Aunque nada se diga del escritor en la contraportada o en las solapas del libro, Miguel Ángel Ruiz es autor, además de la presente obra, de una novela muy celebrada por los lectores y los críticos, titulada Almenara, aparecida hace un par de años: un auténtico derroche de buena prosa y de lirismo evocador con el que este veterano y prestigioso periodista aguileño se daba a conocer, de manera tan brillante, en el terreno puramente creativo.
Aunque sea inevitable la aparición de vocablos de carácter técnico, como “anoxia” o “eutrofización”, no por ello se trata de un libro destinado tan sólo a ecologistas y expertos en la materia. De hecho, Miguel Ángel Ruiz no puede evitar, en ocasiones, la nota subjetiva, manifestando su dolor y su perplejidad ante unos hechos que con tanto tino relata, al margen de las inevitables cifras y de las consiguientes estadísticas que ilustran aún mejor sus palabras. Así sucede, por ejemplo, en el capítulo titulado, precisamente, “Anoxia”, fechado el 12 de octubre de 2019, tres años antes de que se produjera la llamada “Sopa verde”. Ahí se refiere, con detalle, a esa particular expresión de los peces, “que despierta compasión”, con los ojos estáticos y la boca abierta: “Ese último gesto les humaniza (…). Contemplar esa imagen escalofriante hiela la sangre”.
Desde el punto de vista estructural, se trata de secuencias bien medidas, con una fecha al frente que va variando según las necesidades de la narración, con constantes saltos en un tiempo de ida y vuelta, sin que ello suponga ningún caos para el lector. El diario se inicia el 27 de mayo de 2016, y concluye, con un “Epílogo”, en septiembre de 2026, diez años después de la aparición de la Sopa Verde, a la espera de lo que pueda suceder con un mar herido de muerte, casi al borde de la extinción, en sus últimos coletazos y postreras bocanadas, como esos mismos peces que trataron en su día de huir de un mar en llamas al que ya no le quedaba ni una gota de oxígeno.
Miguel Ángel Ruiz está en posesión de unos datos de los que se vale para hacer más creíble, consistente y verdadera su argumentación. Así, se remonta a un estudio de 1980 en el que un precursor del ecologismo en España, Garcia Dory, ya advertía del riesgo de deterioro irreversible del Mar Menor. Sus consejos, sin embargo, nunca se tuvieron en cuenta, y la locura de la construcción y de la agricultura descontrolada y salvaje siguió adelante con la complicidad de casi todos, y, muy especialmente, de los políticos responsables durante esas cuatro décadas.
Las imágenes, en los distintos medios de comunicación, de esos peces agonizantes dieron la vuelta al mundo. Miguel Ángel Ruiz nos recuerda, aprovechando su experiencia periodística, siempre al pie del cañón, que ni siquiera los frecuentes casos de corrupción política, ni la pobreza, ni el abandono escolar, ni los bajos salarios ni la atención sanitaria que acucian a la Región de Murcia, llegaron a preocupar tanto a una ciudadanía que, por fin, pudo verle las orejas al lobo y creer los sólidos argumentos de unas cuantas personas que nos advertían del inminente desastre.
Las cifras que maneja el autor de estas páginas, escritas con una prosa clara y elegante, donde no se descuida la forma a pesar de la decisiva importancia del fondo, resultan apabullantes, casi increíbles. Sobre todo, cuando se refiere a los habitantes de esas aguas. Podría servir como ejemplo uno de sus seres más emblemáticos: el caballito de mar, esos hipocampos hoy reducidos a poco más de mil ejemplares, cuando hace tan sólo cuatro años se contaban por decenas de miles. La deficiente oxigenación ha facilitado el crecimiento de algas y el aumento en las poblaciones de medusas, de las que, aunque inofensivas, tanto se quejan los sufridos bañistas. Por no hablar de la proliferación de especies ajenas al Mar Menor, verdaderos huéspedes a los que nadie había invitado a esta fiesta, como el cangrejo azul, que ha logrado desplazar al cangrejo verde de toda la vida.
Miguel Ángel Ruiz no tiene reparo alguno en señalar con el dedo a los principales culpables de esta historia que se resiste a tener un final feliz. Así, como en el conocido poema de Celaya, denuncia por escrito, con datos que lo corroboran, las malas prácticas de los agricultores y ganaderos, así como la desidia y la complicidad de todas las administraciones, con la consiguiente indignación social, que va en aumento.
El capítulo titulado “Misses”, que responde a la cronología de un día de julio de 1989, aunque perfectamente integrado en el conjunto de la obra, resulta una verdadera pieza maestra, a pesar de su brevedad, de su escaso número de páginas. En la discoteca Trips de La Manga se celebró en esa fecha un concurso, un tanto cutre, que llevaba por lema “Miss Camiseta Mojada”. Allí se dieron cita chicas procedentes de países como Suecia, Inglaterra, Alemania y España. El jurado estaba compuesto por la actriz Mari Paz Pondal y el periodista de TVE Santiago López Castillo. Resultó ganadora una murciana llamada Sara, que logró embolsarse la bonita cifra de cien mil pesetas y un ramo de flores.
Mientras tanto, mientras seguía el animado jolgorio y la gente perdía el oremus a base de copas, amanecía en el cercano Mar Menor, que, por entonces, era un lugar de recreo, un espacio natural apreciable, incapaz de imaginar lo que le esperaba: “El sol naciente asciende palmo a palmo por las fachadas de los edificios donde miles de personas están a punto de tirar de la cadena”. La intención literaria del autor es bien perceptible, con ese golpe inesperado en un instante de singular belleza.
En un libro en el que se aprecian elementos propios de la más pura novela policiaca, con sus muertos, sus asesinos, sus cómplices, sus defensores y sus culpables, no podían faltar ciertos personajes que hacen más verídico el relato. Personajes como Selva Carmichael, que parece extraído de un esperpento de Valle-Inclán o de su colosal novela Tirano Banderas; o ese otro, mucho más conocido en estas latitudes marmenorenses, como es Tomás Maestre, el que fuera dueño y señor de buena parte de La Manga, cuando aún era un paraíso inexplorado, más cercano a una obra de Lampedusa, “culto, de modales refinados, creyente sin lugar a dudas y de potente temperamento”. Carmichael, empresario de origen malayo que prometió inversiones millonarias para convertir esa lengua de arena en una nueva Marbella, viste esmoquin negro y exhibe “un cabello desordenado cuidadosamente a base de laca, pintado en las puntas con mechas plateadas que contrastan con su piel oscura”. Es de aquellos que queman el dinero al tiempo que sonríe con unos dientes perfectos: “Trust me”, repite una y otra vez, “con la mirada clavada en sus interlocutores”. Poco tiempo después, fue encarcelado por una estafa, y condenado a cumplir tres años y medio de cárcel en el Reino Unido. Otro malo a la sombra y fuera de circulación.
En el apartado de cómplices, cabe destacar a aquellos vendedores de crecepelo que intentaron por todos los medios, a base de buena labia y proselitismo barato, cambiar el relato, tratando de imponer lo que Miguel Ángel Ruiz denomina “una verdad alternativa”. Nada más sencillo y eficaz que convertir en víctima el lobby agrario.
¿Podría llegar a recuperarse algún día este Mar Menor que, a estas alturas, ya parece una causa perdida, el sueño de una sombra o la sombra de un sueño roto por completo? Al autor de estas páginas nadie podrá tildarlo de catastrofista ni de infausto agorero. Se ciñe a la verdad pura y dura, por más que nos duela, y en sus palabras, a lo largo de este recorrido por la obra, se desprende una vaga esperanza como si aún no se hubiera puesto de noche por completo. Pero es preciso actuar con urgencia, y dejar trabajar a los que saben de este asunto.
En las primeras líneas de Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa, una de las obras más genuinas y representativas del llamado Boom Hispanoamericano, uno de los personajes se pregunta: “¿En qué momento se había jodido el Perú?”. En el espléndido y conmovedor libro de Miguel Ángel Ruiz también hay algo más que un simple intento por precisar en qué instante sucumbió el Mar Menor, esa pequeña laguna salada del Sureste español visitada por todos los pueblos a lo largo de los siglos, el Mar de los Niños, uno de los rincones más bellos del planeta que está a punto de convertirse en un nuevo Chernóbil, en una asquerosa, eterna y contaminada sopa verde.
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Autor: Miguel Ángel Ruiz. Título: Misses y medusas (por qué se pudrió el Mar Menor). Editorial: Tundra. Venta: Todos tus libros.


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