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¿Amar es resistir?

Siempre me gustaron las películas que hablan de libros. Los libros que entre sus páginas nos abren las puertas metaliterarias a otras historias.

Esta obsesión por lo literario sumido en este juego de matrioskas me llevó el otro día a los Teatros del Canal para asistir a una de las representaciones de La resistencia, obra escrita por Lucía Carballal (fruto de la primera beca para autores contemporáneos del Pavón Teatro Kamikaze junto a Antonio Rojano) y dirigida por Israel Elejalde.

En La resistencia (producida por Buxman Producciones y Teatros del Canal) un hombre y una mujer se citan en un restaurante vacío. Noche, voces en el exterior del local. Fundido a What a Wonderful World, mientras ella, Mónica —espléndida y contenida la actriz Mar Sodupe— recuerda, añora, espacios vacíos en una casa por ocupar.

Los primeros diálogos de la función parecen desubicarnos. Él, David, interpretado por Francesc Garrido, camina hierático. Gesticula y habla como recién arrojado desde un cuadro de Van Eyck. Aún parece encorsetarle esa armadura ficticia que va quitándose, la de un matrimonio sin amor.

David está extasiado, sueña. Mónica se apoya con decisión en el pragmatismo. Él escucha embelesado y excitado a Rachmaninov. Ella no se despega de la calculadora.

Son pareja. Se han amado clandestinamente durante los últimos diez años.

Son escritores. Él acaba de retornar a las listas de los favoritos de la crítica con su reciente novela tras años de vacío. Ella es la escritora más leída entre las mujeres de toda España.

Ambos escriben sobre el amor.

La resistencia funciona como un punch dialéctico, con todos los golpes bajos que a veces acompañan al amor y con la escala de grises con la que se viste el mundo editorial.

Entre viajes de promoción, cenas de trabajo con editores, llamadas de espera incierta, manuscritos que nos poseen, nos enfebrecen y parecen no tener fin… entre todo eso, el amor, la admiración y la resistencia son los hilos que enhebran la vida de esta pareja.

Durante el diálogo —esta noria emocional que les dirige— se rumian al tiempo el desastre y el éxito. El texto es un ejercicio soberbio bañado en tristeza y verdad. En este pulso, sobriamente conducido por Elejalde, se entrecruzan la vida, el amor y el trabajo literario, los reproches y miradas olvidadas y las palabras que jamás se pronunciaron. En un momento concreto de la noche, la música de Rachmaninov les salva, les permite aferrarse nuevamente a esa roca que construyeron juntos, les hace resistir.

Quedan, por supuesto, momentos para el humor (¿puede un becario de una editorial llamarse Ray?), para la reivindicación de género, para la autocrítica, para interpelarnos sobre el significado del arte —de la literatura— en nuestra vida.

La tensión no decae en ningún momento. El teatro siempre fue eso: la vida en un hilo, el desequilibrio que a base de incertidumbres y preguntas nos sostiene.

Si van a ver esta soberbia cartografía del amor (estará en los Teatros del Canal hasta el 17 de febrero) quizá algo en el ambiente les suene: la escenografía la firma Mónica Borromello, quien ya trabajó en Los mariachis y El tratamiento de Pablo Remón.

En los minutos finales esta obra, de compacta ejecución y solvente dirección, se funde a oscuro. Los personajes permanecen quietos, se apoderan de la resistencia, la hacen suya… iluminados por la luz pálida de escasas velas.

¿Amar es resistir?

“Raindrops on roses

And whiskers on kittens

Bright copper kettles and warm woollen mittens

Brown paper packages tied up with strings

These are a few of my favorite things”…

La editorial Acto Primero editó el texto de Lucía Carballal (su extenso diálogo es una joya) en este volumen.

Programa de mano de la obra. Hoy sábado 9 de febrero, tras la representación, la autora del texto conversará con la escritora Marta Sanz.

Imágenes de la obra: © Vanessa Rábade.

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