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Conocer a Clarice Lispector

Que trate de explicar el porqué. Que por qué escribí este libro, me preguntan. Entonces todo se vuelve oscuro, caótico, imposible. Porque la magia no se explica. Porque la magia sucede; la magia ES.

Como ustedes saben, justificar nuestras intenciones siempre se transforma en un acto demasiado riesgoso, filoso, pero por eso mismo sé que no puedo ni debo rendirme.

Voy y vengo. Me acuesto, me paro, me siento. Anoto ideas, disparadores, frases sueltas. Dejo todo y lo abandono. Lo intento una y otra vez.

Pienso en su nacimiento fallido, culposo, sufrido. En la huida de su país de origen. En la extranjerización de su alma y de su lengua. En el miedo que fue la fuente de su infatigable intrepidez.

"Escribir sobre Clarice. Sobre, debajo y dentro de ella. Abordarla. Que su historia se transforme en sangre, vida, fuerza y fe"

Repaso su adolescencia y su rebeldía. Me detengo un rato en su ¿adultez? Hago foco en sus padres, sus hermanas y sus hijos. En aquel amor que vivió como pudo y como quiso. En la eterna diferencia entre ser, padecer y parecer.

Escribir sobre Clarice. Sobre, debajo y dentro de ella. Abordarla. Que su historia se transforme en sangre, vida, fuerza y fe. Quiero que todos ustedes la conozcan. Necesito que la sepan. Lograr que el milagro suceda: que logren presentirla, decodificarla y entender.

Entonces preparo café, me siento a su lado, enciendo un cigarrillo y la contemplo en silencio. Sin apurarle las ganas; sin cometer el sacrilegio de decirle por dónde ni cómo empezar a decirse. A decir. A ser.

La miro a los ojos, esos ojos, y dejo que los minutos y las horas pasen hasta que sea ella la que decida comenzar a contarse. A narrarse.

La energía de Clarice se transforma en fuego. En un eco que me acuna y me persigue. En oxígeno, en tierra, en aire. En un cielo lleno de pájaros que sobrevuelan su propio destino con las alas rotas, pero que no van a dejarse vencer.

"Se entrega y se ofrenda en cada palabra, en cada suspiro. En cada libro, en cada frase, en cada verso"

Y entonces me doy cuenta de que Clarice se cuenta sola. Se entrega y se ofrenda en cada palabra, en cada suspiro. En cada libro, en cada frase, en cada verso. En la poesía que, bajo el manto de su voz, envuelve cada rincón de su obra como solo ella lo sabe hacer. Lo puede hacer.

Este libro no pretende ser una biografía de Clarice Lispector, eso es algo que supe y sentí desde el principio. Y no porque su historia de vida no resulte interesante —hay muchos y muy buenos libros que hablan de eso—, sino porque, en este caso, el breve y humilde ensayo que me animo a escribir tiene otras intenciones. Otras pretensiones. Otras ¿atenciones? que son las que me impulsan y me animan a reescribir sobre ella. Sobre y debajo y dentro de ella.

A explorar sus superficies y sus profundidades sin tiempo ni registros. A invitarlos a conocerla a través del entramado que ella misma se encargó de tejer con sus propios hilos, cuando se vio obligada a atravesar los vacíos de su enmarañada urdimbre, con la única intención de volverse fuego y refugio. Abrigo y cobijo de su propio desamparo.

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Autora: Luciana Prodan. Título: Clarice Lispector: Pararse sobre los escombros. Editorial: Huso. Colección Palabras hilanderas. Venta: Todostuslibros y Amazon.

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