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Aprende a escribir con… Rodrigo Fresán

Fotografía: Alfredo Garófano

Rodrigo Fresán nunca termina sus novelas. Las entrega a su editor en la fecha acordada, eso sí, pero continúa escribiéndolas en su cabeza durante meses, puede que durante años, tal vez incluso alguna década. De hecho, no da por finalizado un manuscrito ni siquiera cuando ha empezado otro. Los personajes siguen ahí, en algún rincón de su cerebro, susurrándole posibles formas de mejorar su comportamiento, de adquirir nuevas dimensiones interpretativas, de encontrar distintos caminos para mostrar la profundidad de sus almas. Y, cuando un día le anuncian la salida de la edición de bolsillo de alguna de sus ficciones anteriores, el argentino esboza una sonrisa, abre la carpeta de las ideas retroactivas y envía un correo a su editor con todos los inserts que quiere añadir a la nueva publicación. Dicen las malas lenguas que, cuando dicho email llega a la bandeja de entrada de Penguin Random House, los correctores se esconden bajo las mesas.

"Rodrigo Fresán nunca termina sus novelas. Las entrega a su editor en la fecha acordada, eso sí, pero continúa escribiéndolas en su cabeza durante meses"

Así pues, las ediciones trade de las novelas de Rodrigo Fresán no tienen el mismo contenido que las ediciones de bolsillo, ocurriendo en muchas ocasiones que la diferencia entre unas y otras puede llegar a alcanzar las setenta páginas. Lógicamente, esto es un quebradero de cabeza no sólo para los bibliófilos, sino también para los lectores avezados que, cuando deciden adquirir uno de sus títulos, no saben por qué versión decidirse. En una tienen el texto original y en la otra, el ampliado. Y aunque a muchas personas esto les parezca un asunto baladí, a los devotos de este narrador el asunto les trae locos.

En realidad, los culpables de que Rodrigo Fresán ande por la vida añadiendo extractos a sus propias novelas son The Beatles y Francis Ford Coppola. Al parecer, el autor del tríptico La parte contada (formado por La parte inventada, La parte soñada y La parte recordada), en la que precisamente analiza el funcionamiento de la mente de un escritor, tiene todas las versiones que el grupo británico sacó de su octavo álbum, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y ha visto cada una de las ediciones con contenidos extra de Apocalipsis Now. Y esta tendencia a frecuentar las variaciones de una misma obra ha acabado haciendo que él también haga evolucionar a sus propios textos, incluso después de publicados.

Fotografía: Alfredo Garófano

"Estamos ante un autor que siempre quiere volver atrás y que no deja que sus criaturas se emancipen y vivan su propia vida"

Precisamente por esto, Fresán asegura que admira a los escritores que se desprenden completamente de sus textos. Lee entrevistas en las que sus colegas aseguran sentirse satisfechos con el trabajo realizado y en las que, además, anuncian sus nuevos proyectos literarios, y se pregunta a sí mismo cómo se las apañan los otros narradores para hacer borrón y cuenta nueva de algo que, en su caso, nunca deja de vibrar. Para él las novelas aparentemente terminadas son un runrún que nunca se apaga, una sombra de la que no puede desprenderse, una voz que le asalta de vez en cuando y le obliga a recuperar el manuscrito y añadir párrafos y más párrafos a lo ya escrito.

Dice Rodrigo Fresán que, de alguna manera, vive sumido en eso que los franceses llaman l’esprit de l’escalier, que en sentido estricto significa pensar una respuesta ingeniosa cuando ya es demasiado tarde para darla, y que en su caso significa pensar una frase o un párrafo ingenioso cuando ya es demasiado tarde para publicarlo. Así pues, estamos ante un autor que siempre quiere volver atrás y que no deja que sus criaturas se emancipen y vivan su propia vida. Un autor que siempre está pendiente de los hijos que lanza al mundo. Un autor que nunca termina nada.

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La última novela de Rodrigo Fresán es La parte recordada (Literatura Random House).

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