Acostumbrados como estábamos en nuestro taller de artes gráficas a ejercer una productividad profesional constante y continuada, nos resultó muy impactante la diferente dinámica que se llevaba a cabo en una tienda de productos tintinescos.
Tal como explico, la diferencia entre la actividad empresarial llevada a cabo entre la imprenta y la tienda de Tintín era abismal. En el negocio de artes gráficas podías estar de 7 h. a 19 h., con un descanso de dos horas para comer y reposar, siguiendo con un continuo quehacer de funciones, programadas una tras otra, hasta ver con tus ojos el resultado de tu esfuerzo, situado en las hojas que iban apareciendo a una velocidad vertiginosa en las salidas de cadenas de las máquinas de imprimir.
En la tienda de Tintín la dinámica era totalmente distinta. Te podía entrar por la puerta un señor desconocido o no, quedar seducido por una escultura valorada en 2.500 €, pedirte que se la prepararas colocándola con sumo cuidado dentro de su caja, enseñarle el certificado de autenticidad, insertar dicha caja dentro de una bolsa de Tintín de regalo, dada la cuantía de la venta, el comprador pagarte de la manera que le fuera más cómoda (VISA o transferencia bancaria) y, una vez ya se nos había despedido, salir por la puerta como si tal cosa. Podían ser las 12 h. del mediodía y esa venta ya te había solventado más de una jornada, quedándote con la esperanza de que se repitiera alguna que otra transacción como la ejecutada.
Pues va a ser que no. No se acostumbraban a repetir de forma frecuente operaciones como la descrita. El resto del día te lo podías pasar tocándote aquello que no suena, suplicando al cielo que algún amigo tuyo se pasara por la tienda aunque fuese solo con la intención de saludarte.
Tal como he descrito, la diferencia de ritmos era muy grande y a mí, personalmente, acostumbrado a un ritmo constante de producción gráfica desde los 18 años, la adaptación al nuevo estilo de negocio se me hizo muy gravosa.
DIJOUS TINTINAIRE (JUEVES TINTINÓFILO)
Si bien es verdad de que no podíamos pretender de que el flujo de clientes fuera como el de una panadería —que se nutre a base de ventas de poco importe, por lo que le es necesario un movimiento vertiginoso de su caja registradora—, en nuestra tienda se podían crear espacios de tiempo en los cuales no entraba nadie, y eso provocaba que mentalmente buscaras actividades a promover para dinamizar el mundo tintinesco y así zafarte de la apatía que se apoderaba de ti en esos espacios de tiempo improductivo.
Para ello, aprovechando la condición de Mª Carmen como miembro de la directiva de la asociación Tintincat —luego pasó a llamarse 1001— en calidad inicialmente de tesorera y posteriormente de vocal, acordó con sus compañeros de junta el traslado de lugar desde donde se celebraban los dijous tintinaires. Dicha actividad consistía en ofrecer a los socios de la entidad la posibilidad de reunirse para intercambiar inquietudes e información tintinesca los últimos jueves de cada mes en un lugar céntrico de Barcelona. El Café Viena de la calle Pelayo de dicha ciudad era donde se llevaban a la práctica estas reuniones.
Mª Carmen consiguió que se cambiara el emplazamiento de dichos encuentros, trasladando la actividad mencionada a nuestra tienda. Eso significaba que cada último jueves de mes, a partir de las 18 h., se concentraran en nuestro establecimiento un buen número de socios de la entidad para poder compartir y departir las distintas novedades tintinescas, fueren literarias, de merchandising o de producto adquirido por nosotros mediante la compra de diferentes lotes de colección. Esa afluencia de personas interesadas en el mundo de Tintín provocó que más de uno pasara por caja, saliendo de la tienda con algún que otro objeto en sus manos.
Al mismo tiempo, y como deferencia a la asociación, con motivo de dicho cambio de sede llevado a cabo para los dijous tintinaires, también se llegó a pactar el llevar a cabo las reuniones de junta que fueran pertinentes en nuestro establecimiento.
CONFERENCIA “RELACIÓN DALÍ – HERGÉ”
No hacía más de tres meses que había salido al mercado el libro Som y serem tintinaires escrito por el incombustible tintinólogo Joan Manuel Soldevilla, y sus ventas sobrepasaron las expectativas. Fue así hasta el punto de que un buen día se nos presentó el autor en la tienda y de forma altruista, dada la cifra de libros que se habían vendido en Cantonet —más de cien ejemplares—, nos propuso como acto de agradecimiento ofrecer a todos los interesados que quisieran hacer acto de presencia en Cantonet, una conferencia acerca de la relación personal que mantuvieron dos genios en sus respectivas facetas artísticas, que no eran otros que Dalí y Hergé.
La idea nos pareció genial, ya que estaba relacionada con nuestro interés de coexistir en Cantonet entre la conversación, estudio, debate de la vida y obra de Hergé y, finalmente, la venta de productos tintinescos. Para ello, Mª Carmen y yo nos pusimos las pilas, buscando en el mercado empresas que nos pudieran ofrecer la posibilidad de cedernos mediante alquiler unas 30 sillas donde dar aposento a todos los que estuvieran interesados en hacer acto de presencia y, por otro lado, generar un espacio visual, alquilando un proyector en el que se pudiera mostrar el PowerPoint que Joan Manuel llevaría preparado, con imágenes diversas para acompañar todas las explicaciones a desglosar en su conferencia.
La conferencia se llevó a cabo el 6 de marzo del 2014 y, como ya nos tenía acostumbrados, la intervención de Joan Manuel al entorno del tema a tratar fue magistral, y el interés de los tintinólogos por escuchar sus pesquisas y narrativa sobrepasó cualquier cálculo que hicimos ante la demanda que tuvimos de personas para poder asistir presencialmente al evento.
Me viene a la memoria la explicación que llevó a cabo acerca del telegrama que se custodia celosamente en el Museo Hergé. Dalí felicita al propio Hergé en conmemoración del 50º aniversario de Tintín —10 de enero de 1979— en el que se manifiesta, una vez traducido del francés al castellano de la siguiente forma:
“Mil millones de millones de ectoplasmas y de Basibozuks. Tintín es después de mí el más grande psicodélico de una forma de rynocentismo Castafioresco y es, por descontado después de mí, la pasión paranoide de Gala.
Buen Daliversari.
S. Dalí.
Se evidencia en dicho texto la mezcla de dos mundos que coexisten generacionalmente: los improperios haddockianos de Hergé y el surrealismo daliniano.
Decir que en la actualidad, según palabras de hergeólogos acreditados, se pone en duda la validez de dicho telegrama. Según argumentos de estudiosos contrastados, Dalí no llegó a enviar jamás ese telegrama, y confirman esa aseveración datos tan relevantes y concluyentes como la ausencia de la hora de salida y llegada del mismo, el número de palabras, la oficina que lo expeditó, etc.
Así y todo, lo que quedó claro en la conferencia de Joan Manuel es que Dalí y Hergé se saludaron, se conocieron y, como artistas consagrados, se respetaron y se reconocieron.
CELEBRACIÓN DE LA RECUPERACIÓN SANITARIA DE LEANDRE AVELLANEDA
Por aquel entonces se había creado en la asociación un grupo de WhatsApp, gracias a la iniciativa del socio tintinólogo Leandre Avellaneda, el cual se postuló para ocupar desde su origen el cargo de administrador del grupo. Por motivos legales, ante el posible espionaje de Moulinsart (Tintinimaginatio), la asociación siempre se mantuvo notablemente al margen, más allá de que a título personal algunos de sus miembros directivos se hubieran afiliado a dicho grupo en calidad de tintinianos y, en más de una ocasión, ejerciendo de espías bordurios, provocando malestar y desavenencias entre algunos de sus componentes.
Reconocer el dinamismo de dicha red social, en la que no han faltado en más de una y dos ocasiones los contrastes de pareceres, discusiones e incluso, tal como he insinuado, injerencias en forma de censura presentadas al bueno de Leandre como administrador, por individuos que hablaban en nombre de la junta de la entidad tintinesca, lo cual era rotundamente falso, dado que ni tan siquiera el presidente de 1001 conocía dicha praxis por parte de algunos de sus compañeros de junta directiva. Todo ello con la intención de poner el grito en el cielo llamando al orden al administrador, alegando la conducta inadmisible de algunos miembros de dicha plataforma al realizar contactos comerciales, aunque los mismos se hicieran mediante transacciones en privado.
Sea como fuere, Leandre siempre ha sabido capear los distintos escenarios que se suscitaban dentro de dicho grupo y, concretamente, en Cantonet siempre se le ha considerado una persona con suma paciencia y talla conciliadora.
Un día fuimos informados de que a Leandre le habían diagnosticado una enfermedad cancerígena cutánea en la cara. Dicha enfermedad se denominaba “carcinoma vasocelular”, motivo por el cual tuvo que ser intervenido reiteradamente, con operaciones quirúrgicas ciertamente invasivas, mediante la técnica de la Cirugía de Mosh. Dichas intervenciones, llevadas a cabo con sumo éxito, provocaron la necesidad de reconstruir la zona facial afectada y, una vez que constatamos que los peores momentos de dicha dolencia ya habían remitido, desde Cantonet hicimos una llamada a todos los socios del grupo de WhatsApp que él dirigía para hacer un acto de celebración, dados los signos de recuperación que el propio Leandre nos había confirmado y manifestado.
Se acordó día y hora —26 de julio de 2017— para hacer ese acto festivo y, llegada la fecha, se presentaron un buen número de tintinianos que recogieron el guante ante tan fantástica noticia, a celebrar de forma grupal.
Para darle más postín al evento, el propio interesado nos informó de que se presentaría en Cantonet de forma triunfal como copiloto del coche que en 1965 había acompañado a los Beatles desde el aeropuerto Josep Tarradellas hasta el hotel Avenida Palace, donde hicieron estancia la noche del 2 de julio de 1965, para deleitar al día siguiente a todos los asistentes que acudieron a escuchar la actuación musical de tan emblemático grupo en la Plaza de Toros de la Monumental.


El coche mencionado era un Chevrolet Impala de 180 caballos de potencia del año 1959, el cual entró a España por Andorra y del que, en su origen, el dueño fue Joan Gaspart, antiguo presidente del FC Barcelona, precisamente propietario del hotel donde el grupo musical se hospedó.
Pues bien, contando con la presencia de un gran número de tintinófilos en la tienda a la hora indicada y con el retraso pactado de diez minutos de cortesía, tuvo lugar su llegada.
Haciéndose notar mediante el sonido del claxon de forma insistente por buena parte de la calle Valencia, Leandre, acompañado por su estimado amigo Raymond a manos del volante, en calidad de propietario en aquel momento de tan flamante vehículo, fueron circulando de forma pausada, despertando la curiosidad de todos los transeúntes que merodeaban el entorno de la tienda. Una vez llegados al punto de encuentro y dejando aparcado en el chaflán que entrecruzaba la calle Sardenya / calle València a tan maravilloso coche, todos nos adentramos en el interior de Cantonet para podernos saludar y felicitar por la fantástica noticia de saber que Leandre estaba en la recta final de una pronta recuperación de su dolencia. Los brindis por dicha celebración no se hicieron esperar y el cava corrió de copa en copa para deleite de todos los que quisieron dar la enhorabuena a Leandre. Gran momento disfrutado por todos los que participamos en el acto, cuyo recuerdo sale a la luz de forma reiterada cuando rememoramos los mejores momentos tintinófilos vividos en Cantonet.
Las actividades en Cantonet fueron in crescendo. Aprovechamos la colaboración de clientes y amigos, que vieron en nosotros y en nuestro establecimiento sobrados elementos de iniciativa e inquietud para llevar a cabo ideas que sus mentes desarrollaban, muchas de las cuales se fueron fraguando y es que, siendo como es el tema, materia de estudio y estímulo, por dicha… siempre nos quedará Tintín.






Genial como siempre, y van…..
Veintinueve. Preparando unos cuantos más.