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Aprendiendo a leer

Aprendiendo a leer

Tal vez a Kandinsky le hubiera resultado más fácil iniciar el complejo ejercicio de abstracción que asocia un sonido a una letra, un significado a una palabra o un sentimiento a una frase. Transformamos símbolos escritos en un papel en atmósferas que nos envuelven y aíslan de la realidad. Desde que empezamos a articular sílabas hasta que la lectura se convierte en un acto placentero, hay un largo camino parecido al de quien llega a un país extranjero y debe integrarse en él para sobrevivir.

Al principio todo es nuevo y cualquier acto, por sencillo que pueda parecer, se convierte en una ardua tarea que nos agota hasta disuadirnos de nuestro objetivo. Los pasos en falso y los ineludibles retrocesos ponen a prueba nuestra capacidad de superación. El secreto está en perseverar, pues acabará llegando el día en que ciertos engranajes internos giren sin encontrar obstáculo y todo cobre sentido. Habremos encontrado el libro adecuado, cuyas páginas vuelan en nuestras manos. Nos sentiremos al fin a gusto en ese nuevo país que un día nos asustó.

"Desde que nació mi hijo, utilizo la experiencia acumulada para que sus pasos sean más acertados que los míos"

El proceso que nos lleva a identificar con un hogar lo que en un principio fue un contexto hostil puede durar años. El tiempo definitivo depende de cada persona y de su capacidad de adaptación, de evitar que la nostalgia por su tierra de origen nuble su juicio y de afrontar cada reto como una única oportunidad de enriquecimiento. En un momento dado, las dificultades desaparecen y asumimos con naturalidad nuestro nuevo entorno. El francés cuenta con el útil término “déclic” para definir ese instante de lucidez tras el cual todo cambia.

Cuando me sentí completamente integrado en el país galo, mis antiguas prioridades desaparecieron. Desde que nació mi hijo, utilizo la experiencia acumulada para que sus pasos sean más acertados que los míos. Menos vacilantes y más eficaces. El objetivo es dotarle de las herramientas que le permitan aprender de sus propios errores. Él podría formar parte de una segunda generación de emigrantes, pero en realidad no es un expatriado: la tierra que un día me fue extraña ahora es la suya. Dirijo mis esfuerzos para mostrarle el lugar de donde vengo y del que, incluso si le resulta difícil de comprender, también viene él. Como una irónica simetría de la vida, redescubro mi país, mi cultura y mi lengua a través de sus ojos.

"Suceden tantas cosas en cada página, que el dibujo que la acompaña retrata solo una fugaz frase"

Por eso lleno su habitación de libros en español. Todavía es temprano para enseñarle a leer, pero ya sabe que las letras se transforman en vistosos dibujos y que tras cada página se esconde un mágico mundo. Así es como he acabado convirtiéndome en un asiduo lector de literatura infantil. Si bien hay libros buenos, con historias entretenidas e ilustraciones originales, abundan los mediocres, que se aprovechan de unos incautos padres que han olvidado su infancia o la importancia de esas primeras lecturas y se conforman con cualquier edición. Muchos cuentos, por ejemplo, acusan las restricciones de la extensión. La limitada atención del niño se convierte en una excusa para contar historias atropelladamente y sin sentido. Suceden tantas cosas en cada página que el dibujo que la acompaña retrata solo una fugaz frase. Además, he encontrado hasta faltas de ortografía en reconocidas marcas infantiles. Al menos el niño se concentra más en las ilustraciones que en lo que realmente sucede…

A pesar de esas malas sorpresas, me esfuerzo en que la biblioteca de mi hijo sea un refugio al que acuda con ganas antes de dormir. Hay libros de todos los tamaños, colores e idiomas. Gracias a un metódico ritual, el acto de leer adquiere un nuevo significado: la historia cobra vida en las frases que leo en voz alta, en la sucesión de dibujos y en la indescifrable imagen que toma forma en la pequeña cabeza de mi hijo. Observo sus ojos y retrocedo en el tiempo para visitar mi tierra natal y recordar mi niñez. La magia opera y el viaje que propicia la lectura se hace más claro que nunca.