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Carta a Harrison Ford

Querido y admirado Harrison Ford:

Es verdad que no nos hemos visto nunca cara a cara y que llamarte “querido” puede sonar excesivo, pero sin embargo lo eres, puesto que te conozco desde que era un niño a través de las pantallas de cine, y es verdad que tengo hacia ti un fuerte sentimiento afectivo, y por supuesto te admiro, porque lo que he sabido de ti a través de los medios de comunicación es bueno, muy bueno.

Por ejemplo, gracias a una estupenda entrevista que te hizo nuestra gran periodista y escritora Rosa Montero, y que yo leí en un libro suyo de entrevistas, Entrevistas (El País Aguilar). Ese encuentro vuestro tuvo lugar en Londres durante el rodaje de Indiana Jones y la última cruzada, que es una de las películas de Indiana Jones que más me gustan (la otra es En busca del arca perdida). En esa entrevista, titulada muy significativamente “Materia de héroe”, en apenas diez páginas aproximadamente la periodista, con unas cuantas pinceladas, hace un retrato sobre ti muy fiable, en mi opinión, entre el humor y la admiración, digamos, entre el cariño y la ironía, también la inteligencia. Todo esto lo pone en buena parte Rosa Montero, consiguiendo un excelente trabajo: leyendo estas páginas uno tiene la impresión de que te conoce.

Como diría la propia periodista, era una “entrevista de personalidad”, pues ese género era el que practicaba ella en El País, o al menos las entrevistas que yo le he leído, y ya lo creo que ésta en concreto lo era, y una entrevista que no sólo mostraba tu personalidad, estimado Harrison Ford, sino la de la persona que la hacía, la de la propia Rosa Montero.

Era un trabajo periodístico divertido y hondo, muy lejos de lo habitual en la prensa. Allí tú te mostrabas muy alejado del estereotipo de estrella cinematográfica que todos tenemos en la cabeza. No, más bien te muestras como todo lo contrario, como lo que decías que eras: una persona ética, responsable, auténtica, con los pies en la tierra. Se percibía que pensabas tus respuestas todo lo que daba de sí el género de la entrevista, y dabas la impresión de ser alguien que medita sus decisiones, sus actos.

Creo que todos los que hemos disfrutado de tus películas a lo largo de los años nos hemos hecho una imagen, nunca mejor dicho (aunque esto vaya más allá de la imagen), de un ser humano a la vez profundo y sencillo, íntegro como son tus personajes, pero que intuimos que dicha imagen también responde a ti mismo, de algún modo.

En aquella memorable entrevista le dijiste a Rosa Montero que no tenías nada de heroico, y seguro que es así, pero ahora me parece que la sensatez, el sentido común, el estar con los pies en la tierra (tú que eres piloto de avionetas, como hobby, según sé), ya es una forma de heroicidad en este mundo tan loco, tan poco sensato, tan poco con los pies en la tierra.

En efecto, has sido nuestro compañero de vida, como a mí me gusta decir de mis escritores favoritos, durante toda nuestra existencia. Tú estabas detrás de los personajes que nos encandilaban, a mí por lo menos, a mí desde luego. ¿Qué mejor amigo que Indiana Jones, bueno, sabio y valiente? ¿O que Han Solo, el mejor amigo a su vez de Leia y de Luke, el hombre con doble faz, al principio interesado mercenario? Finalmente el mejor amigo de sus amigos, ya digo, y asimismo de nosotros los espectadores, que nacimos con él, desde aquel 1977 que entró en nuestras vidas hasta este 2026, a punto de cumplir 50 años la saga de La guerra de las galaxias.

Te has mantenido fuera de los focos todo lo que has podido, y creo que has hecho muy bien. La persona Harrison Ford no le ha hecho la competencia a sus personajes, pero todos los que te apreciamos, los que admiramos a tus personajes, sabíamos que había algo importante detrás de ellos, alguien, quiero decir, como una esencia, un alma, si me permites expresarlo así: tú, Harrison Ford, el hombre, la persona.

Tuviste que luchar mucho para llegar hasta donde llegaste. No nos tenemos que imaginar nada, porque todos sabemos que la vida es muy dura, y que hay que pelear mucho por todo. El tópico de que nadie regala nada es verdadero, auténtico, me temo.

Trabajaste mucho, te hiciste digno de tus oportunidades y las aprovechaste. Hace poco vi en Internet cómo les dabas las gracias, en una fiesta, o en la entrega de unos premios, a George Lucas y a Steven Spielberg, porque antes de que te dieran sus grandes oportunidades habías trabajado 15 años en pequeñas producciones sin mucho relieve.

Se adivina detrás del actor a una persona que no quiere ir de nada, mejor dicho, que quiere pasar desapercibido. Algo complicado, siendo lo que es, con la profesión que ha elegido y con la importancia que ha tenido en dicha profesión, y en nuestro mundo.

Pero aun así creo que lo has conseguido, creo que lograste el milagro de ser Indiana Jones, Han Solo, el protagonista de la maravillosa Blade Runner, el entrañable policía de Único testigo… entre otros muchos personajes, y ser a la vez Harrison Ford, un hombre que se preocupa por la ética, que cuando habla o le preguntan se muestra profundo, humano, reflexivo.

Para escribir esta carta he recordado muchas películas. Me he puesto algunas en el DVD de casa, algunas de mis películas favoritas, y de otras he buscado los trailers en Internet. ¡Cuánto disfruté de ellas! El buen cine va más allá del entretenimiento, de la diversión, y tiene un efecto reparador en nosotros; nos reconforta. Yo diría que nos salva. En esto se parece a la literatura, a la buena lectura, con la diferencia, pienso yo, de que las películas admiten con mayor facilidad el visionado de varias veces. O muchas veces. Yo no me canso de ver mis películas favoritas, como Indiana Jones o La guerra de las galaxias, o la saga de El Padrino, por salirme un poco de tus trabajos.

El cine es más accesible, me parece a mí, que otras artes, más inmediato, más fácil para el espectador, y en cierto sentido, en muchos sentidos, creo que esto es verdad. Esa facilidad para llegar a la gente es uno de sus atractivos. Por otro lado, los actores son muy importantes, porque encarnan a nuestros héroes en las pantallas, y también nuestros miedos, nuestros anhelos, es decir, nuestras realidades, pero también nuestros sueños. Ignoro quién llamó a Hollywood la “fábrica de sueños”, pero lo expresó muy bien.

Desde luego, tú has encarnado muchos sueños míos, y muchos juegos, desde niño, a partir de tus personajes.

Por ello escribo esta carta, y por ello te doy las gracias. No sólo te has ganado la vida muy bien, como merecías, sino que aparte de esto te has hecho acreedor de nuestro reconocimiento, el de los espectadores de tus películas, que hemos vibrado con ellas todos estos años, toda nuestra vida, en verdad toda tu vida, tu larga y fructífera vida. Gracias.

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