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Sobre los libros tristes

Leo Reliquia, de Pol Guasch, yendo en un tren hacia Barcelona y, cuando llego, ya estoy deseando que llegue la hora para subirme en el tren de vuelta y continuar la lectura. Hay libros que necesito leer así, de seguido, como una voz que habla y se alarga, sin importar demasiado a dónde llegue. Eso me pasa con la literatura de Guasch. Pienso en En sus manos el paraíso quema, su otra novela, leída en un verano —la mejor época para los libros—, y recordar esa lectura ya es síntoma de que es de los autores que se quedan.

"¿De qué manera consigue su lírica, como una especie de milagro, que el viaje del lector sea tan doloroso como amable y tierno?"

Hay algo en los libros tristes que me atrae. No me acerco a ellos con miedo: tan solo ansío que me cobijen, que traten de explicarme, que me enseñen lo que sienten quienes han vivido experiencias que no conozco y que impregnan su literatura con la calma del superviviente que tan solo acepta. ¿Qué siente alguien cuyo padre se suicidó? ¿De qué manera consigue su lírica, como una especie de milagro, que el viaje del lector sea tan doloroso como amable y tierno? Escribe en uno de los pasajes: “Ahora tu padre vuelve con la fuerza con la que vuelven los muertos que no se entierran bien. Será cierto que a un muerto primero hay que tenerlo cerca, verlo cuando la sangre se le empieza a enfriar, despedirse, guardarlo un tiempo en el comedor, entre los retratos y los souvenirs de los viajes, en el jardín, si lo hay, la urna enterrada al fondo del jardín, y después liberarlo para que ocupe el lugar que le corresponde”.

Eso es lo que hace Pol Guasch en Reliquia. Coloca un espejo frente a él, desentierra a su padre muerto, limpia la tierra y los insectos, acaricia su cadáver y su corazón, hace un hueco y se tumba sobre él, trata de entenderlo en las historias de otros suicidios, repasa cada palabra que se dijeron, abrazando su historia una vez más, y lo devuelve a la muerte. Y lo escribe para que una chica como yo, en un tren una tarde de primavera, lo mire, lo entienda y quiera darle las gracias. 

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Pablo75
Pablo75
2 ddís hace

Texto que no parece haber sido releído (a pesar de su brevedad):

“Leo Reliquia, de Pol Guasch, yendo en un tren hacia Barcelona y, cuando LLEGO, ya estoy deseando que LLEGUE la hora para subirme en el tren de vuelta y continuar la lectura. Hay libros que necesito leer así, de seguido, como una voz que habla y se alarga, sin importar demasiado a dónde LLEGUE”.

“recordar esa lectura ya ES síntoma de que ES…”