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Cinco poemas de José Luis Argüelles

Cinco poemas de José Luis Argüelles

Los poemas de Protesta y alabanza (edit. Impronta), el nuevo libro de José Luis Argüelles, afirman la tensión de toda existencia consciente: somos memoria y daño, pero también celebración y asombro. Sophia de Mello Breyner Andresen resumió con acierto y en menos de una línea esas pulsiones: louvor e protesto. Estamos, pues, ante unos textos en los que su autor se mueve entre la elegía y el deslumbramiento, la meditación y el homenaje. Son versos que cultivan la emoción sin renunciar a la lucidez. Y siempre desde la búsqueda de la música de las palabras.

Cinco poemas de Protesta y alabanza 

CAMARADA GORRIÓN

Te he visto en las mañanas frías del invierno

aletear humilde en el esquema de una rama,

desde los árboles desnudos, solos,

y eras la cifra audaz del nuevo día.

 

Posado en un balcón te he visto

con tu mínimo canto sin adornos,

pero más resistente que la noche

y frágil como todos los hijos del oxígeno.

 

En urbanos jardines casi muertos,

donde el insomnio de las horas pone un huevo gris

para los viejos melancólicos,

y en el alegre patio de una escuela.

 

Te he visto compartir las migas de mi pan,

jovial como si fueras camarada agradecido.

Y de ti aprendo a ser instante breve de una luz

que llega, y pasa, y hace daño, y es hermosa.

SOBRE UN TEMA DE CERNUDA 

Estuvo bien que lo dijeras tú,

con esa fama de altivez huraña,

al hablar de la guerra de España

–una causa perdida, digna– y tu

 

fervor último pese a la derrota.

Fue al cabo de los años, exiliado,

tras escuchar a aquel viejo soldado

de la Lincoln. Tan solo la fe importa.

 

La noble fe que dice tu poema

y vive más que la traición o el daño,

una historia contada con olvido.

 

Bien estuvo ese verso y ese tema:

recordar, recordar contra el engaño

el valor de otros, su deber cumplido.

TUS LABIOS

Tus labios otra vez

para que el frío,

este ladrón de acostumbrados guantes,

no irrumpa en nuestra casa.

 

Tus labios siempre frente a los escoplos

con que regresan,

implacables,

la insatisfacción y sus sombras.

 

Tus labios vivos contra el muro

de tanta hora imperfecta,

de la infección de las noticias,

cuando el día se desvanece

en las calles sin nadie,

bajo las luces amarillas de los insectos.

 

Para salvar la primavera

con sus muertos recientes,

con sus cifras insomnes

y los venenos de los poderosos,

la verdad insumisa de tus labios.

 

Tus labios cuando calman

todo el dolor del mundo.

PROTESTA Y ALABANZA

Este triste y colérico consuelo

(algo así dijo Geoffrey Hill que es la poesía)

reúne luz y sombras en la página,

incendia la memoria con sus músicas

y excava las raíces de un jardín inverso.

Busca la duración,

pesa sílabas y alza imágenes sutiles,

pero nos deja intacto el daño de los días

y jamás restituye,

pleno,

aquel instante en que supimos un desnudo,

la rosa del amanecer en esos labios,

todos los sueños de la juventud insumisa.

Solo protesta y alabanza caben

(palabras que escribió Sophia de Mello)

en su recinto exacto,

aquí donde la vida comparece

como un eco lejano,

casi desvanecido,

con su rastro de amor y nada.

CEMENTERIO DE VEGADOTOS

 A Aquilino Fernández (Quilino el de Polio),

in memoriam

No pisarás la tierra de esos muertos.

Junto a la noche extensa,

bajo la indescifrable luna,

recuerda sus canciones minerales,

cicatrices azules, el remendado mahón,

la introspección de los inviernos en sus miradas.

 

No pisarás la tierra de esos muertos.

En la frágil orilla de los días,

afirma sólo aquel valor y sus palabras,

lejos de la derrota de los hierros oxidados

por el cansancio de la lluvia y el diente de la ortiga,

lejos de la firmada liquidación de los principios y las obras,

lejos del desamparo de las galerías cegadas

por el lodo del vencimiento.

 

No pisarás la tierra de esos muertos.

Sobre la herencia grave de su desacato,

deja que las raíces busquen lo profundo,

y construyan los pájaros o las hormigas,

que la niebla culmine el homenaje de sus bóvedas

y se suelden los húmeros afines.

 

Descansad.  Descansad, vosotros los guerreros

de los años de sílice y clandestinas lámparas,

cuando el miedo envolvía las páginas y el pan,

cuando los delatores cobraban sus treinta monedas

y grandes coches negros vigilaban las esquinas

desde una ceja, el látigo de los comisarios.

Descansad. Descansad bajo tantos helechos,

al lado de los peces milenarios

y las vacas que pastan mansamente

nuestra desolación y el abandono.

 

No pisarás la tierra de esos muertos,

tú que miras ahora la ceniza del paisaje.

*****

José Luis Argüelles (Mieres, 1960) es periodista del diario asturiano La Nueva España, donde también ejerce la crítica de libros. Es autor, entre otras publicaciones, de los poemarios Cuelmo de sombras (Versus, 1988), Pasaje (Trea, 2008), Las erosiones (Trea, 2013, Premio de la Crítica de la Asociación de Escritores de Asturias), Gran desconcierto (Trea, 2018), Mar sin fin (Heracles y nosotros, 2020) y Protesta y alabanza (Impronta, 2020).  Preparó y prologó la antología de poetas en lengua asturiana Toma de tierra (2010). Sus aforismos han sido incluidos en el volumen Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos (Trea, 2013), de José Ramón González.

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Autor: José Luis Argüelles. Título: Protesta y alabanza. Editorial: Impronta. Venta: Todostuslibros y Amazon

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