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Cada cuatro años nace una poeta suicida, un poema de Francisco Ruiz Udiel

Cada cuatro años nace una poeta suicida, un poema de Francisco Ruiz Udiel

Francisco Ruiz Udiel (Nicaragua, 1977-2010). Realizó estudios de poesía bajo la tutela de su mentora, la nicaragüense Claribel Alegría, discípula del Nobel español Juan Ramón Jiménez. Publicó el poemario Alguien me ve llorar en un sueño (Premio Internacional Ernesto Cardenal de Poesía Joven 2005); Retrato de poeta con joven errante, antología poética de su generación, con prólogo de Gioconda Belli. Su poesía aparece en las antologías La poesía del siglo XX en Nicaragua (Editorial Visor, 2010); Antología de poesía nicaragüense: Los hijos del minotauro (1950-2008), (Revista Trilce, 2009) y en la Antología del IV Encuentro Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer (Trilce, 2008). Fallece en trágicas circunstancias la noche de año nuevo de 2010; al año siguiente se publica su libro póstumo, Memorias del agua.

CADA CUATRO AÑOS NACE UNA POETA SUICIDA 

A Sexton, Plath y Pizarnik
Nacidas en 1928, 1932 y 1936

Cada cuatro años la muerte

abre la llave del gas de una cocina,

se fuma un cigarrillo en el sofá y espera.

Otras veces enciende el motor de un automóvil

dentro del garaje

y canta Chair in the Sky,

un poco de jazz no despertará

a las muñecas recién maquilladas, piensa.

Cada cuatro años la muerte toma

anfetaminas para adelgazar,

pero se le pasa un poco la mano

y ya no despierta.

No se pone triste, ni alegre, ni neurótica, no.

pero cada cuatro años

la muerte amanece lúgubre

y observa la tarde roja

desde una ventana.

Alguien trata de invocarme, dice,

y cierra amargamente los ojos.

A mí me da pesar, no sé,

es como si ella quisiera decirnos

o contarnos algo desde su delgado rostro blanco,

como si estuviera cansada de estrangular mujeres.

Yo la conozco muy poco,

pero me consta aborrece

su funéreo oficio.

Últimamente la han visto respirar

cierto aire suicida.

Cada cuatro años a la muerte

se le irritan los ojos,

sabemos que ha llorado, lo sabemos,

pero callamos,

sabemos también que busca algún vientre

y como ella no tiene el privilegio

de la carne materna

aferra entonces sus fríos y delgados dedos

en el primer ombligo que encuentra.

Por eso cada cuatro años algunas niñas

ya vienen muertas.

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