En este libro, Liliana Muñoz acompaña a su tía abuela Yoli durante los días en que la enfermedad hace visibles los límites de la vida. En este retrato íntimo y tierno, la autora teje una reflexión sobre los cuidados, el tiempo y la memoria entre lecturas compartidas y visitas al médico.
En este Making Of, Liliana Muñoz explica cómo escribió Los umbrales (Tránsito).
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Hace tres años, en diciembre, el teléfono sonó a una hora intempestiva. Como suele suceder cuando vives en otro país, en otro huso horario, al ver el nombre de mi madre en la pantalla tuve un presentimiento atroz: alguien había muerto, o enfermado, o estaba ingresado en el hospital. Las noticias que llegan de madrugada nunca son buenas. Contesté, oí su voz al otro lado de la línea, escuché lo que me decía: a mi tía abuela Yoli, de noventa años, le habían diagnosticado cáncer de mama.
Los umbrales es un híbrido que toma como punto de partida la figura de mi tía abuela Yoli —nonagenaria y alegre— para tratar de responder, modestamente, a una pregunta: ¿cómo vivir una buena vida? Para mí, solo tiene sentido hacerlo a través de la lectura; para ella solo tiene sentido hacerlo a través de la familia. De esa tensión nace este texto, que pretende sumarse, salvando las distancias, a esa pequeña tradición de escritores de la felicidad de la que forman parte Stevenson, Montaigne, Alain o Cervantes.
Escribo reseñas de crítica desde hace trece años y eso me ha convertido en una suerte de diccionario ambulante de citas, que diría Vila-Matas. La crítica ha sido, para mí, un laboratorio de estilo. Necesito apoyarme en otras lecturas para traducirme: estoy convencida de que otros han descrito mejor que yo lo que intento explicar en determinados pasajes. Por eso Los umbrales está mucho más cerca de la memoir y del ensayo que de la autoficción. Contrario a lo que pudiera parecer, la distorsión que se advierte en el libro no viene de la escritura, sino de la mirada. Viene de antes, de después. La hibridez, por tanto, no responde a un mero afán experimental, sino a una necesidad concreta: a medida que me acercaba a la figura de Yoli, esta me eludía, así que solo pude aproximarme a ella mezclando diversos géneros.
Quizá la principal dificultad a la que me enfrenté fue la falta de referentes: no conozco ninguna tía abuela en la literatura que sea un personaje principal, aunque sin duda las haya. Hay, por supuesto, grandes personajes de edad avanzada —desde Miss Marple hasta la señora Palfrey de Elizabeth Taylor o Janina Duszejko, de Olga Tokarczuk—, pero no era exactamente lo que buscaba, así que tuve que llenar los vacíos con ligeras tergiversaciones.
Los umbrales es un libro escrito en voz baja. Y quizá por eso mismo es una celebración de lo trivial, de lo mediano, de la plenitud que se encierra en aquello que apenas parece digno de ser contado. Tal vez Yoli era más literaria de lo que yo había creído. Tal vez, al final, yo también aprendí a levantar la mirada de los libros y observar el mundo con otros ojos.
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Autora: Liliana Muñoz. Título: Los umbrales. Editorial: Tránsito. Venta: Todos tus libros.


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