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Negra Sombra

Cuando pienso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.

Así empieza “Negra Sombra”, uno de los poemas más famosos de Rosalía de Castro, capaz de expresar como pocos la pena, la melancolía y la presencia constante del dolor o la angustia. Para muchos autores gallegos, la sombra es la máxima expresión de la saudade: ese sentimiento atlántico de nostalgia, soledad, desasosiego y añoranza que parece impregnado en la propia geografía y el clima de Galicia. Un dolor sombrío y colectivo arraigado en el alma de nuestro pueblo.

Para otros muchos, yo incluida, este poema es una magnífica representación de la depresión crónica, de la angustia y de la incapacidad de librarse de los fantasmas del pasado que boicotean por siempre los momentos de felicidad. Cuando el poema dice “se cantan, é ti que cantas, / se choran, é ti que choras”, refleja que el dolor tiñe absolutamente toda la realidad.

"Montes su composición en el Gran Teatro de La Habana, de modo que rápidamente se convirtió en un hit entre los emigrantes gallegos en América"

Es curioso cómo este poema conserva su popularidad a través de los siglos: nació a finales del siglo XIX, en 1880, y ya entonces fue uno de los más exitosos de la poetisa. Aparte de su indudable calidad literaria, su éxito se debió a que en 1892 Xoán Montes Capón (el equivalente en popularidad al Alberto Iglesias de nuestros tiempos) decidió musicarlo. El músico estrenó su composición en el Gran Teatro de La Habana, de modo que rápidamente se convirtió en un hit entre los emigrantes gallegos en América. ¿Cómo no serlo si le habían puesto letra y música a la morriña?

A nivel nacional esta composición vivió su resurgimiento en 1996, un siglo después de su nacimiento, con la maravillosa versión que de ella hizo Luz Casal en colaboración con el gaitero Carlos Núñez. Lo curioso es que no fue entonces cuando se hizo famosa la melodía, sino en 2004, cuando el tema acabó formando parte de la banda sonora de la película Mar adentro, de Alejandro Amenábar. Llegar hasta los Oscar volvió a darle la proyección internacional que ya cien años antes había tenido.

Entre las más de trescientas versiones que ha tenido esta pieza hay algunas inolvidables, como la de Amancio Prada, por lo que supuso para la canción de autor en España, reivindicando las lenguas periféricas de la península, o la de Milladoiro, que representó la consagración internacional del folk gallego moderno y demostró que la melancolía del poema se podía transmitir con pura fuerza instrumental.

"Cabe preguntarse qué es lo que hace que este poema en concreto goce de tan buena salud y sea capaz de conectar generación tras generación"

Incluso hoy en día los grupos más vanguardistas del panorama musical galaico, como Fillas de Cassandra, siguen haciendo sus propias versiones del tema. En 2023 nació “Canta miña sombra (negra sombra)”, demostrando que aún le queda mucho recorrido por hacer, ya sea a manos de la electrónica, el post-punk o por quien quiera revivirla.

Cabe preguntarse qué es lo que hace que este poema en concreto goce de tan buena salud y sea capaz de conectar generación tras generación con sus lectores. Probablemente sea porque no habla de una pérdida ni de un lugar concretos, sino de una condición humana: la melancolía. Otra razón es que la melodía que le añadió Xoán Montes se basa en el alalá, la forma de canto tradicional gallego más antigua. Esta música tiene una naturaleza ancestral, hecha para ser cantada a capella con un ritmo muy lento. Esto logra que su fuerza hipnótica se clave en el oyente de forma inmediata, independientemente de que entienda o no el idioma en que se cante.

"La hora en que el sol baja despacio, como si quisiera pedir disculpas por las verdades que reveló a primera hora"

Incluso sigue siendo para muchos nuestra banda sonora cotidiana: un buen número de relojes de carillón de Galicia (los que aún se conservan en centros urbanos o iglesias) tocan la melodía de “Negra Sombra” porque es uno de los himnos sentimentales más profundos de la identidad gallega, fuertemente ligado a la historia de las antiguas cajas de ahorros locales. Para dotar a estos relojes de una identidad propia que conectara con la población, se programó su carillón para que, al dar las horas principales del día (habitualmente al mediodía o al caer la noche), repicara la melodía.

Yo puedo escucharla desde mi lugar en El Cabo todos los días a las 20:00 horas según sople el viento, traída desde la torre de la iglesia más cercana hasta mis oídos. La hora en que el sol baja despacio, como si quisiera pedir disculpas por las verdades que reveló a primera hora. La hora en la que el pueblo se perdona a sí mismo, y en la que yo también me perdono un poco. La hora en que pienso en mis sombras, pero también recuerdo que ninguna sombra —por larga que sea— puede adelantarse a quien decide caminar hacia su propio sol.

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