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Corrige que te corrige

A las buenas, querido lector.

El título de la entrada de hoy no deja muchas dudas acerca de lo que te voy a contar, ¿no? Y, pensarás: ¿de verdad esto merece un texto entero? Blas… ¿te estás quedando sin nada que contar?

No. No es así. Pero considero que este proceso es tan importante que no me basta con decirte: «Oye, corrige el texto después de todo lo que te he contado«. No. No basta porque necesito recalcarte lo crucial de esto. Pero dejémonos de historias y entremos en materia. Que para eso estás leyendo esto.

¡Qué fuerte! ¿No? Ya tienes una novela creada. Ha costado, vaya que si ha costado, pero ya tienes tu texto finiquitado. No importa el número de palabras que contenga, es tuyo, creado por esas manitas tuyas. Seguro que lo miras orgulloso y sólo piensas en el momento en el que el lector final pueda tenerlo en sus manos. Supongo que lo lógico sería pensar que ya lo tienes todo hecho. Y créeme, me encantaría decirte que sí. Valorar si lo que viene es tan o menos duro como lo anterior no me corresponde. Bueno, podría hacerlo pero siento que eso es una apreciación personal, no algo que sea sota, caballo y rey. Pero, para mí, ya te digo yo que es el proceso que más me cuesta. ¿Por qué? Porque nuestro texto necesita revisiones. Y no una, no.

"Agárrate los machos porque ahora toca leer, releer, volver a leer y volver a releer. Por muy perfecto que pienses que esté desde un primer momento te aseguro que no será así."

Partamos de la base de que ninguno de nosotros es un virtuoso con esto de las teclas. Y ya no hablo de la facilidad de palabra ni del uso de construcción de frases apabullantes y que hagan que los poros del lector se abran pidiendo oxígeno (jodo, no sé si eso se podrá o no, pero me ha quedado… ufff). Hablo de que sin querer metemos letras donde no corresponde, faltas ortográficas que en circunstancias normales no escribiríamos (o sí), repetición de palabras o, simplemente y frases sin sentido (aunque me podría extender más sobre los errores que podemos cometer, pero como ejemplos basta). Y es que cuando estamos escribiendo, la mayoría de los mortales sólo nos preocupamos de soltar lo que queremos decir. Muchas veces ni nos detenemos a leer si lo escrito tenía o no sentido. Y te hablo de la mayoría por casos que yo mismo he ido preguntando. Desconozco si la estadística es real, pero vamos, que en mi estudio ha sido así. Sé de otros casos que leen y releen lo escrito tras cada frase. Otros, cada página. Y esto no es mejor ni peor: si lo piensas, el tiempo que utilizas después en esa tarea lo estás haciendo en el momento, por lo que en realidad el tiempo invertido es el mismo. Como casos notables de personas que releen cada página escrita me viene el del célebre Javier Marías (no es la primera vez que lo pongo como ejemplo, pero es que Javier es un caso en sí mismo y me parece muy interesante), que relee cada página y es capaz de destrozarla y reescribirla entera las veces que haga falta hasta que le quede como él quería. Añadido a que lo hace en máquina de escribir, a la antigua usanza, no me imagino yo en esas. Pero Javier es Javier.

El caso es que nosotros ya tenemos el texto. Bien. Agárrate los machos porque ahora toca leer, releer, volver a leer y volver a releer. Por muy perfecto que pienses que esté desde un primer momento te aseguro que no será así, que en cada vuelta a empezar que le des volverás a sacar fallos que antes no viste. Habrá omisión/repetición de palabras y ciertos errores que nos salen de manera automática. Piensa que el texto ha de llegar de la manera mas óptima posible a su siguiente destinatario, del que hablaremos en los siguientes artículos. Para ello te espera una tarea que, al menos para mí, es tediosa, pero necesaria. A mí me costó entenderlo porque odio hacerlo. Creo que mi primera novela no la llegué a releer ni una sola vez. ¿Para qué? Yo era un escritor estupendo por el mero hecho de haber creado una novela de setenta mil palabras. ¿Que luego cuando lo entendí y empecé a releerla (pasaron tres años) me di cuenta de que tenía párrafos de diecisiete líneas sin una sola coma? ¿Que había usado el guion corto para las conversaciones? ¿Que no había ni un solo buen uso de la coma del vocativo (entonces ni sabía qué era)? ¿Que las conversaciones eran planas e irreales? Pues empecé a corregirlo en medida de lo posible. También era cierto que para hacer una buena corrección de tu propia novela tienes que tener unos conocimientos que, o los tienes desde un primer momento porque los has adquirido con una serie de estudios, o los vas añadiendo a ti con el tiempo y la experiencia. Mi caso fue el segundo, por lo que a pesar de darle un par de vueltas, no fue suficiente. Quizá ahí debería haber estado algo más atento al tema de la corrección y haber entendido que si no tenía las nociones necesarias debería haber pedido ayuda.

Cierto es que si tienes ya una editorial que te respalde, parte del proceso de edición de un texto lo hacen ellos. Aún así no es excusa para darles cualquier cosa. El texto debe ser lo más perfecto posible porque eso también denota tu profesionalidad para con ellos. Pero supongamos y partamos que, por el momento, no tenemos una editorial, ya que es tu primera novela. También que no tienes el nivel suficiente para encontrar todos tus errores (sean del tipo que sean). Nivel que seguro que adquirirás con la práctica y algo de formación complementaria. Vale, pues hay otros modos. Se me ocurren dos así a bote pronto. El primero es el más efectivo: contrata servicios de corrección y edición para tu texto. Hay gente muy buena y muy preparada que ofrece sus servicios, ya sea a modo de editorial independiente o como correctores autónomos. Los hay de todas las formas y todos los precios. Y es un trabajo, en la mayoría de casos, tan bien hecho que merece la pena hacer el esfuerzo y rascarse el bolsillo. Te evitará dolores de cabeza y tu texto quedará muy bien. Listo para el siguiente nivel.

"Recuerda que la novela la has escrito tú y la primera persona a la que debe gustarle es a ti mismo. Si no es así, olvida todo y empieza de nuevo, porque habrás fracasado."

¿Que no dispones del dinero para invertir en esto? No te preocupes, hay otro método que, aunque no es igual de efectivo, en muchos casos puede valernos para solucionar esto. Y, además, voy a matar dos pájaros de un tiro porque te voy a hablar de otra figura indispensable en el proceso de creación de una novela. Te hablo del lector beta.

¿Qué es un lector beta?

Es una persona a la que le pasas el texto, lo lee y lo valora. Así de simple. Pero ha de reunir un requisito indispensable: que aunque lo puedas conocer (si no, ¿a quién leches le das el texto si no lo conoces?) debe ser una persona lo suficientemente ajena a ti como para que te valore con sinceridad. Hay que dejar el afecto fuera. ¿Por qué? Porque nuestros seres más cercanos nos quieren tanto que todo lo que hagamos será estupendo para ellos. No nos ayudarán a avanzar. A ver esas cositas que nosotros no vemos. Dejo apartada un poco la labor verdadera del lector beta (ahora seguiré) para terminar de centrarme en lo que te hablaba. Puedes aprovechar que esas personas también verán fallos de escritura que tú has sido incapaz de ver. Aun teniendo conocimientos amplios sobre el lenguaje y su uso, hay veces que nuestros ojos son incapaces de ver algo por el mero hecho de que sabíamos qué queríamos decir y nuestro cerebro lo interpreta así. A mí me ha pasado cientos de veces. Habrá casos en los que, sin querer (o queriendo), nuestros betas sean tan buenos en el uso del lenguaje que nos quedará la novela, tras sus recomendaciones, tan bien como si nos lo hubiera hecho un corrector pagado. Pero la mayoría de veces nos sacarán, no tantos fallos como lo haría un profesional, pero sí más de los que nosotros mismos seríamos capaces de ver. Y eso ya es una ayuda tremenda.

En tus manos (y tu bolsillo) está el saber qué opción puede ser buena para ti.

Pero retomando la figura del beta, quería aprovechar para darte un consejo que para mí es fundamental. Dejando de lado lo que ya te he contado, que debe tener el equilibrio justo entre ajeno y cercano para que te cuente las cosas con la suficiente sinceridad, debes tener claro y encontrar el equilibrio contigo mismo a la hora de interpretar lo que dice. Tienes que tratar de saber lo que verdaderamente buscas en su figura una vez le pasas la novela. Puede ser saber si la historia le ha enganchado, si los personajes le parecen creíbles, si los diálogos son fluidos, si las descripciones correctas o pesadas… o todo a la vez. Pero sobre todo debes tener en cuenta el cómo debes tomarte su opinión. Recuerda que la novela la has escrito tú y la primera persona a la que debe gustarle es a ti mismo. Si no es así, olvida todo y empieza de nuevo, porque habrás fracasado. Siempre se ha dicho que las opiniones son como los culos y que cada uno tenemos uno diferente. Es complicado y sólo se consigue con la propia experiencia, pero tienes que hallar el equilibrio entre lo que te cuentan y el cómo actúas tú después. Debes quedarte con las cosas que te cuenten que de verdad te aporten algo. Por un lado no debes cerrarte en banda y pensar que eres el mejor y que no tiene razón cuando te suena que algo no funciona. Por otro, tampoco puedes cambiar todo porque una persona te ha dicho que no le gusta. Tú debes saber qué es lo que deberías hacer. Dejarte aconsejar, pero tampoco obsesionarte con esas opiniones. Ni tampoco con las que vendrán después, una vez publicada. Porque vendrá de todo, ya te lo voy advirtiendo.

"También es cierto que llegará un momento en el que me deberé plantar. Tendré que decir basta porque estoy seguro que si no, no acabaría nunca. No es bueno obsesionarse ni de un modo ni de otro."

Pero la figura del beta es fundamental. No lo supe hasta la tercera novela. Cuando lo hice por primera vez vi que mi mundo como escritor cambiaba. Tuve la suerte de rodearme de gente muy buena con la que sigo contando a día de hoy, por lo que me siento afortunado.

Si te sigues preguntando qué número de relecturas serían las necesarias para considerar que una novela está lista para el siguiente paso, no te sé decir un número concreto. Yo me he dado cuenta que según van pasando los años avanzo justo al lado contrario de lo que esperaba. Pensé que la experiencia me haría corregir menos, pero es al revés. En lo próximo que publicaré llevo nueve relecturas y no dejan de salir fallos. También es cierto que llegará un momento en el que me deberé plantar. Tendré que decir basta porque estoy seguro que si no, no acabaría nunca. No es bueno obsesionarse ni de un modo ni de otro.

Lo importante es que comprendas lo crucial de este proceso. Que, como te he dicho antes, a mí al menos me resulta tedioso, pesado, insoportable. Pero hay que hacerlo. Busca unos betas en condiciones que te ayuden para eso o contrata, si puedes, servicios de corrección para que te ayuden en este sentido. Pero no cometas el error que cometí yo, no pienses que una vez escrita ya está. Todavía queda mucho y nuestra meta es hacer llegar lo mejor al lector. No escatimes en esfuerzos para ello.

Y hasta aquí. Como siempre, si me quieres contar lo que sea, tienes mi correo: Blasruizgrau@hotmail.com. Si te quieres enterar de todas las novedades al instante, en mi Twitter: https://twitter.com/blasruizgrau me tienes las 24h/7d. Bueno, quizá algo menos, pero me tienes. Te recuerdo que pronto verá la luz mi próxima publicación editorial que llegará de la mano de Oberón (Grupo Anaya) y del que ya tenemos el diseño de las cubiertas y el título (que os revelaré en el propio Twitter). También te recuerdo que surgió de mi primer blog aquí, en Zenda: Se ha desmitificado un crimen. Lo vais a flipar. Sin más.

Nos vemos pronto. Dejaremos un paréntesis por la Navidad, pero me tendréis después aquí de nuevo con el siguiente paso. Chao.

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