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Cómplices felices: Daniel Mordzinski y Silvio Rodríguez

Cómplices felices: Daniel Mordzinski y Silvio Rodríguez

Por hacerme cantor me ha sucedido casi todo.

Silvio

La fotografía, afirmaba Hans Belting, es una portentosa técnica que emplea cuasi mágicamente las cualidades del cristal y del espejo a fin de construir artefactos visuales, que, paradójicamente, se constituyen en nuevos sucesos, imágenes de la vertiginosa fugacidad de lo retratado, y, a la vez, en antiguas huellas de lo real trastocado en símbolo. “Es un medio entre dos miradas, decía el renombrado autor alemán, en el que el tiempo transcurrido entre la mirada captada y la que reconoce se transforma en irrepetible acontecimiento”. De tal forma, surge una suerte de ética ―en palabras de Susan Sontag― en la que la fotografía no solo es reflejo de la realidad sino también código de su interpretación cual el arquetipo de la manera como vemos el mundo.

La poesía, por su parte, en tanto representación simbólica del entorno se vale del lenguaje para trasladarnos más allá del significado literal de las palabras transformándose en instrumento estético y cognoscitivo; ella nos revela las cosas desde el enigma y el misterio del espíritu en lúdico dialogo con lo circundante a partir de las experiencias y sentires del poeta. Y si la construcción de lo alegórico a manos de la poesía se vale de la canción, la idea de lo figurado alcanzará nuevos niveles de sensibilidad adquiriendo vida única; de tal forma, poesía y canción compartirán oralidad, aunque la estética de la palabra escrita o recitada predomine en la primera y la sensibilidad rítmico-melódica en el canto, tal cual aconteció desde el origen de los tiempos a manos de los primigenios trovadores helénicos.

"En sus páginas, los textos del cubano aparecen esparcidos entre 143 fotografías inéditas que plasman un itinerario común de casi tres lustros"

Daniel Mordzinski (Buenos Aires, 1960) y Silvio Rodríguez Domínguez (San Antonio de los Baños, 1946) han logrado el maridaje de las mencionadas manifestaciones artísticas aunando sueños, viajes, y salvas de emociones en un nuevo libro del “fotógrafo entre escritores”. En sus páginas, los textos del cubano aparecen esparcidos entre 143 fotografías inéditas que plasman un itinerario común de casi tres lustros. En efecto, Silvio Rodríguez: Diario de un trovador (Planeta 2026) es una inusual bitácora de dos excelsos creadores que en una provocadora simbiosis ha recogido el devenir reciente del cantautor que ha representado todo para generaciones de latinoamericanos y latinoamericanas por más de cinco décadas.

Silvio, el autodidacta nacido entre la admiración por los grandes músicos cubanos desde Bola de Nieve hasta Marta Valdés; entre la fascinación por la música clásica de los maestros universales y aquellos Beatles de Rubber Soul, Eleanor Rigby, y Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band hasta las letras de Martí, Vallejo y Saint-John Perse. Sacudido por semejantes expresiones estéticas desde muy tempranamente, se lanzó a la gesta de hacer y deshacer canciones, “músicas sugestivas y bien diferenciadas con textos que soñaban ser poemas, canciones que no existían” y que para nuestra suerte él se dispuso a inventar.

Daniel Mordzinski, a su vez, reconocedor de que sus retratos son su voz, de que ellos resultan de la pasión por contar y explicar historias desde la inocencia de la autenticidad, ha expresado que con este trabajo su cartografía literaria se expande queriendo hacer un recorrido visual, emocional y sentimental por el transcurrir de uno de los artistas más importantes de nuestra lengua. Y, a nuestro ver, también regalarnos importantes segmentos de la historia latinoamericana reciente, en particular la de Cuba y los países del Cono Sur.

"En este catálogo de emociones y recuerdos aparecen los fieles amigos y compañeros de faena del vate"

Las estampas del volumen que nos convoca recogen las giras del Silvio Rodríguez que retorna taciturno y emocionado al Santiago donde amó llorando por el humo siempre eterno de una ciudad acorralada por símbolos de invierno; el lente lo devela en una de las más poderosas fotografías de la obra en la que, ante el retrato del presidente septembrino (Eso no está muerto, / no me lo mataron / ni con la distancia / ni con el vil soldado…) y en presencia de Isabel Parra, Marcia Tambutti e Isabel Allende Bussi, la fundación Salvador Allende le rinde merecido homenaje. La pupila de nuestro fotógrafo atrapa al poeta mientras redescubre la Córdoba guevariana plasmando en su diario el pálpito de un sacudido hombre contemporáneo: Y le cito: “Saber que los Impunes adormecidos por las mieles del poder calumnian la inteligencia y la libertad” triplica las fuerzas para volver a entonar “yo no sé lo que es el destino, / caminando fui lo que fui. / Allá Dios, que será divino: / yo me muero como viví.”

En este catálogo de emociones y recuerdos aparecen los fieles amigos y compañeros de faena del vate: Luis Pastor, Ismael Serrano, César Isella, León Gieco, Víctor Heredia, Serrat, Massiel, Luis Sepúlveda, Vicente Feliú y Luis Eduardo Aute, este último “portento de humanidad que todo lo hacía bien, amigo renacentista de bondad esencial y fidelidad a toda prueba”, en palabras de Silvio, retratado en vida y presente en espíritu durante el homenaje que se le rindió en Madrid tras su grave enfermedad. Encontraremos en este collage músicos, productores y trabajadores que acompañaron al cantor en cada parada de la trayectoria documentada en él; brotan además hermosísimos pasajes de la intimidad hogareña del cantautor junto a las cuidadoras de su corazón: su esposa Niurka y su hija Malva, e incluso acompañado de sus mascotas, instrumentos de trabajo y utensilios viajeros.

"No es casualidad, pues, que en las páginas de Silvio Rodríguez: Diario de un trovador aparezcan estampas de múltiples mares"

Cabe resaltar que Mordzinski se ha preocupado por documentar la presencia del público en los conciertos de Silvio, de seguro consciente de que sin ellos las canciones jamás serían las mismas, convencido de que “después que canta, el hombre queda solo”. No en vano Silvio habla al público agradecido, a las “cabecitas pequeñas en inmensos conciertos” sin perder de vista que cada una de ellas “es una persona con toda una historia, anhelos, vitalidad, familia con la que me hace el honor de convertirme en arena y en multitud…”.

El mar, elemento esencial del ethos y construcción social caribeños siempre prefiguró un cúmulo de rasgos polisémicos donde la metáfora que traduce fue espejo de la contemplación del uno mismo y del otro; de lo que se ha ido o retorna cual la eterna epopeya de las ítacas. Mar como réplica de la historia humana de dolor o júbilo, de promesas de partidas y ansiados arribos. No es casualidad, pues, que en las páginas de Silvio Rodríguez: Diario de un trovador aparezcan estampas de múltiples mares; costas chilenas y playas de La Habana, mas, destaca una que introduce su contenido en la que un Silvio de mirada fija a través de una ventana atisba en lontananza el azul verdoso del mar de Santo Domingo. No cabe otra cosa aquí que recordar unos imperecederos versos de su autoría: “Si he de vivir sin el consuelo / de ver cada mañana el mar que anhelo / yo tengo que lograr que el pecho al palpitar / sea un ave que levante el vuelo”. No sorprenden estas palabras puesto que provienen de un sensible ser humano que a través de las épocas se ha posicionado entre la amistad, la solidaridad y una rigurosa dedicación al arte; de un hombre consecuente que igual abraza la humildad y la crítica: “Ser revolucionario y “raro” ―o sea artista― a la vez, es como ir vertiendo cuota extra de sal en las laceraciones que ya un arte insumiso inflige a quien lo esgrime”.

En la penúltima página de esta obra esencial Daniel Mordzinski confiesa que en su casi medio siglo de fotografía nunca antes imaginó tener la fortuna de hacer un libro, mano a mano, corazón a corazón, junto a Silvio Rodríguez; y concluye afirmando que “El trovador no cesa de canturrearme ahí dentro, muy profundo: Soy feliz, soy un hombre feliz.    

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Autor: Daniel Mordzinski. Título: Diario de un trovador. Editorial: Planeta Colombia. Venta: Web de la editorial.  

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