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Carmen de Burgos: matrona libertaria

Carmen de Burgos: matrona libertaria

Carmen de Burgos (1867-1932) tuvo tantos pseudónimos como vidas: Gabriel Luna, Perico el de los Palotes, Raquel, Honorine, Marianela o Colombine, con el que cosechó más éxitos. Este último sobrenombre despertaba la guasa de Cansinos Assens, a quien no le cuadraba que la voluptuosidad de Carmen se identificase con un personaje tan delicado de la Commedia dell’Arte.

Bajo estos nombres firmó miles de artículos y decenas de novelas, cuentos, ensayos y traducciones; una intensa labor literaria que la convirtió en la primera periodista profesional española, tarea que compaginó con la de maestra, pedagoga y activista por los derechos de las mujeres.

Se casó muy joven con un marido que acabó maltratándola. Perdió a tres de sus hijos, lo que la marcó de por vida, y estudió a espaldas de su esposo hasta poder conseguir un título que le permitió escabullirse de aquella pesadilla. En junio de 1895 obtuvo la titulación de magisterio y en 1901 plaza en la Escuela Normal de Maestras de Guadalajara.

"En 1909, tras el desastre del barranco del Lobo, Carmen de Burgos se desplaza a Melilla para comprobar el estado de las tropas españolas"

En 1903 la contrata el Diario Universal, donde publica una columna diaria titulada Lecturas para la mujer, bajo el seudónimo de Colombine, obteniendo lo que podemos considerar el primer contrato periodístico de una mujer en nuestro país. En sus columnas hablaba de moda y de modales, pero también hizo campañas a favor del divorcio, del voto femenino, de la educación de las niñas o de la igualdad laboral y salarial entre hombres y mujeres.

En 1905 obtiene una beca del Ministerio de Instrucción Pública que le permite viajar por Francia, Suiza e Italia. De esa experiencia surge su libro Mis viajes por Europa. Posteriormente viaja por América y es aceptada en la Asociación de la Prensa de Madrid, siendo una de las primeras féminas en hacerlo.

En 1909, tras el desastre del barranco del Lobo, Carmen de Burgos se desplaza a Melilla para comprobar el estado de las tropas españolas. Allí ejerció como corresponsal de guerra, convirtiéndose de nuevo en la primera española en hacerlo, para El Heraldo de Madrid. A su regreso publica un artículo titulado “¡Guerra a la guerra!”, donde denunciaba el conflicto y exaltaba a los primeros objetores de conciencia.

"Su presencia en el frente supuso un shock para la tribu periodística, que no estaba acostumbrada a tener a una mujer como compañera de aventuras"

De hecho, su presencia en el frente supuso un shock para la tribu periodística, que no estaba acostumbrada a tener a una mujer como compañera de aventuras. Valiente y decidida, su forma de ejercer aquella corresponsalía fue también novedosa: no se limitó a narrar batallas, sino que se centró en las consecuencias humanas del conflicto, describiendo el sufrimiento de los heridos, de las familias y de la población afectada. Así, convirtió el periodismo en una herramienta de denuncia y concienciación social, más allá de los cánones del momento, y acabó redactando las penosas cartas de los soldados, analfabetos en su mayoría, que querían ponerse en contacto con sus familias.

Ese mismo año inicia su relación con Ramón Gómez de la Serna. El escritor, casi un adolescente, fue su pareja durante casi dos décadas. La unión entre Carmen y Ramón fue una de las más llamativas y comentadas del mundo literario de principios del siglo XX. A pesar de la diferencia de edad, mantuvieron una intensa relación sentimental e intelectual que desafió las convenciones sociales de la época. Además, Colombine apoyó a Ramón en proyectos como la revista Prometeo, contribuyendo a difundir ideas modernas y vanguardistas. Fue entonces, más o menos, cuando Colombine entró en la masonería, fundando su propia logia en Madrid.

"Carmen de Burgos fue sin duda una de las escritoras más destacadas del primer tercio del siglo XX, una etapa fundamental de nuestra cultura, conocida como la Edad de Plata"

A ambos se les solía ver por las cercanías de la Puerta del Sol, visitando cafés, siendo ella una de las pocas mujeres que pudieron entrar en la cripta del Pombo, donde Gómez de la Serna tenía su pequeño reino. La relación terminó de forma abrupta y escandalosa cuando Ramón se enamoró de la hija de Carmen, con la que acabó huyendo a París. Fue esta historia, quizás, la que más ha pervivido en el recuerdo, sepultando injustamente una interesantísima y vasta obra que el franquismo prohibió tras la Guerra Civil por el perfil feminista y republicano de la autora, que falleció en 1932 estando afiliada al Partido Republicano Radical Socialista.

Carmen de Burgos fue sin duda una de las escritoras más destacadas del primer tercio del siglo XX, una etapa fundamental de nuestra cultura, conocida como la Edad de Plata. Su figura y su obra, que podemos encuadrar en la Generación del 98, resultan claves para comprender la evolución del feminismo en España y el proceso de modernización social del país, pues más allá de sus miles de artículos, participó, y en ocasiones impulsó, los debates sociales de su época. Algunos de sus ensayos y novelas, como La malcasada, han sido reeditadas recientemente, sacando de un injusto olvido a su autora.

“Ser femenina, como quieren las ilusas, es estar sometida solo a imperativos sexuales, sin aspirar más que a ser nodriza y gobernante. Ser feminista es ser mujer respetada, consciente, con personalidad, con responsabilidad, con derechos, que no se oponen al amor, al hogar y a la maternidad”. La mujer moderna y sus derechos (1927)

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