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Cotidianeidades terribles en Radio Sarajevo

Cotidianeidades terribles en Radio Sarajevo

Últimamente la vida suena a esta entrada de los diarios de Kafka fechada el 2 de agosto de 1914: «Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar». Algo semejante puede leerse primeras líneas de Radio Sarajevo, publicado por Libros del Asteroide en junio de este año: «Cuando cayeron las primeras bombas, yo estaba tumbado bocabajo en la moqueta del dormitorio escuchando la radio».

En esta obra Tijan Sila (1981) cuenta el transcurrir de su infancia (con leves modificaciones) durante el cerco de Sarajevo (1992-1996) y con ello se suma a la estela de escritores que han narrado traumas históricos recientes desde los ojos del niño. En 2024 el premio Tusquets Editores se otorgaba a La casa limón, de Corina Oproae, que narraba los años que siguieron a la descomposición del régimen de Ceaușescu desde la perspectiva de una niña. Al año siguiente La voz de Hind Rajab (dirigida por Kaouther Ben Hania) obtenía galardones de señalado prestigio en el Festival de Venecia y el Festival de San Sebastián, además de nominaciones a los Oscar, los BAFTA y los Globos de Oro, entre otros. En los últimos años, el niño deja de ser el objeto del drama de la guerra para convertirse en su sujeto, en una voz narradora.

"La novela explora la corrosión de los vínculos humanos en tiempos de guerra desde la mirada del niño. Los héroes y referentes no son sino ladrones"

Tijan Sila cuenta los entresijos de la supervivencia en el seno de una familia universitaria asentada en el Sarajevo de los años 90. Atípicos en su formación y en su incapacidad para la violencia, los padres de Tijan intentarán sobrevivir a un vecindario cada vez más hostil y escapar del cerco. La candidez tiene es este escenario un alto precio. El estallido de la guerra supone una degradación imparable de la vida común en que la conquista de la cotidianeidad se acaba convirtiendo en un afán heroico. El autor nos asoma a los olores del horror: nitrocelulosa, champú, podredumbre. También a su lenguaje, pues incorpora abundantes expresiones coloquiales del crisol de culturas que se agolpan en los Balcanes. Sin embargo, las diferencias, los amores, las clases o los pasados rencores poco acaban importando cuando se trata de conseguir un saco de leña a menos veinte grados. El autor brinda una representación común, popular y corriente de la guerra. No es una narración heroica, sino real.

La novela explora la corrosión de los vínculos humanos en tiempos de guerra desde la mirada del niño. Los héroes y referentes no son sino ladrones. La familia, una institución organizada en términos funcionales, acaba atravesada por las rencillas y los conflictos constantes. La colaboración inicial entre vecinos se ve progresivamente empañada por la inquina. También la amistad, que acaba sometida al designio de la brutalidad más extrema. La creación del niño-monstruo es, sin duda, uno de los mayores intereses de esta obra.

En Radio Sarajevo la infancia es resistencia. Al comienzo, Sila sigue jugando con los amigos que todavía conserva, los que aún no han huido sin previo aviso (estos, por muchos años que pasen, no parecen quitarse la mácula del traidor). En pleno bombardeo, esquivando los nidos de francotiradores e intentando olvidar las imágenes de los primeros muertos, Tijan se afana en encontrar pilas para su radio. Sin embargo, la música internacional no tarda en dar paso a la música patriótica y a las noticias del frente. Los juegos infantiles son sustituidos por el trapicheo, la violencia y la muerte.

"Lejos de la espectacularidad, Radio Sarajevo recuerda a aquella fotografía de Gervasio Sánchez, Varios niños juegan entre coches y camionetas destrozadas, tomada en el año 93"

Junto a los niños, las mujeres figuran entre quienes sufren con mayor intensidad las consecuencias de la guerra. Las formas de violencia que se ejercen sobre ellas son constantes y toleradas, tanto en el marco del conflicto (dado el uso de la violencia sexual como arma de guerra), como en la retaguardia, ya que la violencia contra la mujer y la niña es un nutritivo negocio del que participan tanto los señores de la guerra como los soldados (incluyendo a los cascos azules). La violencia sobre las mujeres y los niños es una forma constante de desquite. Como refleja la obra: «Ser irascible y cobarde a la vez es una fatalidad», de modo que estos modos de ejercer daño son la manifestación de una cadena de sumisión. La madre de Tijan es, no obstante, la imagen de la fuerza de la mujer en tiempos de conflicto. Culminando su tesis doctoral en pleno cerco, consigue comida, se enfrenta a sus vecinos y toma resoluciones clave para la supervivencia de la familia. Una mujer que debió ser extraordinaria y que la novela refleja bajo la siguiente sentencia: «Ni el comunismo ni la cultura bosniaca-otomana habían dispuesto un lugar para una mujer que le decía a los hombres: “Cállate. Yo he estudiado y tú no. ¡Tú a mi no tienes nada que decime!”».

Lejos de la espectacularidad, Radio Sarajevo recuerda a aquella fotografía de Gervasio Sánchez, Varios niños juegan entre coches y camionetas destrozadas, tomada en el año 93. La fuerza de ambos retratos reside en esa convivencia entre lo atroz y lo cotidiano, en la persistencia de la vida allí donde todo parece dispuesto a aniquilarla. El retrato de las costumbres de la guerra tiene un alto coste para sus habitantes: sobrevivir exige aprender los códigos de la violencia, familiarizarse con la muerte, tomar decisiones idóneas y algo de suerte. Por ello, su alcance no se agota en el estallido de la violencia ni en la duración histórica del cerco. Esta obra recupera la faceta más común del conflicto, el relato de sus particulares cotidianeidades y, por tanto, persigue a sus personajes porque, como refleja su autor, la guerra nunca sale de uno.

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Autor: Tijan Sila. Título: Radio Sarajevo. Traducción: Javier García Albero. Editorial: Libros del Asteroide. Venta: Todos tus libros.

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