El círculo que traza la película Vida en sombras es el de una fascinación (durante un tiempo, el título previsto para ella fue Hechizo), un pequeño travelling curvo donde se concentran la historia de una persona, la historia de una nación y la historia de un arte. La fascinación es la de su protagonista por el cine, marcado por él desde su nacimiento. Y es un círculo porque cobra su sentido en movimiento, como las imágenes del zoótropo que acompañan a éste desde el día en que nace y a lo largo de todas las etapas de su vida. Es el movimiento cerrado el que crea la ilusión de vida. Esta ilusión es la que convierte la película en un prodigio envolvente (el espectador queda atrapado en ella).
Los movimientos de fusión, de convivencia, se dan tanto en el plano de lo visible como en el plano de lo vital: la historia del cine, del protagonista y de su país transcurren simultáneamente (nacimiento en una barraca de ferias a finales del siglo XIX: cine de orígenes; infancia en la Barcelona de la Semana Trágica: cine mudo de Polo y Charlot; enamoramiento en la España previa a la Guerra Civil: Romeo y Julieta, cine clásico romántico; madurez dramática en la posguerra, la Rebeca de Hitchcock). Las edades del cine cuentan las edades del protagonista, que acontecen en su mismo siglo. Esto permite mostrar su mecánica de imitación, el vínculo entre lo que se ve y a lo que lo visto mueve: los puñetazos invitan a puñetazos, las risas a risas, los besos a besos. En su momento climático, la imagen que persiste más allá de la muerte (condición fantasmática del arte hecho con luces y sombras) es capaz de devolver a la vida: una vieja película resucita a los muertos, una vieja fotografía llega a sonreír por medio de la magia del montaje.
Es difícil encontrar una película construida con tantas imágenes de otras películas, pero no se trata de un ejercicio de cita sino de superposición, de estratos transparentes, de dinámica de la ilusión. En su lado vampírico, el protagonista llama a esto “el veneno del cine”; en su lado salutífero, es un agente continuador: continuador de la vida, continuador del movimiento. La vida en sombras del cine acontece en el siglo pero, y quizás éste sea el misterio mayor que proclama la película, mantiene un grado de independencia con respecto a él. No para sus agentes, que disfrutan y padecen (como ocurre también en la propia vida), pero sí para las obras en las que éstos participan. Y quienes las ven tras ellos, entablan una relación viva con ellas.
Esta película comienza con una escena que se amplía en el final. La elevación última de la cámara permite ver algo que era invisible al comienzo. El juego de ida y vuelta podría amplificarse, podría hacerse eterno, porque las películas crecen, son absorbidas y absorben por quienes las ven y a quienes las ven. Se trata del viejo artificio de las fotografías proyectadas hacia el futuro, compuestas por la propia vida y por un cálculo, un oficio. “La música hace más bella la sonrisa de mis clientes”, dice el fotógrafo que aparece en esa primera y última escena de la película, por dos veces y la misma vez.
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Nota escrita con motivo del cincuentenario de la muerte de Lorenzo Llobet Gràcia


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