Resulta loable que Prime Video intente recuperar géneros perdidos de cuando en cuando con sus producciones originales. Porque sí, por mucho que se sorprendan, comedias como Balls Up!, estrenada esta semana en la plataforma, antaño podían cosechar amplios beneficios para los estudios y cimentar la carrera de sus intérpretes. En este caso, ellos son Mark Wahlberg y Paul Walter Hauser, con facilidad lo mejor de la película del antaño reputado (sí, cuando todavía se hacían comedias) Peter Farrelly (Algo pasa con Mary). Sí, el mismo Farrelly siempre en la mira de los aficionados al género hasta que recayó en sus manos Green Book, película dramática galardonada con el Oscar, que redobló el odio crítico hacia su persona artística.
Hemos empezado el texto calificando la intención de loable, por mucho que los resultados de Balls Up! (Con un par) disten mucho de merecer el calificativo. Producida por Skydance, el estudio propiedad del magnate David Ellison que acaba de comprar Paramount, al menos cabe reconocer a la película que se plantea en un escenario desconcertante, en donde toda comedia medianamente subida de tono, ya sea en lo puramente obsceno o en sus potenciales aseveraciones políticas (aquí, más que a costa de Latinoamérica y siguiendo su parentesco trumpiano, se lanzan dardos contra los ecologistas) parece haber sido desahuciada de las carteleras.
Un panorama que quizá cambie en cierta medida, a tenor del último invento de los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick, probablemente mucho más subidos en el dólar que el propio Farrelly gracias a la serie de películas de Deadpool. Y precisamente con el superhéroe bocazas de Ryan Reynolds tiene mucho en común la aquí presente, un cúmulo de oportunidades desaprovechadas para cultivar la sátira corporativa (dos ejecutivos son despedidos de una empresa de preservativos cuando presentan su producto estrella: una goma que cubre también los testículos) e incluso la comedia con un cierto contenido de identidad cultural (la pareja, no pregunten por qué, acaba perdida en Brasil en medio del Mundial de fútbol).
En efecto, los condones son poco más que un McGuffin, como lo es el fútbol, que tanta extrañeza causa en los estadounidenses. Farrelly, Reese y Wernick se montan una excusa para perder a sus dos protagonistas en el extranjero, aspecto en el que el film empieza bien pero pronto empeora según va dejando de lado los aspectos de comedia laboral que le sirven de trampolín. Solo apariciones episódicas como las del poco ubicuo Sacha Baron Cohen, en el papel de un narcotraficante brasileño, animan ocasionalmente una función que solo pita gracias a la intensidad y química entre Wahlberg y Hauser, quien fuera gran descubrimiento de Clint Eastwood para Richard Jewell.
Por lo demás, uno tiene que sintonizar la emisora habitual de las películas de los Farrelly, que se homenajea a sí mismo y el plano más memorable de Algo pasa con Mary con un chiste a costa del pez del pis (que, en efecto, incluye “ese” primer plano”) en un film simpático pero olvidable, que parece cosido a raíz de un par de buenas y absurdas ideas argumentales que no acaban de casar particularmente bien, pero que Farrelly es incapaz de ubicar en ningún género concreto.



Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: