María, a Maca.

Antes de la llamada de Miguel, que me previno 10 minutos antes, llamé a Alberto, pero en el laboratorio no había cobertura, llamé entonces a mi madre, pero no daba señal, y llamé a mi amiga Leonor, que respondió rápido (se encontraba en la calle, buscando un taxi, en medio de la lluvia). Le conté que Miguel iba a llamarme. Ella estalló de felicidad: «¡van a publicarte!». Conversar esos minutos con Leonor me ayudó a relajarme. Estaba realmente nervioso. Una voz interna me decía que fuera lo que fuese aquello que Miguel iba a comunicarme, cambiaría mi vida. 

29 de enero de 2026

Escribo a Annie para darle la noticia. Me ha respondido rápido: «¡Bravo, Manuel! ¡Es magnífico! Imagino bien lo que debes estar sintiendo. Conocí este momento hace 52 años.

Es único y para mí algo mucho más exultante que incluso el anuncio del Nobel. Vive en cada segundo. Tengo muchas ganas de poder leer tu libro en francés, pues me parece excitante tanto desde el punto de vista literario como humano. ¿Cuál es el título? La foto que me envías es magnífica, conmovedora (era una fotografía de la acequia de Aynadamar, que había adjuntado al correo). Je vous embrasse. Annie».

9 de febrero de 2026

Al final del día, necesito que todo se desvanezca en la escritura.

17 de febrero de 2026

Ya han empezado los atardeceres con arreboles (rosas vibrantes) y candilazos (rojos anaranjados que se desmenuzan).

Hoy he firmado el contrato con la editorial. Me di cuenta de la fecha (17), pues fue justo el 17 de diciembre cuando conocí a Miguel en la sede de Cabaret Voltaire, y le entregué los manuscritos.

Me gusta el título que hemos dado al libro, este verso del «Romance de la Luna Luna». Desde que Miguel me lo propuso, se ha quedado resonando en mí. Déjame que baile.

Distingue por su direccionalidad, una clara interpelación, su sencillez –es cristalino–. Me gusta la rebeldía que trasluce. También hay en él una marca de defensa, de salvaguarda de los propios deseos. Una declaración de libertad que engloba todos los ámbitos: el creativo, el afectivo, el sexual, el social, el político…

20 de febrero de 2026

Hace unos días, conversando con mi editor, Miguel, por teléfono, me salió del corazón proponerle algo, le dije: me gustaría que cuando este libro fuese una realidad, y lo tuviéramos en las manos, viajáramos a Granada, dejásemos un ejemplar sobre la tierra que media entre Víznar y Alfacar. Necesito que hagamos esto.

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Autor: Manuel Avís. Título: Déjame que baile. Editorial: Cabaret Voltaire. Venta: Todos tus libros.

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