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Abril no era sólo una promesa (Tiempos de coronavirus 12)

Abril no era sólo una promesa (Tiempos de coronavirus 12)

Qué hay fuera que no esté en ti. Qué harías ahora en la calle. ¿Pasear sin rumbo? Mañana podrías madrugar, subir montaña arriba, contemplar cómo amanece rodeado de abetos. Respirarlos. Hacerlos tuyos.

"La nieve que cayó ayer, en la mañana, una aparición inesperada, un regalo con el que no contabas. Aquella mansedumbre blanca, el silencio que todo lo cubre"

Si lloviera no importaría: oirías caer el agua sobre el sombrero, sobre el chaquetón. Volverías a pisar barro, agua, hierba. Incluso podrías chapotear. Hasta podrías pasear solo, sin nadie, y escuchar tus pisadas. Si estuviera despejado, podrías sentarte y mirar. Mirar sin prisa. Hartarte de mirar. Escuchar los pájaros. O mirar sus piruetas en el aire, algunas temblorosas, urgentes. O dejarte llevar por los círculos de esas aves poderosas que apenas mueven las alas, como si el mundo no fuera con ellas. Si estuviese nublado podrías sentarte sobre cualquier piedra y mirar, ver los dibujos caprichosos de las nubes (aquí un lagarto, más allá quizá un elefante). Como cuando eras un muchacho. O mirar, tumbado sobre el suelo, el laberinto de las ramas de los pinos entrecruzándose, superponiéndose, qué estarán pensando ahora.

"Escucharás sin escucharla del todo alguna melodía de Arvo Pärt, tan insinuante, tan envolvente, tan acuática"

Volverás a darte cuenta que todo vive al margen de ti. Puede que encuentres regueros de nieve. La nieve que cayó ayer, en la mañana, una aparición inesperada, un regalo con el que no contabas. Aquella mansedumbre blanca, el silencio que todo lo cubre. Como si todo fuera nuevo, sin estrenar, esperando que lo miraras con ojos distintos.

Verás que abril no era sólo una promesa. Que las plantas habían recuperado su verdor, su tranquila arboladura. Te dirás “¿adónde el camino irá?”. Escucharás sin escucharla del todo alguna melodía de Arvo Pärt, tan insinuante, tan envolvente, tan acuática.

Imagínate que te encontraras con una fuente. O con un manantial. Ver cómo cae el agua, acercar la mano. El misterio del agua, de su color. El mayor misterio de la luz. Todavía te asombra que el sol se mueva sin moverse. Y el estremecimiento de la oscuridad.

Esta noche subiré por alguna vereda, aún no sé cuál, ni adónde me llevará. Pero caminaré lejos de casa, hacia ninguna parte.

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