Amor de verano

Ha pasado el verano y con él mi gran amor del estío de 2026: Joyce Carol Oates. Qué mujer, qué palabra, qué cabeza, qué gusto saber que su producción literaria es tan extensa como las tardes de calor y que no hace falta buscar más.

A principios de julio, mi madre me llamó para decirme que había leído un libro que le había recordado a mí. “Es un thriller psicológico”, me dijo, “pero hay algo en las descripciones, en la manera de detallarlo todo, de nombrarlo, que me ha recordado a ti, y creo que te puede gustar”. Mi madre, ávida lectora de novela policiaca, me regaló unos días después El señor Fox. Lo empecé en la piscina de mi pueblo, un lugar bañado en árboles y sombra donde recupero el ritmo lector que tenía de adolescente.

"Una solo puede leerla y sentir esa incomodidad, preguntar qué es lo que tiene dentro para poder soportar esa lectura"

En el primer capítulo, Oates se pone en el lugar de una perra, Lady Di, y desde su mente narra un paseo donde el animal encuentra algo que será trascendental más adelante. Del resto solo recuerdo la velocidad, me arrastró de lleno, porque las más de setecientas páginas me duraron dos tardes, ya que entré de lleno en esta historia angustiosa y adictiva en las primeras líneas. Esa es la suerte y por eso es un amor de verano. Nada lo interrumpe.

Oates consigue en este libro algo que admiro: trasciende las barreras morales y entra de lleno en la psicología de personajes antagónicos, repulsivos en su comportamiento, mentes oscuras e incómodas, y bucea en sus deseos para nombrarlos, que es lo que más difícil me parece de todo. Una solo puede leerla y sentir esa incomodidad, preguntar qué es lo que tiene dentro para poder soportar esa lectura, por qué hay determinados libros que se vuelven adictivos aunque sea casi insoportable asumir lo que narran. El señor Fox es uno de ellos.

"En todos los libros de Joyce Carol Oates hay dos historias: la que cuenta y la que subyace, que llega a ser incluso más grande que la primera"

Después me obsesioné, claro, a quién le sorprende, y devoré Carnicero, otra historia angustiosa inspirada en hechos reales que cuenta la historia de un médico obsesionado con triunfar que somete a numerosas mujeres vulnerables a distintas operaciones y experimentos sin consentimiento. Cuando lo terminé, seguí con Mamá, un libro más antiguo de Oates en el que la madre de la protagonista fallece y su hija descubre otra dimensión de ella.

En todos los libros de Joyce Carol Oates hay dos historias: la que cuenta y la que subyace, que llega a ser incluso más grande que la primera. Ahora me espera en casa de mi madre A media luz. Termina el verano, pero el amor sigue.

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