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5 poemas de «El pez rojo que nada en el pecho», de Gioconda Belli

5 poemas de «El pez rojo que nada en el pecho», de Gioconda Belli

La poesía de Gioconda Belli (Managua, 1948) lo tiene todo: emoción, sensualidad, compromiso, ironía… y nada de ello falta en este nuevo libro. Sus versos, profundos y sugerentes, se leen como si pudieran tocarse con las manos, y su infatigable militancia en el feminismo, «si eres una mujer fuerte / prepárate para la batalla, / ampara, pero ampárate primero», o su defensa de las personas que sufren la injusticia, esas que saben que «nada de lo que digan será usado a su favor», los llenan de sentido. El pez rojo que nada en el pecho es también una radiografía de la pareja, pero no idealizada como «la isla que jamás tocarán los huracanes», sino entendida como un trabajo de dos, una conquista diaria. Y esta vez se añade a su mirada la nostalgia que da la edad, en un momento en que ya se empieza a ver con otros ojos, «tan corta la vida, tan rápida», y donde es más importante que nunca encontrar momentos para la calma, la felicidad y la belleza: «Nada se parece menos a la muerte que la música». Una obra intensa y muy poderosa. (Benjamín Prado).

LA AGONÍA DE LA MARIPOSA

Más allá de la medianoche
en solitaria vigilia mientras la casa y sus ocupantes duermen
de puntillas me acerco a buscar la fruta,
el pedazo de pan para el hambre del insomnio.
Desplomada en el piso
agitándose moribunda
agoniza una mariposa.
El batir de sus alas se escucha en el silencio
como una llamada de auxilio.
Nunca he atendido o curado a una mariposa.
¿Qué haré? ¿Cómo impediré que perezca?
Nada puedo. Tan solo acompañar su agonía
sentarme en el suelo a su lado.
La oscura mariposa nocturna
tiene ojos de gato en las alas
dibujos y jeroglíficos de los seres míticos que la dibujaron
y la hicieron bella para la corta temporada de su vida.
Se queda quieta al fin.

Yo regreso a mi cama.
Torpe criatura que no pudo ayudarla.

CONSEJOS PARA LA MUJER FUERTE

Si eres una mujer fuerte
protégete de las alimañas que querrán
almorzar tu corazón.
Ellas usan todos los disfraces de los carnavales de la tierra:
se visten como culpas, como oportunidades, como
precios que hay que pagar.
Te hurgan el alma; meten el barreno de sus miradas o sus
llantos
hasta lo más profundo del magma de tu esencia
no para alumbrarse con tu fuego
sino para apagar la pasión
la erudición de tus fantasías.

Si eres una mujer fuerte
tienes que saber que el aire que te nutre
acarrea también parásitos, moscardones,
menudos insectos que buscarán alojarse en tu sangre
y nutrirse de cuanto es sólido y grande en ti.

No pierdas la compasión, pero témele a cuanto conduzca
a negarte la palabra, a esconder quién eres,
lo que te obligue a ablandarte
y te prometa un reino terrestre a cambio
de la sonrisa complaciente.

Si eres una mujer fuerte
prepárate para la batalla:
aprende a estar sola
a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo
a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta
a nadar a contracorriente.

Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto.
Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo
rodéalo de fosos profundos
pero hazle anchas puertas y ventanas.

Es menester que cultives enormes amistades
que quienes te rodean y quieran sepan lo que eres
que te hagas un círculo de hogueras y enciendas en el
centro de tu habitación
una estufa siempre ardiente donde se mantenga el hervor
de tus sueños.

Si eres una mujer fuerte
protégete con palabras y árboles
e invoca la memoria de mujeres antiguas.

Has de saber que eres un campo magnético
hacia el que viajarán aullando los clavos herrumbrados
y el óxido mortal de todos los naufragios.
Ampara, pero ampárate primero.
Guarda las distancias.
Constrúyete. Cuídate.
Atesora tu poder.

Defiéndelo.
Hazlo por ti.
Te lo pido en nombre de todas nosotras.

DESAPEGO DE LA HIJA

Desde que creció me esquiva.
Alondra volando sola
alas con filo tomando altura
para desde lo alto
sacudirse mi amor como un estorbo.
La pájara pinta
mi muchacha con el garbo de una garza
a la orilla del mar
tiene la mirada lejana
de quien se sabe llegada de un lugar distante
extranjera en una tierra donde otros se reconocen.
¿Cómo sorber el aire que la aleja
soltar las plumas de los cisnes
para labrarle un nido mullido y seguro
donde atracar?
¿Cómo traducirle a su idioma de pájara
el amor del cuerpo que sin hacerla la hizo
que sin nacerla la nació
que la amará a través del espacio
a través del largo viento y la nube
que ella cabalga
evitando acercarse?
¿Cómo puedo yo
sin usar estrategias de guerra
cortarle la retirada?

MATRIMONIO IMPERFECTO

A Camilo y Leonor

No estaría nada mal
regalarles hoy
la utopía del matrimonio perfecto:
la isla que jamás tocarán los huracanes,
donde cada pregunta cotidiana
vendrá con su genial respuesta
y el viento cabalgará las tardes
con el sonido de risas lejanas.
¡Ah! Cómo quisiera regalarles hoy
un matrimonio envuelto como un jarrón chino
completo con los jeroglíficos para adivinar el futuro
y el mapa de las acertadas decisiones;
un jarrón donde florecieran girasoles tercos
en medio de copiosos inviernos tropicales.

Pero osaré conjurar el anverso oculto de la vida,
la que se labra a diario con las manos,
para atreverme esta tarde en San José de Costa Rica
frente a amigos y parientes,
a retarles al amor más imperfecto y humano
al pequeño caudal que cuando se hace río
y corre al mar, se despeña,
y en su aparente quiebre
crea las cataratas en las que el sol sale a pescar el arcoíris,
ese que a veces se llena de rugidos
de palabras que nombran impetuosas
los peñascos y rápidos
con que se topa el agua,
pero que, saciado de decir,
fluye para recuperar la transparencia
donde flotan los barcos
transportando las frutas.
No quiero para ustedes el amor irreal de las tarjetas
decoradas con dulces y lacitos
sino ese que han venido afinando sabiamente
cada uno a su modo,
un amor brioso y exigente
que ha aprendido a ser manso siendo terco
siendo tenaz, constante,
cada uno con su rama en el pico
haciendo y acomodando el nido.
Cada uno con su sueño,
osando revelar la arcilla de su edificio íntimo.
La utopía es una isla solitaria donde nadie desembarca.
Por eso les deseo el amor más desnudo y cotidiano
la confianza y ternura
de acariciarse el alma, aceptarse imperfectos
y construir la recóndita esquina
del abrazo apretado
del pedazo de mundo
donde la soledad termina.

DESPEDIDA

A Joan y Peter

Los amigos se han ido.
El viento mueve el cencerro japonés en la terraza.
La melodía liviana y espontánea
de cilindros tocándose
es nostálgica como el día
como este mundo que habitamos
abrazándonos
y dejándonos.
Recibimientos y despedidas.
El gozo efímero pero duradero
de vivir.
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Autor: Gioconda Belli. Título: El pez rojo que nada en el pecho. Editorial: Visor. 

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