Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Martes, 20 de octubre de 1936: Habla el brigadista John Cornford
Nuestra historia, compañeros, es parecida a la vuestra. Somos afiliados al Partido Comunista británico y así lo dijimos en la oficina de reclutamiento de París, donde había veinte camaradas más, entre polacos, franceses e italianos. Y antes, en los andenes de la estación de Orsai, vimos decenas de trabajadores con gorro y macuto. Nos miraban con curiosidad, no hacía falta que saludasen con el puño en alto para que el corazón se nos calentase.
»El resto lo habéis vivido también: el viaje en barco desde Marsella y la recepción en Barcelona por parte del comité local que nos entrenó, pese a que en mi caso no hizo falta, pues ya estuve los meses de verano luchando con las milicias del POUM en Aragón. Allí coincidimos con los primeros italianos antifascistas: gente morena, locuaz, expresiva y risueña, que hacen lo que nosotros, solo que menos lacónicamente.
»Pese a las dificultades del idioma, intimamos con alguno en tren hasta Valencia. Y también expliqué a mis compañeros que esa especie de francés nasal que hablaban era catalán. ¿Que por qué vuelvo, me preguntáis? Pues porque cuando vine por mi cuenta en verano pude comprobar el nivel de desorganización en el frente, el mal armamento y la instrucción insuficiente.
»Ya lo habéis visto: cuatro movimientos absurdos y casi nada de lo imprescindible, que es el manejo de las armas. Pronto entendí que el POUM, a diferencia de los anarquistas, carece casi por completo de armamento. En el frente me tocó un rifle Máuser proveniente de la Primera Guerra Mundial, con cartuchos mexicanos. Después comprobé en las trincheras el escaso número de enemigos necesarios para, con apenas un par de ametralladoras, mantenernos a raya.
»Eso me hizo pensar que si lograba juntar en Inglaterra un puñado de buenos hombres disciplinados podríamos mejor las cosas. Y aquí me tenéis. Yo, compañeros, estoy orgulloso de haber llegado hasta Albacete desde mi Cambridge natal, demostrando que se puede romper con las raíces de clase y vivir plenamente entre proletarios luchando por la misma causa.
»Dado el escaso nivel de preparación, pienso que los británicos formaremos un grupo que marcará diferencias. Por eso yo, un estudiante que trueca las aulas de Cambridge por la guerra, regreso con mis camaradas londinenses del Partido Comunista británico para reforzar y a ser posible dirigir el frente antifascista.
»De entre todos, mis mejores amigos aquí son Bernard Knox, hombre de Cambridge como yo, y John Sommerfield, novelista proletario en ciernes, que es no solo el más alto del grupo, sino también el más leal que conozco. Ellos todavía no se creen que estemos aquí con brigadistas como vosotros, a punto de empuñar las armas contra los fascistas. ¡Muera Franco, compañeros!


Era hijo de un catedrático de Cambridge, de una buena familia del país que mejor representaba el colonialismo y el capitalismo. Pero vino a España, un país de segunda comparado con el suyo, un destino romántico y exótico, a tener un poco de acción. Aquí murió y fue enterrado. Descanse en paz.