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¡A mí la France!

¡A mí la France!

“Ante todo lo que ocurría mi madre se quedaba boquiabierta”. La cita de Peter Handke parte en dos la pequeña joya que tengo entre las manos. No será la primera vez que el ingenioso Édouard Louis (Picardía, Francia, 1992) cite al recientemente premiado como Nobel de Literatura. Mientras me encuentro con las deliberaciones y las referencias literarias me planteo con qué interés leería el libro el papá de Édouard, un tipo fumador en exceso y de poca conversación, al que durante las ochenta páginas de Quién mató a mi padre se alza como protagonista, bondadoso y villano en una obra breve que lejos de ser novela se abigarra como un ajuste de cuentas, un dolor excelso para el lector que fue hijo y se encamina a ser un viejo padre.

El pequeño Édouard vomita su infancia con el afán de que el lector tema el golpe de un vaso lanzado en mitad de la cena o, con aspereza, rememorar escenas al borde de la desgracia familiar que todos hemos contemplado con la inocencia de los ojos de un niño.

"Alzándose como digno protestante, riega la figura del padre con el cariño y la vez la indiferencia de un árbol"

Al padre de Louis “la política le tiene reservada una muerte prematura”. Alzándose como digno protestante, riega la figura del padre con el cariño y a la vez la indiferencia de un árbol. Un roble seco en la madurez, doblegado por el sistema y las circunstancias, a los que el hijo, Édouard, en un acto de valentía social pone nombres a los causantes de la decadencia del hombre robusto que fue su padre. El mismo que lo hizo infeliz con su carácter.

“¿Por qué nunca se dicen estos nombres en una biografía?”, escribe el joven francés cada vez que crea una deuda en la dignidad de los últimos líderes franceses, una mota delicada que tiende a expandirse en el corazón de quien desde la lejanía ve a Francia saneada de malhechores. Así, declara: “En 2007, Sarkozy lleva a cabo una campaña contra aquellas y aquellos que él llama los asistidos, roban el dinero de los franceses porque no quieren trabajar”. El autor aborda el drama de las personas incapacitadas para realizar determinados trabajos, siendo subvencionados por el gobierno. Ciudadanos como su padre, lesionado tras un accidente en la fábrica por la que entregó su vida a fin de sacar adelante a su hijo y los dos que aportó su mujer, adoptándolos por igual. Sarkozy pondría remedio obligando a los asistidos a trabajar bajo amenaza de dejar de cobrar el subsidio en caso contrario, acabando el señor Louis como barrendero lejos de su hogar y soportando el tronco retorcido por el dolor. “La historia de tu sufrimiento tiene nombres y apellidos. La historia de tu vida es la historia de esa gente que se ha ido turnando para acabar contigo”.

"Éric Vuillard llega a ser chismoso, entrometido e imaginativo cuando se trata de vincular hechos históricos a la escena privada"

Y a propósito de, respiro hondo tras Quién mató a mi padre y abro por casualidad —¡Oh la France!— La batalla de Occidente, la última delicia de Éric Vuillard (Lyon, Francia, 1968). Tras 14 de julio y El orden del día, continúa el francés su hilera de pequeños grandes libros vinculados a la miseria, la guerra y la crudeza humana. La batalla de Occidente nos lleva a los entresijos de la Gran Guerra, con el mismo estilo conspiratorio y relevante de los libros anteriores, sin olvidar sentar justicia en torno a los nombres de los que Édouard Louis habla. Así, como una sucesión de fichas de dominó en caída absurda, los devenires del conde Alfred von Schlieffen o la casuística del archiduque Francisco Fernando van modelando el mundo tal y como lo sufrimos, siendo la consecuencia de un efecto mariposa político. Éric Vuillard llega a ser chismoso, entrometido e imaginativo cuando se trata de vincular hechos históricos a la escena privada. Sangriento cuando se trata de trincheras, selecto en imágenes para ofrecer luz ante los hechos que cambiaron la Europa del pasado siglo.

Puedo decir, con sumo placer, que al fin encontré dos garantes herederos de las delicias francesas, fugaces como el gusto de un macaron parisino, con los que acabo pleno y gozoso como los días que eran gustosos por releer las reliquias de Jean Echenoz.

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Autor: Édouard Louis. Título: Quien mató a mi padre. Editorial: Salamandra. Venta: Amazon

Autor: Éric Vuillard. Título: La batalla de Occidente. Editorial: Tusquets. Venta: Amazon

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