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28 de septiembre de 1936: La reunión de San Fernando

28 de septiembre de 1936: La reunión de San Fernando

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Lunes, 28 de septiembre de 1936: La reunión de San Fernando

Pese a que algunos presentes y principalmente el general Cabanellas pretenden posponer la decisión, os diré mi parecer, que es también el de Yagüe, Millán Astray y Orgaz, y es que sería una barbaridad perder el momento por las razones expuestas —dijo Kindelán—. Y ahora me permito leeros los cuatro artículos a acordar, que son los siguientes. Primero: «Todas las fuerzas de tierra, mar y aire que colaboran o colaboren en el porvenir a favor del Movimiento, estarán subordinadas a un mando único, que desempeñará un general de división o un vicealmirante». Segundo: «El nombrado se llamará Generalísimo y tendrá la máxima jerarquía militar, estándole subordinados los militares y marinos de mayor categoría». Tercero: «La jerarquía del Generalísimo llevará anexa la función de jefe de Estado mientras dure la guerra, dependiendo del mismo como tal, todas las actividades políticas, económicas, sociales, culturales, etc». Cuarto: «Quedan derogadas cuantas disposiciones se opongan a ello». Como veis, son términos sencillos. No entiendo vuestras reticencias.

—Yo me opongo al principio general, y al parecer soy el único —dijo Cabanellas—. Lo acordado fue siempre una dirección colegiada de las operaciones. Dicho lo cual, me sorprende que el general Mola también se oponga…

"Hay suficientes diferencias en el asunto para postergar la decisión sobre la jefatura del Estado durante las próximas semanas. ¿Por qué no votamos el grado de Generalísimo y aplazamos el resto?"

—No me malinterpretes, Cabanellas —replicó Mola—. Solo me opongo a la cuestión de la jefatura del Estado. Me parece prematuro decidirla. Fuera de ello, siempre he defendido el mando único, y reconozco que Franco tiene más crédito y es mejor diplomático que cualquiera de los demás. Yo estaría dispuesto a firmar los otros tres puntos sin problemas. Pero me desconcierta el añadido.

—A ti y a todos —sonrió Queipo de Llano—. No obstante, hasta Cabanellas me da la impresión de que ya ha aceptado la política de hechos consumados.

—Te agradecería, querido Queipo, que no hablaras por mí. Tengo suficientes canas en la barba como para expresarme por mí mismo. Creo haber aclarado mi postura, que según veo no es compartida por nadie. De ahí mi resignación. Preferiría mantener la dirección colegiada, eso es todo.

—Sea por una u otra razón, lo evidente es que hay suficientes diferencias en el asunto para postergar la decisión sobre la jefatura del Estado durante las próximas semanas —propuso Mola—. ¿Por qué no votamos el grado de Generalísimo, que era lo previsto, y aplazamos el resto? ¿Quién está de acuerdo conmigo?

—Yo —dijo Cabanellas.

—Yo —dijo Queipo.

"Entiendo vuestra resistencia a cederle el mando político a Paco. Pero olvidáis que ha conseguido el apoyo de Alemania e Italia"

—Esperad —dijo Kindelán—. Entiendo vuestra resistencia a cederle el mando político a Paco. Pero olvidáis que ha conseguido el apoyo de Alemania e Italia. Eso nos da el dominio aéreo imprescindible para ganar la guerra. Y al ser el menos comprometido políticamente es quien puede ser más neutral cuando haya que buscar una salida negociada al final de la guerra. Sin olvidar que, como dice Juanito Yagüe, de escoger a otro es posible que los legionarios no estén de acuerdo. Sin el Tercio, no somos nada. Franco es el único que pone de acuerdo a todos.

—Todos sabemos cómo es Juanito, cuando se pone —se burló Queipo de Llano—. Si le dejamos, está dispuesto a proclamar a Franquito por las bravas hoy mismo.

—Queipo, no saques de quicio las cosas.

—Yo no saco nada de quicio. Yo hablo claro, eso es todo. Y hay cosas que deben decirse. Porque a lo mejor Badajoz ha sido importante, y también lo hecho por Mola en el norte. Pero de no tener el camino abierto por Sevilla, amigos, no se habría logrado nada y no habría funcionado ese maravilloso plan de Mola, tan meticulosamente preparado, que ha acabado, todos lo hemos visto, como el rosario de la aurora.

—Queipo, por favor. Sabemos el valor que has demostrado en Sevilla con tan pocos medios. Pero el debate no es ese. Y lo que dices de Juanito es imposible y absurdo. Nadie quiere ni puede imponer aquí nada manu militari, cuando tú eres quien controla Andalucía, y entre Mola y Cabanellas el norte. Esto no es ningún trágala. Aquí de lo que se trata es de que triunfe el desinterés personal, el patriotismo. Yo también tendría algo que decir en esta cuestión. Pero me obligo a dejar de lado mis propios intereses y apoyo a Franquito, como espero que hagáis los demás, porque sencillamente es la mejor opción en estos momentos —zanjó el asunto Kindelán—. No podemos salir de aquí sin haber decidido esta cuestión, de modo que, si os parece, propongo comer primero todos, y luego tomar la decisión definitiva.

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Aguijón
Aguijón
7 horas hace

Las reticencias de los tres republicanos frente al monárquico Kindelán eran evidentes en cuanto a dejar en manos de Franco la jefatura del Estado, pero después los monárquicos también las tendrían.
Lo cierto es que el argumento en favor de Franco fue el mismo en los dos casos:
Sólo él tenía el consenso de todos, con matices, pero de todos, y después de ganar la guerra bajo su dirección nadie pudo discutirlo.
El hecho es que el “movimiento” era tan heterogéneo como el frente popular pero, a diferencia de éste, hubo quien supo embridar esos mimbres para conseguir hacer el cesto.