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Adler fragmentada

Como ya ocurriera con su primera novela, Lancha rápida, Renata Adler vuelve a golpearnos con su escritura fragmentada pero atrapante. Sexto Piso edita su Oscuridad total (que vió la luz en 1983) tras la publicación en 2015 de su Lancha rápida (escrita en 1976) ganadora del Ernest Hemingway de novela.

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Con una amplia experiencia profesional, más de cuatro décadas en The New Yorker, Adler ha sido habitualmente comparada con Joan Didion (sí, ambas cumplen el cliché de mujer-ensayista-americana-blanca) y su escasa obra publicada se erige como literatura de culto. En su momento se convirtió en the odd one out del mundillo literario. No había nada como lo que ella escribía. Su escritura es fragmentada, distribuida en pequeñas porciones de texto que emulan situaciones, momentos de una relación que parecen distribuidas arbitrariamente y sin lógica sobre las hojas blancas de la publicación.

En Oscuridad total (como en su anterior novela) la protagonista es una periodista, Kate Ennis, que vive una aventura con un hombre casado. Desde el primer momento sabemos que va a dejarle y que esa decisión( y la reflexión que le lleva a ello) nos acechará en todas las páginas de la obra. Una historia sentimental, la de Kate y Jake, marcada – como todas- por la incertidumbre, el deseo, el peso de las responsabilidades, la duda, el remordimiento,… Narrada en primera persona a modo de bitácora personal despedazada. la novelista da voz a una mujer que vive su relación personal como una especie de tormento, retoma en pequeños párrafos el aquí y el ahora mientras las páginas parecen saltar descaradamente a un caótico viaje a la Isla Orcas y a Irlanda.

Kate parece estar buscando en todo momento un espacio tranquilo, acogedor y apartado con el único objetivo de ordenarse a sí misma y centrarse en la escritura. Al mismo tiempo los lectores iremos armando el puzzle de pedacitos de esta Adler fragmentada, pues Kate sólo es el nombre que en algún momento la separó de sí misma. Muriel Spark le atribuye, en el posfacio de la obra,la creación de un nuevo género literario: la narración discontinua en primera persona. Y como el actor experimental que derriba la cuarta pared, Renata Adler rompe la ficción convirtiéndose en varios puntos de la narración en la protagonista (presten atención al “baile de nombres”) con el fin de ayudarla a huir de la situación que ha creado.

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La narradora juega todo el tiempo con esa doble personalidad, ese juego de espejos, con los lectores que a veces casi dudamos si Kate realmente existe, si está sufriendo algún trastorno de la personalidad, si toda la novela no es más que una metáfora sutil de las relaciones personales o si la propia Kate es el reflejo estéril de nuestras propias vidas.

Kate, una mujer que ansía estar sola casi todo el tiempo, pero que se abre a viva voz al lector, para reflexionar con él sobre los mitos, el amor, la literatura, la ausencia de intimidad, los viajes, el lenguaje y el pensamiento…. y la belleza y nostalgia que le llega a producir Irlanda, hasta el punto de convertirse, en estas escasas páginas, en una inesperada prisión para Kate.

Desesperada por huir de este retiro autoimpuesto, emprende un rocambolesco viaje nocturno por carretera que sólo servirá para aumentar su desconfianza.

Y en medio de este torrente infinito de ideas que irá destruyéndola, alcanzará a ver sólo la oscuridad. El paisaje luminoso se volverá total oscuridad. E irá zambullendo sin remedio a los lectores en todas las sensaciones agrias que la poseen: desconcierto, ansia, ira, impotencia,… sensaciones que harán que no podamos conciliar el sueño, como Kate, quién acabará hundiéndose en su irremediable sentimiento de culpa.

 

Libro: Oscuridad total. Autora: Renata Adler. Traductor: Javier GuerreroEditorial: Sexto Piso. Páginas: 150. Edición: Papel

Imagen de la autora: Richard Avedon, 1978

 

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