Inicio > Blogs > Zama, ribera abajo > Manazuru, de Hiromi Kawakami

Manazuru, de Hiromi Kawakami

Manazuru, de Hiromi Kawakami

Ya comenté en la reseña anterior que saqué de la biblioteca de Móstoles dos libros de Hiromi Kawakami (Tokio, 1958): El cielo es azul, la tierra blanca (2001) y Manazuru (2006). Después de mi viaje a Japón de julio de 2026 he sentido un interés renovado por la cultura de este país. He leído seguidas estas dos novelas de Kawakami, cuyos títulos aparecen en las cubiertas de los libros con el subrayado «Una historia de amor». La edición de Acantilado de Manazuru, que encontré en la biblioteca, es de 2013. Como comenté en la reseña de El cielo es azul, la tierra blanca, a partir de 2017 los libros de Hiromi Kawakami aparecen en España en la editorial Alfaguara. En estos dos casos con la traducción original, directamente del japonés, de Marina Bornas Montaña.

Como en El cielo es azul, la tierra blanca, Manazuru también está narrada en primera persona. Si bien Tsukiko, la protagonista de la primera novela, tenía unos treinta y ocho años, Kei, la protagonista de la segunda, nos dice que tiene «cuarenta y tantos». Entre la publicación de una novela y otra han pasado cinco años. Quizás Kawakami, al escribir sus novelas, piense en protagonistas de una edad similar a la suya en ese momento. Y esta idea es solo una hipótesis.

Ya conté que El cielo es azul, la tierra blanca estaba escrita con un tono amable, aunque tuviera un trasfondo triste, y que en ella abundaban los diálogos y las descripciones físicas de las comidas, los personajes secundarios, etc. Su estilo, en apariencia ligero y bastante cinematográfico, hacía que la protagonista pudiera jugar a engañarse a sí misma, y al lector con ella, sobre sus sentimientos. El tono narrativo de Manazuru es diferente al de la anterior novela. En Manazuru hay menos diálogos y la voz narrativa de Kei es más reflexiva que la de Tsukiko.

"El lector, al principio, no tiene muy claro por qué ha ido allí. Pronto sabremos que Kei nunca ha trabajado en una oficina y que le pagan por escribir ensayos de encargo, semanales, que recopila en forma de libros"

Kei vive con su madre y su hija, que tiene unos quince años cuando empieza la narración. Kei mantiene una relación sentimental con Seiji, que es un hombre casado, padre de tres hijos. Pronto sabemos que en la vida de Kei hay una tragedia: hace doce años, su marido, Rei, desapareció sin dejar rastro. Este tema está planteado como un misterio que corroe a la protagonista: ¿Rei desapareció por propia voluntad? ¿Desapareció porque no soportaba las obligaciones familiares? ¿Huyó con alguien? ¿Sufrió un accidente? Y la pregunta más inquietante de todas para Kei: ¿Rei sigue vivo en la actualidad? «Me pregunto si mi marido quería morir o si desapareció porque quería vivir. También es posible que la vida y la muerte estuvieran al margen de sus reflexiones», leemos en la página 13. Rei dejó tras de sí un diario, que Kei sigue leyendo y del que arranca páginas, hasta que al final acabará desapareciendo. Sin embargo, el diario contiene anotaciones prácticas y casi siempre triviales que no satisfacen la curiosidad de Kei.

«Alguien me seguía al caminar. Como estaba lejos, no pude distinguir si era una mujer o un hombre. Seguí caminando sin darle importancia». Estas son las primeras frases del libro. Un arranque bastante significativo, puesto que, de entrada, el lector va a sentir que la narradora se encuentra amenazada. ¿Quién le sigue? Kei, que vive en Tokio, al comenzar el libro se encuentra sola en Manazuru, que es un pueblo costero a dos horas en tren de la capital. El lector, al principio, no tiene muy claro por qué ha ido allí. Pronto sabremos que Kei nunca ha trabajado en una oficina y que le pagan por escribir ensayos de encargo, semanales, que recopila en forma de libros. Nunca se le explicará de forma demasiado clara al lector cuál es la naturaleza de estos ensayos. Gracias a este trabajo, conoció a Seiji, su amante, que es ejecutivo en una de las empresas que la contratan. Seiji y Kei tienen una relación desde hace diez años.

"Las manifestaciones de la mujer son más reales y cercanas cuando Kei viaja hasta Manazuru, lugar que Kei empieza a sentir relacionado con la desaparición de Rei"

El lector irá descubriendo que, a diferencia de El cielo es azul, la tierra blanca, que era una novela realista sobre una mujer que empieza a sentir interés por un hombre treinta años mayor que ella, y que se mantenía siempre dentro de los parámetros del realismo narrativo, Manazuru va a romper con ellos. Pronto sabremos que ese «alguien» que seguía a la narradora en el primer párrafo, no es una persona, sino una «presencia», que se le aparece en algunos momentos a Kei. «Volví a notar una presencia detrás de mí. Era una mujer. Nunca había hablado con nadie de las presencias que me seguían. Ni siquiera con mi marido, por supuesto». Este comentario de la página 13 transforma la novela desde la narración puramente realista que parecía plantearse en las primeras páginas. ¿Son reales las presencias que acompañan a Kei, o solo son fruto de su conciencia alterada por el trauma? En cualquier caso, la aparición de las presencias no parece relacionada con la desaparición del marido, ya que en la cita última vemos que son anteriores. Las presencias no siempre son las mismas, y en al menos una ocasión ni siquiera son humanas. Sin embargo, en el tiempo narrativo del libro la relación de las presencias con Kei está cambiando. De forma insistente está apareciendo ante ella una mujer, siempre la misma, y Kei empieza a sospechar que tiene información sobre Rei. «La mujer aún estaba allí. Pareciera que tuviera algo que decirme. Nunca me había pasado, y también era la primera vez que vomitaba ante una de aquellas presencias» (pág. 30).

El resto de personas que acompañan a Kei no puede ver —o percibir— estas presencias, que a veces son más corpóreas y a veces más transparentes. Kei sentirá también que sus conversaciones con la mujer ocurren solo dentro de su mente.

Las manifestaciones de la mujer son más reales y cercanas cuando Kei viaja hasta Manazuru, lugar que Kei empieza a sentir relacionado con la desaparición de Rei.

"Entiendo que todas estas ambigüedades son buscadas en la construcción de la novela, pero no he acabado de entrar en su juego y he tenido la sensación de que Kawakami no tenía muy claro cómo cerrar su novela"

Durante muchas páginas, las relaciones de Kei con las personas que la rodean plantean conflictos realistas, como pueden ser los de la relación con la madre, que la trata como si nunca se hubiera convertido en una adulta, o los conflictos con Momo, su hija adolescente, que siente que se está alejando de ella. Así mismo Seiji, su amante, se mostrará celoso de la presencia omnipresente de Rei en la mente de Kei. Toda esta parte de la novela me ha resultado interesante y su tono melancólico (en unión a la idea trágica de la desaparición del marido, que planea siempre sobre la historia) me parecía que tenía ese punto necesario de tensión narrativa que eché un poco en falta en El cielo es azul, la tierra blanca. Sin embargo, cuando la narradora se traslada a Manazuru y la narración pierde la orilla del realismo he tenido la sensación de que la novela perdía fuerza, ya que en Manazuru, un territorio real, pero que en la novela acaba actuando como un territorio mágico u onírico, puede pasar cualquier cosa, y esta idea de que realmente podía pasar cualquier cosa, y el lector no sabe si se trata de un sueño, de un pensamiento loco, de algo real, genera desconcierto pero también la sensación de que la historia está perdiendo el rumbo. ¿Kei se imagina qué ocurrió con Rei? Lo que se le cuenta al lector que ocurrió, ¿tuvo lugar realmente o solo es un sueño de Kei? Entiendo que todas estas ambigüedades son buscadas en la construcción de la novela, pero no he acabado de entrar en su juego y he tenido la sensación de que Kawakami no tenía muy claro cómo cerrar su novela.

Ya comenté, en la reseña de El cielo es azul, la tierra blanca, que tuve algunas dudas con esta novela, y lo cierto es que el arranque de Manazuru se parecía más al tipo de libros que me suelen gustar, pero al final, y extrañamente, he acabado disfrutando más de la aparente ligereza de El cielo es azul, la tierra blanca que de la ambigüedad más densa de Manazuru. No sé si repetiré con Hiromi Kawakami o si con estas dos novelas ya tengo bastante para hacerme una idea de una obra con la que, pese a que sí considero que tiene calidad, no acabo de conectar.

4.5/5 (2 Reviews)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios