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Breve historia de la Tierra de Andrew H. Knoll

Breve historia de la Tierra de Andrew H. Knoll

Una historia de nuestro planeta desde su creación hasta nuestros días. Cuatro mil millones de años en ocho capítulos que se leen como una novela de viaje, transitando el camino de la vida, intermitente y tortuoso, que ha ido conformando nuestro hogar en el universo. Es un libro donde la Tierra se desvela como el ingrediente esencial de la aparición de la vida, y en el que se reivindica la deuda que tenemos con nuestro planeta y su futuro.

Zenda reproduce el prólogo a Breve historia de la Tierra, de Andrew H. Knoll.

Pasamos nuestras vidas atados por la gravedad de la Tierra. Cada paso que damos nos pone en contacto con rocas o con la tierra, aunque estén ocultas por una capa de pavimentos o entarimados. Puedes pensar que te escapas de las garras de la gravedad cuando te alzas volando en un avión, pero la sensación que puedas tener es pasajera, pues en pocas horas la gravedad acabará ganando la partida y volverás a pisar tierra firme.

Nuestro vínculo con la Tierra va mucho más allá de la gravedad. La comida que nos alimenta está formada a partir del dióxido de carbono de la atmósfera o de los océanos, junto con agua y nutrientes procedentes del suelo o del mar. Cada vez que respiramos, llevamos aire lleno de oxígeno a nuestros pulmones, que nos permite luego extraer energía de los alimentos que ingerimos; al mismo tiempo, el dióxido de carbono de la atmósfera evita que nos congelemos. Es más, el acero de tu nevera, el aluminio de las latas de bebida, el cobre de las monedas y los metales de tierras raras de tu móvil proceden todos de la Tierra. Teniendo en cuenta todo esto, es sorprendente que no sintamos algo más de curiosidad sobre esta gran esfera que nos sostiene y que, de vez en cuando, durante los
terremotos o los huracanes, nos pone en peligro.

¿Cómo podemos comprender el lugar de la Tierra en el universo? ¿Cómo surgieron las rocas, el aire y el agua que definen nuestra existencia? ¿Cómo explicamos los continentes, las montañas y los valles, los terremotos y los volcanes? ¿Qué determina la composición de la atmósfera o del agua del mar? ¿Cómo surgió la enorme diversidad de vida que vemos a nuestro alrededor? Y, algo quizá más importante: ¿cómo pueden nuestras acciones modificar la Tierra y la vida que hay en ella? En parte, se trata de preguntas sobre procesos, pero también hay cuestiones históricas, y son las cosas que intentaremos comentar en este libro.

Es una historia sobre nuestro hogar, la Tierra, y sobre los organismos que medran en su superficie. Todos los aspectos de la Tierra son dinámicos, en cambio permanente, a pesar de la falsa, aunque habitual, impresión de permanencia, de constancia. Boston, por ejemplo, tiene un clima templado, con veranos cálidos, inviernos fríos y una precipitación moderada que se distribuye más o menos por igual durante todo el año. Las estaciones son predecibles y si has vivido ahí durante unos años, como yo mismo, puede darte la sensación de que ya lo has visto todo; sin embargo, los meteorólogos te dirán que la temperatura media anual de Boston ha aumentado en más de 0,6 grados Celsius durante la vida de sus ciudadanos más veteranos. También sabemos que la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera (un gran regulador de la temperatura de la superficie terrestre) ha aumentado en más o menos un tercio desde la década de 1950. De modo parecido, las diversas mediciones nos indican que el nivel del mar está aumentando y que la cantidad de oxígeno disuelto en los océanos ha disminuido en un 3%, aproximadamente, desde que los Beatles saltaron a la fama.

Los pequeños cambios se van acumulando a medida que pasa el tiempo hasta ser relevantes. Un vuelo de Boston a Londres es unos 2,5 centímetros más largo cada año, a medida que la creación de nuevo lecho marino va separando América de Europa. Si pudiéramos dar marcha atrás, veríamos que hace 200 millones de años, Nueva Inglaterra y la vieja Inglaterra formaban parte de un mismo continente y que una serie de fosas tectónicas como las que podemos ver hoy en día en África oriental estaban empezando a crear una cuenca oceánica. A las escalas más largas, las transformaciones sufridas por la Tierra son en verdad profundas; por ejemplo, si pudieras dedicarte a caminar por la Tierra primitiva, te ahogarías enseguida en su atmósfera carente de oxígeno.

La historia de la Tierra y de los organismos que la habitan es mucho más espectacular que cualquier película taquillera de Hollywood y nos sorprende con tantos giros de guion como cualquier buen best seller. Hace más de cuatro mil millones de años, se fueron acumulando restos rocosos que orbitaban alrededor de una joven y modesta estrella para formar un pequeño planeta. Durante sus primeros años, la Tierra vivió al borde del cataclismo, bombardeada por incontables cometas y meteoritos, mientras ondulantes océanos de magma cubrían su superficie y gases tóxicos llenaban la atmósfera. Con el tiempo, el planeta empezó a enfriarse. Se formaron continentes para luego desgajarse y colisionar, creando enormes cordilleras, muchas de las cuales desaparecieron; había volcanes millones de veces más grandes que ninguno observado por los seres humanos; se produjeron ciclos de glaciación global; se formaron incontables mundos perdidos que solo ahora empezamos a identificar. De algún modo, en este escenario cambiante, la vida se afianzó y acabó transformando la superficie de nuestro planeta, allanando el camino a trilobites, dinosaurios y especies que pueden hablar, reflexionar, elaborar herramientas y, en última instancia, cambiar de nuevo el mundo.

Comprender la historia de la Tierra nos ayuda a apreciar cómo surgieron las montañas, los océanos, los árboles y los animales que nos rodean, así como también el oro, los diamantes, el carbón, el petróleo y el aire que respiramos. En este aprendizaje, la historia de nuestro planeta nos ofrece el contexto necesario para captar la manera en que las actividades humanas están transformando el mundo durante el siglo xxi. Durante la mayor parte de su historia, nuestro hogar ha sido poco hospitalario para los seres humanos y, de hecho, una de las lecciones más persistentes de la geología es el reconocimiento de cuán efímero, frágil y valioso es nuestro momento presente.

En estos días, los titulares de las noticias parecen sacados del libro del Apocalipsis: incendios nunca vistos en California y la Amazonía, récords de calor en Alaska y una fusión cada vez más rápida del hielo glacial de Groenlandia; huracanes descomunales que asolan el Caribe y el golfo de México e inundaciones «del siglo» cada vez más frecuentes en el Medio Oeste estadounidense; la sexta ciudad de la India, Madrás (Chennai) se queda sin agua, y Ciudad del Cabo y São Paulo casi llegan a la misma situación. Las noticias procedentes del ámbito biológico no son mejores: una disminución del 30% en la población de aves de América del Norte desde 1970; una reducción a la mitad de la población de insectos; una mortalidad masiva de coral en la Gran Barrera australiana; disminución rapidísima de las poblaciones de elefantes y rinocerontes; caladeros comerciales amenazados en todo el mundo. La disminución de la población no es lo mismo que la extinción, claro está, pero es el camino que siguen las especies hacia su final biológico.

¿Acaso el mundo se ha vuelto loco? En pocas palabras: sí. Y sabemos por qué: nosotros, los seres humanos, somos los culpables. Somos nosotros quienes inundamos la atmósfera con gases de efecto invernadero, lo que no solo calienta la Tierra, sino que también hace aumentar la magnitud y la frecuencia de las olas de calor, las sequías y las tormentas. Somos nosotros los que hemos llevado especies al borde de la extinción mediante los cambios en el uso de la tierra, la sobreexplotación y, cada vez más, el cambio climático. Con todo esto en mente, quizá lo más deprimente sea la respuesta humana: indiferencia general, sobre todo en mi país, los Estados Unidos.

¿Cómo es que hay tanta gente tan poco preocupada por los cambios a escala planetaria que modificarán el estilo de vida de nuestros nietos? En 1968, Baba Dioum, un guarda forestal senegalés, nos dio una respuesta memorable: «Al final, solo conservaremos lo que amemos, solo amaremos lo que comprendamos y solo comprenderemos lo que nos enseñen».

Este libro es un intento de comprender. Una invitación para apreciar la larga historia que ha llevado nuestro planeta hasta el momento actual. Una exhortación a reconocer cuán profundamente las actividades humanas alteran un mundo de cuatro mil millones de años. Y un estímulo para hacer algo al respecto.

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Autor: Andrew H. Knoll. Título: Breve historia de la Tierra. Editorial: Pasado & Presente. Venta: Amazon

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