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Cirugía  y ya

¿Por qué nadie lee a Juan García Hortelano? ¿Por qué razón su literatura, ahora más necesaria que nunca, no ocupa un puesto relevante entre las nuevas generaciones de escritores, que apenas saben de su existencia? Y es que sucede que, desde hace un tiempo, existe una buena remesa de autores que atesoran un estilo basado fundamentalmente en el impacto del lenguaje, en la rapidez, en el dinamismo y en la frescura de los diálogos; en la exaltación y en la glorificación de lo absurdo, de lo mundano y lo banal, que nos recuerda, y de qué manera, a ciertas obras del entrañable escritor madrileño, nacido en 1928 y muerto cuando apenas contaba con sesenta años de edad, autor de verdaderas joyas, como Nuevas amistades (1959), su primera novela, con la que obtuvo el prestigioso Premio Biblioteca Breve, y, fundamentalmente, El gran momento de Mary Tribune (1972), libro con el que se anunciaba, de alguna manera, el final del túnel y el principio de una nueva narrativa que cobraría plenitud durante la Transición, tras la muerte del dictador.

La narrativa de Hortelano, como las mónadas de Leibniz, esas formas sustanciales dotadas de una determinación interna cuya génesis se halla en Dios. parece que haya quedado flotando en el ambiente, aunque sus libros no se lean y, lo que es mucho más grave aún, ni siquiera se reediten. Sin eludir la crítica social, sin dejar de ser un escritor comprometido con su tiempo, su interés consiste, sobre todo, en la cadencia de su prosa, como si la vida no se cociera a fuego lento, sino a base de una especie de fuego cruzado entre jóvenes que, como en el verso de Gil de Biedma, autor contemporáneo suyo y, junto con José Agustín Goytisolo y Juan Marsé, de su propia camarilla, vinieron a llevarse la vida por delante.

"Laura Pérez Martín es una escritora valiente que se ha jugado mucho en este primer envite"

Laura Pérez Martín (San Sebastián, 1977) ha publicado su primera novela, La chica de las redes sociales. Una obra digna, correcta, de algún modo rompedora, bien escrita, mejor resuelta y con una cierta ambición que no puede disimular aunque le lleve, en ocasiones, a un callejón sin salida. La juventud, la inexperiencia y la impetuosidad le conducen a cometer pequeños errores que, por otra parte, no afean demasiado el conjunto; pero que, imagino, irá resolviendo en próximas entregas. Así, por ejemplo, habla de un personaje que siente la necesidad constante de “expeler la orina”; o de otro que se suena los mocos “de la nariz”. ¿De dónde si no? Porque la novela tiene mucha molla y abundante sustancia, sin ahorrarse detalle alguno —incluidas las escenas eróticas—, como si ella misma hubiera sido testigo a través del ojo de la cerradura. Como en las novelas de García Hortelano, que, por lo que se ve, han quedado para coleccionistas y exquisitos de la literatura, estos chicos y chicas actúan como triunfadores —¿no era aquello de JASP, Joven, Aunque Suficientemente Preparado?— en un mundo hecho a su medida; con la inmunidad que otorga la juventud y el saberse protegidos, con una red bajo sus pies, fuera del alcance de aquellos problemas que aguijonean al resto de los mortales. Casas de ensueño (pura domótica). Ascensores de cristal. Escenarios fantásticos. Baños a la luz de la luna en playas paradisiacas. Viajes de lujo. Jamón Joselito y botellas de vino gran reserva cuya cotización, incluidos los blancos, no baja de los tres mil euros la pieza. Y si hiciera falta, “cirugía y ya” para recobrar la juventud, divino tesoro. Pero, junto a ello, entre copa y copa, entre fiesta y fiesta, afloran las infidelidades, asoma el engaño, la corrupción (la política, sobre todo), la falsedad y la mentira, a todo lo cual se enfrentan de una manera natural, sin alterarse demasiado, como si formara parte del juego. No es extraño, pues, que Laura Pérez Martín haya recurrido a numerosas citas de Shakespeare, extraídas de varias de sus obras, como Otelo y Macbeth, donde nuevamente pone sobre el tapete —no por sabida menos impresionante— aquello, tan del gusto de Faulkner, de que la vida no es más que una sombra que pasa, un cuento narrado por un idiota lleno de ruido y furia.

"Cirugía y ya. Pero, en ocasiones, ni siquiera un buen bisturí y una mano experta son capaces de enmendar los desarreglos del alma"

Laura Pérez Martín es una escritora valiente que se ha jugado mucho en este primer envite. Y, aunque recurre con frecuencia a los consabidos e inevitables tópicos propios de este mundo glamuroso y artificial —los programas del corazón, que tanto abundan en la tele, le ponen en bandeja buena parte de la información—, no rehúye, sin embargo, el análisis de los efectos colaterales de unas existencias que se juegan toda su fortuna y toda su reputación a un solo color. Se abordan aquí las consecuencias de los choques generacionales, del papel de la mujer, atada a un varón que aún posee el papel de protector del resto de la manada; y también se habla del destino humano, de la vida loca loca que, al final, deviene en una nostalgia que se remonta a los primeros años y a las primeras lecturas. Hay un momento en el que Carmen, por ejemplo, se pregunta por qué los libros de su infancia (Salgari, Stendhal) no han influido más en su forma de ser, como una especie de bovarysmo en versión siglo XXI. Cirugía y ya. Pero, en ocasiones, ni siquiera un buen bisturí y una mano experta son capaces de enmendar los desarreglos del alma. A García Hortelano no le hubiera desagradado esta novela.

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Título: La chica de las redes sociales. Autora: Laura Pérez Martín. Editorial: Espasa. Venta: Todostuslibros y Amazon.

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